Observó a su bebé dormir junto a ella, y se permitió tocarle la cabecita, acariciar su lacio cabello rubio, escuchando como la pequeña emitía un suave quejido, y se acurrucaba contra ella.
Sus ojos se cubrieron de lágrimas y la abrazó a su pecho, sintiéndose tan mal consigo misma. ¿Qué había cambiado luego del parto? ¿Por qué no podía ser tan amorosa como Caelan era con la bebé? ¿Por qué tenía que fastidiarle tanto que llorara? ¿Por qué tenía que ser tan mala madre? ¡Era la peor de todas! ¡Una completa basura! Hasta había dejado de darle la teta prácticamente, ya que no tenía paciencia para que la niña se prendiera.
—L-Lo siento —susurró besando su cabecita, sollozando.
De una forma u otra, estaba siendo una pésima madre como la suya.
—Juré que iba a cuidarte, que iba a amarte como no lo hicieron conmigo, y estoy haciendo todo mal, empezando por rechazarte. No sé que pasa conmigo, Sol, pero... M-Mamá te ama aunque no pueda demostrarlo, eres mi bebita después de todo.
Tal vez Caelan tenía razón, tal vez si necesitaba ayuda profesional para adaptarse a su nueva etapa como mamá. No quería despreciar a la niña, pero algo que no podía controlar.
Aunque ese sentimiento de arrepentimiento y culpa era nuevo, quizás hasta un avance para poder aceptar a su hijita de ya casi un mes de nacida.
Le besó suavemente las mejillas, hasta que la niña se despertó, sollozando, haciéndola sonreír.
—Lo siento, bebé —le habló en un tono suave, acomodándola para darle la teta, quien rápidamente la aceptó, abrazándose a su pecho.
Melissa le acarició suavemente el cabello, la oreja, observando como su hija volvía a dormirse. Su pequeña era hermosa, perfecta, mucho más de lo que había podido imaginar.
***
—Mm ¿Qué tal esta marca? —le inquirió Caelan.
Habían ido al supermercado a hacer unas compras, especialmente pañales y cosas para la niña, y el castaño iba llevando el carrito de compras, mientras Melissa cargaba a la bebé contra su pecho.
—No lo sé, prefiero llevar las de siempre, quizás podrían causarle alergia.
—Tienes razón —pronunció tomando varios paquetes, continuando caminando por el pasillo hasta los pañales—. Anoche... Me llamó Mar.
—¿Ah sí? ¿Y qué quiere? —preguntó besando la frente de Sol.
—Hace dos meses no voy a visitar a Charlotte, y la niña me extraña. Sabes que para ella yo soy como su figura paterna, después de todo, Shayne y yo éramos casi iguales, y ella sólo lo conoció por fotos.
—Ajá ¿Y qué con eso? Ve al grano, Caelan —le dijo con el ceño fruncido.
—Veré si puedo ir a visitarla el próximo fin de semana, pensé que quizás Cecilia podría ayudarte con el cuidado de Sol, o incluso-
—No, no hace falta que ella venga, yo puedo sola con la niña.
—¿Segura? —le inquirió inseguro, mirándola.
—Sí.
—De acuerdo —murmuró no muy convencido, continuando caminando ambos—. Igual no serán más de dos días.
—Puedes quedarte el tiempo que te haga falta, Caelan.
—Melissa —suspiró—. Entiende que esto lo hago por Lottie, no tengo otras intenciones.
—Y yo no estoy dudando de ello, simplemente te estoy diciendo que puedes quedarte el tiempo que creas necesario.
***
