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—Así que... Eres padre, felicidades.

Ambos estaban sentados en la galería de la casa, mientras los niños dormían, después de todo, era de madrugada ya.

—Gracias —murmuró Caelan mirando hacia abajo—. Debería ser mi segundo hijo, pero ambos-

—Caelan, ya —le dijo Mar mirándolo con el ceño fruncido, negando con la cabeza—. No tiene sentido hablar de lo que ocurrió aquella vez, que fue un error.

—No lo fue.

—Sí, sí lo fue, porque ambos sabemos que aquello jamás hubiese ocurrido estando conscientes y racionales, fue sólo producto del celo. Además, me dijiste que estás intentando solucionar tu relación con la madre de tu hija, no deberías siquiera pensar en "nosotros".

Al parecer, Mar jamás entendería del lazo de unión que existía entre ambos, o tal vez, más allá de que él fuera gemelo de Shayne, la luna de ella sólo había sido su hermano.

—Tal vez en algún momento los niños y Sol podrían conocerse, si tú quieres.

—Son primos después de todo ¿Por qué me opondría?

***


—¿El qué? —preguntó con una sonrisa divertida, antes de reír bajo.

—El bombón rojo del bosque, así lo conocen.

—Que apodo más estúpido —rio una castaña, escuchando la forma ridícula con la que llamaban a cierto muchacho.

—¡Eso por qué no lo has visto! Mide un metro ochenta y tanto, tiene el cabello pelirrojo como una fogata, ojos verdes como el bosque, está bien marcado, y ni hablar de lo dotado del tipo.

—¡Ay Mirella! ¡Ni quiero saber cómo supiste eso!

—Nuestras tierras están cerca de las suyas en el norte, y bueno... Nada, un día lo ví tomando un baño.

—¡Qué cerda eres!

—¡Pero no fue intencional!

—Ajá, claro. ¿Y en dónde supuestamente está el bombón rojo del bosque?

—Si no fuera porque estoy embarazada, y ya habían arreglado mi unión con otro macho, lo hubiese escogido. Pero... Mis padres no lo hubieran aceptado tampoco.

—¿Por qué? ¿No que es todo un partidazo?

—Es un beta.

—¿Tanto por una beta? Duh, ya ni me interesa.

—Creeme, Muna, no es nada de lo que crees, él no se parece a un beta realmente.

—A ver, quiero comprobarlo con mis propios ojos.

—Pero yo no puedo llevarte hasta allí, no sería bien visto.

—Entonces dime en dónde puedo encontrarlo, e iré yo misma a verlo.

—Son las tierras de Coldriver.

***

Observó a su bebé en sus brazos, quién ya había terminado de alimentarse, y al parecer no quería dormir, estaba muy despierta, mirándola también.

—No tienes sueño ¿Amorcito mío? —sonrió acariciando una de sus mejillas gorditas—. Eres lo más perfecto, puro y hermoso que tengo en la vida, Sol. Sé... Que mamá se ha equivocado mucho contigo —le contó en un tono bajo, afligida—. Y estoy tan avergonzada, hija. Yo te amo mucho, demasiado, mí pequeña.

La acercó a ella, y le dio suaves y cortos besos por su rostro, haciéndola cerrar sus ojos, escuchando sus quejidos de bebé, sintiendo su rápida respiración.

MelissaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora