34

705 117 15
                                        

—Ella puede seguir durmiendo sola un rato —le dijo entre besos, sin querer separarse de Melissa, quién cargaba a su hija contra su pecho.

—N-No, no, e-espera —le pidió débilmente, tomando distancia de él—. Espera, Caelan.

—¿Qué ocurre? —le preguntó confundido.

Melissa negó con la cabeza y se alejó un poco más de él, sin querer mirarlo.

—No está bien.

—¿Por qué? Ambos queremos esto ¿O me dirás que no?

—E-Estamos yendo muy rápido, y no quiero hacerlo así.

La observó confundido, antes de sonreír con cierta diversión y tomarla del rostro con ambas manos, para que lo mirara, ya que se estaba negando a hacerlo.

—Mel, tenemos una bebé hermosa, ¿Qué quieres decir con ir muy rápido luego de eso?

—¿Debo recordarte lo que hiciste en nuestra "luna de miel"? O mejor dicho ¿Con quien la pasaste? —le inquirió con la mirada apagada.

—Te... Te he pedido perdón muchas veces, y sé que jamás serán suficientes, porque te herí mucho, porque tú no te merecías pasar algo así, no cuando eras tan dulce y atenta conmigo. Soy un maldito hijo de puta, y no supe cuidarte —le dijo con pesar—. Sé que no merezco tú perdón, pero sólo te pido una oportunidad para intentar remediar el dolor que te causé. Y sé que este viaje es para eso, para demostrarte que ella ya no significa nada en mi vida. Es más, si quieres, podemos ir ahora mismo a su casa.

—¿Q-Qué?

Le robó un suave beso, seguido por uno más corto y las abrazó a ambas, ya que Sol seguía durmiendo en los brazos de su madre.

—Quiero de algún modo aliviar un poco tus inseguridades, vamos ahora mismo a casa de Mar. Déjame demostrarte que ella es parte de mi pasado, y que sólo tú me importas.

***

Y ahora ya no sé sentía tan segura de hacer aquello.

Caelan había insistido en ir a la casa de Mar, para que ella se quitara las dudas de una vez por todas. Tal vez tendría que haberle creído después de ver qué él era sincero y se mostrara desinteresado.

Pero que más daba, ya estaban por llegar.

El castaño giró su rostro por un momento, y las observó a las dos. Sol ya estaba despierta, curiosa jugando con un sonajero de oso, y Melissa le iba hablando, sonriendo. Desde que la depresión post parto había pasado, Melissa era otra persona.

En realidad, había vuelto a ser la misma jovencita que él había conocido hacía un año atrás, antes de casarse.

Que imbécil había sido en traicionarla y herirla. Aquella sería una cicatriz constante en su relación si es que ella lograba perdonarlo.

Y luego de estar conduciendo por casi media hora, el auto lentamente se detuvo. La rubia se giró hacia la izquierda, y observó la casa que debía ser de Mar, sintiendo que su corazón comenzaba a latir con fuerza.

Ya no quería bajarse, ya no quería hacerlo, ya no quería estar allí.

—Bueno, aquí estamos —le dijo Caelan.

—Yo... No sé si quiera bajar ahora.

La miró y le sonrió, antes de bajar del auto e ir hasta la puerta de ella, para abrirla y tomar a la bebé en brazos.

—Mi bebita preciosa —sonrió tomándola.

Melissa respiró profundo y se bajó también, y antes de dar un paso, Caelan la tomó de la mano, entrelazando sus dedos.

—Todo estará bien —le aseguró en un tono bajo, sintiendo el nerviosismo de ella.

Caminaron hasta la puerta, y sólo basto que tocara una vez, para que una joven castaña de ojos avellanas, abriera la puerta. Debía medir unos diez centímetros más que ella, y al parecer, tenía un par de años más.

—Hola Mar —saludó Caelan—. Gracias por aceptar nuestra visita, ella es Melissa y nuestra bebé Sol.

—Hola, pasen —pronunció la castaña—. Mis hijos no están en este momento, preferí hablar a solas.

—Sí, creo que es lo mejor.

Fueron hasta el living, y los tres tomaron asiento.

—Entonces ¿De qué querían hablar? —Les inquirió Mar.

—Melissa está al tanto de lo que ocurrió entre nosotros —Le explicó Caelan—. Y... Ella y yo estábamos casados cuando yo viaje hasta aquí, luego de la pérdida del bebé.

—No puede ser —murmuró con pesar Mar, avergonzada, antes de mirar a Melissa—. Lamento mucho que nos tengamos que conocer de este modo, cuando ocurrió aquello, yo no sabía que él tenía pareja, y hacía muy poco tiempo, nosotros habíamos pasado el celo juntos.

—Sí, eso ya me explicó Caelan, pero yo necesito saber si aún hay sentimientos por parte de ambos, y la unión-

—No —la interrumpió Mar, luciendo seria—. No existe unión entre nosotros, ni siquiera una marca ya —le dijo enseñándole su hombro—. Nosotros nunca fuimos cercanos antes del celo, no teníamos una buena relación tampoco. Si... Pasó aquello, fue sólo producto del celo, nada más.

—¿Entonces tú no lo quieres?

—No, mi único amor fue mi marido, Shayne... Y aunque él se veía físicamente igual a Caelan, no son la misma persona, y eso siempre lo tuve en claro. A excepción del celo, en ese momento mi mente estaba muy confusa —pronunció bajo—. Y es algo de lo que prefiero olvidar.

—Está bien.

Mar observó a la bebé, quién estaba chupando su sonajero y sonrió suavemente.

—¿Cuánto tiempo tiene?

—Tres meses.

—Tienes una bebita hermosa, me recuerda mucho a mí niña cuando tenía su edad.

Caelan respiró profundo, observándolas a ambas hablar sobre sus hijos. Sabía que su relación con Mar jamás sería normal, no luego de lo que había ocurrido, pero ver qué ella y Melissa podían hablar, y que sus hijos tendrían contacto, de algún modo era algo tranquilizador.

Esto no solucionaba sus errores del pasado, pero mejoraba el futuro para ambos. Él había crecido en una familia numerosa, y quería que su hija tuviera relación con el resto de sus familiares. Tenía primos y tíos que no conocía, pero que esperaba que la pudieran aceptar al igual que los hijos de Mar.

Si había vuelto a tener contacto Samir había sido únicamente por Mar, esperaba poder conocer a sus sobrinos esta vez, e intentar de algún modo dejar sus diferencias en el pasado.

Él ya no era el mismo de antes, y esperaba Samir pudiera verlo también.

...

MelissaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora