Se giró en la cama y abrió los ojos, suspirando al ver que aún era temprano, seguramente de madrugada. Le dio un beso en la frente a Sol, quién estaba durmiendo contra su pecho, y cuando se dispuso a seguir durmiendo, escuchó unos ruidos en la sala.
Con cuidado quitó a la niña de su brazo, y la dejó en medio de la cama, rodeada de almohadas por si llegaba a moverse, antes de salir de la habitación.
—Caelan ¿Qué haces despierto? Aún falta para irnos y ya está todo empacado.
—Sí, lo sé, sólo que... Lo estuve pensando, y me gustaría quedarme aquí.
—¿Qué? —le inquirió perdiendo el sueño rápidamente.
—Me siento muy solo, Melissa, me siento tan vacío —pronunció abrumado—. Mi familia eran mis hermanos, y desde que ellos murieron, existe un vacío en mi pecho que parece que nada puede llenarlo.
—¿De qué estás hablando? ¿Y tu hija que? ¿O es que tus motivos para quedarte aquí son otros? Ahora que la volviste a ver ¿Regresarás con ella?
—No, no es por Mar, ya te dije que yo no siento nada por ella, y tú no quieres creerlo. Y obvio que amo a mi hija, pero el vacío que siento es por motivos diferentes... No tengo una familia ¿Puedes entender eso? Todos mis hermanos tienen mujer e hijos, y yo no lo tengo, estoy solo —pronunció en un tono quebrado—. Y no entiendo porqué soy el único que no puede tenerla, porque todos hemos sido unos malditos hijos de putas, pero solo yo me quedé sin nada.
—¿Y tú te piensas que yo tengo una familia además de mi hija? ¡Te recuerdo que mis padres me vendieron! ¡Ni siquiera sé donde está mi hermana! —le gritó con lágrimas en los ojos.
—Perdón por arruinarlo —murmuró cediendo a las lágrimas—. Si no lo hubiera hecho, hoy seríamos una familia feliz, y... Ninguno de los dos estaría tan roto.
—No hay m-más nada por hacer.
—Lo sé, y ya lo entendí, es por eso qué me quiero quedar aquí. No puedo vivir cerca tuyo mientras me rechazas, Melissa, porque en verdad tengo sentimientos por tí y me duele.
La rubia lo miró confundida, sin poder creerlo.
—Amo a mí hija, es todo lo que tengo en la vida, pero en este momento no me siento bien para continuar. Y no, no estoy renunciando a ella, simplemente necesito un tiempo, entiéndeme también —le pidió casi en un tono suplicante—. Siento... Siento que me estoy asfixiando, ya no puedo más —pronunció sentándose en el sillón, mirando hacia abajo, llorando—. Me merezco todo lo que me ha pasado, y me está pasando, pero ya no puedo.
—¿Tanto te duele que ella ya no te quiera?
—¡Melissa, por Dios! ¡¿Qué más debo hacer para que entiendas que ella ya no me importa?! ¡Hicimos este viaje por ese mismo motivo! ¡Yo ya no la quiero, no siento más nada por Mar! —gruñó con rabia—. La única mujer que quiero ¡Eres tú y no te importa!
—P-Pero ella es tu-
—¡Y yo no lo soy! ¿No lo entiendes? ¡No lo soy! ¡Y aunque ella fuera mi luna, yo te estoy eligiendo a ti!
—C-Caelan.
—Ya viví con ella, pasé el celo, y nada funcionó, porque no existe una conexión, no hay unión, fue algo unilateral, el amor de ella siempre será mi hermano, y a pesar de como la cagué contigo, te estoy eligiendo. ¿Eso cambia algo? No, no lo hace, no cambia ni remedia nada, pero es una elección real y consciente. Y no, tampoco me estoy obligando a quererte, esto... Esto que siento por ti ha nacido en estos meses viviendo juntos.
—Y te creo, pero ya no puedo confiar en tí —sollozó con tristeza—. No te e-estoy invalidando, es sólo... Que si ella cambia de opinión, tú te volverás y a mí me dejarás sin mirar atrás nuevamente.
—No.
—Sí, sí lo harás.
—No, Melissa, pero no importa lo que haga o diga, tú no entiendes, o no quieres hacerlo —pronunció resignado, secándose las lágrimas del rostro, respirando profundo—... Intentá dormir, tienes unas dos horas más antes de tener que irnos.
—¿Vendrás entonces?
—Por supuesto que sí, las acompañaré hasta casa, tu casa —se corrigió negando con la cabeza, pasándose una mano por rostro, sintiendo que ya tenía cefaleas—. Y luego me iré a hablar con Cecilia para poder solucionar unas cosas, antes de regresar aquí.
Melissa lo observó, sintiendo como su pecho se estrujaba... Sabía muy bien que si volvía a vivir solo en el bosque, terminaría regresando con Mar.
***
Eran casi doce horas de viaje que tenían hasta su hogar, por lo que tendrían que armarse de paciencia. Caelan estaba llevando a la niña, quién estaba jugando con el dije de su collar, un corazón de plata.
Melissa los miró a ambos, y giró un poco la cabeza, para poder leer lo que decía en la parte trasera del corazón.
Estaba la fecha de nacimiento de Sol, y luego había otra fecha, que la dejó extrañada. Aún faltaban tres semanas para que llegara ese día ¿Por qué él lo tenía grabado?
—¿Qué ocurre? ¿Que viste? —le preguntó confundido, al ver la expresión de ella.
—¿Qué son las fechas que tiene el dije del corazón?
El castaño frunció el ceño y tomó el dije, mirando los números... Recordándolo.
—La primera es del nacimiento de Sol.
—Sí ¿Y la segunda?
—No tiene sentido.
—No, obviamente no tiene sentido porque faltan como tres semanas para esa fecha. A menos que el año sea el que está mal.
—No, el año está bien.
—¿Entonces?
Caelan respiró profundo y observó a su hija, quién también lo estaba mirando con sus grandes ojitos azules, tan tiernos e inocentes, dedicándole una hermosa sonrisa. Él también le sonrió y le dio un suave beso en la frente, susurrándole un te amo.
—Iba a proponerte ser mi esposa nuevamente —le dijo en un tono bajo, sin mirarla—. Creí que tú lo aceptarías luego de ver qué entre Mar y yo ya no existía nada. E incluso ya tenía la fecha en el registro civil para casarnos, que es esa que está aquí atrás.
—¿Q-Qué? —pronunció sintiendo un nudo en la garganta.
—Cecilia me había ayudado con la reserva de un salón, esta vez quería que mi familia asistiera. Sé que mi padre no iba a hacerlo, pero mis otros hermanos sí. La primera vez fue una completa mierda, pero esta vez quería presentarte ante todos como mi mujer, creí que eso también ayudaría a hacerte sentir más segura de mis sentimientos por tí... Es por eso que luego de dejarlas en tu casa, iré a visitarla, para cancelar todo, intenté comunicarme por llamada, pero no atiende, tampoco responde mis mensajes, de seguro está ocupada.
Los ojos de la rubia se cristalizaron y se puso de pie, dirigiéndose hacia el baño.
—Te voy a extrañar demasiado, hijita —le habló a la niña con tristeza—. Espero algún día puedas perdonarme tú también, Solcito.
...
