35.

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Dean, Sam y Castiel observaban el cuerpo de Iris, tendido sobre la cama de su habitación del búnker. Aquello no tenía buena pinta.
Habían vuelto hacía unas horas de su encuentro con Alouqua, e Iris no había despertado aún.
Su cuerpo estaba empapado en sudor frío, y parecía tener fiebre. La mordedura del perro del infierno había desaparecido, sin embargo, la cuchillada provocada por el cuchillo no. La zona estaba muy caliente y roja, además de hinchada. Aunque comenzaba a curarse, lo hacía muy lentamente para tratarse de Iris.
Dean miró a su hermano con preocupación, ya no podían ignorarlo más. Tenían un problema. Un ser humano no reaccionaría así ante aquel cuchillo.
El ángel cada vez tenía más claro que sus peores temores se estaban cumpliendo. La oscuridad que la morena siempre había tenido en su interior había dejado de permanecer en estado latente. Se había despertado, y cada vez se iba expandiendo más y más.
- Se está convirtiendo. - pensó Castiel en voz alta, al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.
- ¿A qué te refieres? - preguntó Dean, que esperaba que la respuesta del ángel no fuera la que estaba pensando.
- Se está convirtiendo en un demonio. - confirmó su amigo, serio, con mirada triste.
- Pero... eso es imposible. - dijo Sam, tratando de animar a su hermano, que parecía totalmente derrotado. - una persona no puede convertirse de repente en demonio, tiene que...
- Morir. - finalizó Dean la frase por él, sin apartar la mirada de la chica. - Tiene que morir. Y ella lo hizo, Sammy.
- Pero volvió siendo humana. Cas, tú lo dijiste.
- Lo sé. - dijo el ángel - pero parece que está teniendo una pelea interna, desde hace tiempo. Es como si estuviera luchando contra su naturaleza. Eso es lo que la mantiene humana. En el momento en el que se rinda y deje de luchar...
- Pero no va a parar ¿no? - preguntó Dean, quién necesitaba algo de esperanza en aquellos momentos. Castiel apartó la mirada.
- Dean... - empezó Sam, que no sabía cómo decir aquello. - Cada vez es más evidente que se está rindiendo.
- No. - dijo Dean, desesperado. - No, no va a convertirse en demonio. Ella les odia. No... No voy a permitirlo.
Sam y Castiel miraron al de ojos verdes, deseando que aquello fuera cierto. No querían perder a su amiga.

Iris contempló la habitación en la que se encontraba, era un lujoso comedor bastante grande, decorado con mobiliario victoriano de colores oscuros y rojo sangre. Las paredes estaban decoradas con múltiples cuadros de temas bíblicos, y en el centro había una mesa muy larga.
En uno de los extremos de aquella mesa, estaba su padre, mirándola fijamente, mientras disfrutaba de una suculenta cena, compuesta por carne, que no tenía mucha pinta de ser animal.
- ¿No crees que has sufrido suficiente? - preguntó Samyaza, mientras daba un trago a su copa de vino.
La chica le miró asqueada, sabía que aquello no era vino. No, aquel olor ferroso la indicaba que aquello era sangre. Y conociendo a su padre, seguramente fuese humana.
- Oh, venga, no seguirás enfadada conmigo por lo que te hice ¿verdad?
- Me mataste. - dijo la chica, con desprecio.
- Era la única forma de enseñarte mi mundo.
- Yo no te lo pedí.
Samyaza puso los ojos en blanco.
- Es tu naturaleza, no puedes luchar contra ella. Mi sangre corre por tus venas.
- Sí que puedo. - contestó la chica, tozuda.
Samyaza suspiró, mientras se apoyaba en su mano con una sonrisa en la cara. La recordaba demasiado a él.
- Estoy intentando ayudarte. Eres una Grigori, tus relaciones con los humanos van a acabar mal. Es parte de la maldición. Esta es la única forma que conozco de ayudarte.
- ¿Cuál? ¿El matarme? Sí, eres el padre del año, muchas gracias.
- Sé que has perdido seres queridos, y que estás sufriendo. Te estoy ofreciendo una solución. Pero debes dejar de luchar.
- ¿Y entonces qué? ¿Seré un demonio? No, muchas gracias.
- Estoy tratando de ahorrarte sufrimiento, Iris. Puedes dejar de sentir ese dolor, sólo tienes que dejar de...
- He dicho que no. No pienso convertirme en una de esas criaturas.
Samyaza suspiró, él sólo trataba de ayudarla, al fin y al cabo era su hija. No le hacía gracia verla sufrir. Pero no iba a obligarla a nada. Sabía que tarde o temprano, la joven se rendiría.

Iris se despertó en mitad de la noche, empapada de sudor. No estaba segura de cuanto tiempo llevaba dormida, lo que sí sabía, era que aquello no había sido un sueño. Había sido real.
Miró a su alrededor, estaba en su habitación del búnker, Dean dormía en la silla. Debía de estar verdaderamente incómodo.
No estaba segura de cómo había llegado al búnker, supuso que los dos hermanos se habían encargado de ello. Recordaba haberse mareado y...
Entonces la verdad la golpeó con fuerza, Ellen y Jo habían muerto. Habían muerto por su culpa.
Los ojos se la llenaron de lágrimas, a la vez que sentía un profundo dolor en su interior. La respiración comenzó a fallarla, dando paso al inicio de un ataque de ansiedad. Necesitaba salir de ahí.

Dean se despertó minutos después, el cuello le dolía bastante debido a la incómoda silla.
No tardó demasiado en darse cuenta de que Iris no estaba. El chico preocupado, salió en su busca, enfadado consigo mismo por haberse quedado dormido.
Caminó por el pasillo, y se detuvo ante la puerta del baño. Podía oir la ducha encendida.
- ¿Iris? - preguntó preocupado. Al no haber respuesta probó a abrir la puerta, estaba abierta.
Se encontró a la de ojos grises sentada en el suelo de la ducha, ni siquiera se había quitado la ropa.
- ¿Iris? - No recibió respuesta, la chica tenía la mirada perdida, llena de lágrimas, camufladas por el agua. Dean abrió la mampara de la ducha. - Joder, el agua está helada.
Iris sólo le dirigió una mirada de lo más triste. Dean suspiró, se imaginaba cómo se sentía. Sin decir nada, encendió el agua caliente y se sentó en el suelo, junto a ella. Pasando un brazo por los hombros de la chica. Ésta, enseguida se arrimó más a él, buscando entrar en calor, sin poder evitar dejar de llorar.
Iris apoyó su cabeza en el hombro del de ojos verdes, mientras recordaba lo que su padre había dicho.
Estaba claro lo que tenía que hacer si no quería perder a más seres queridos: alejarse. Alejarse de todos ellos.
Pero no quería, especialmente no quería alejarse de Dean. A su lado era realmente feliz, pero no estaba dispuesta a hacer daño a nadie más. Tenía claro lo que iba a hacer.
Se juntó al chico aún más, probablemente aquellos fueran sus últimos momentos juntos.
No podía evitar llorar, primero Jo y Ellen y ahora esto. La chica no podía más.
Dean jugaba con los mechones de pelo de ésta, mientras el agua caliente caía sobre ellos. Se quedarón ahí, en silencio durante mucho tiempo.
Poco a poco la chica fue relajándose, la ansiedad fue desapareciendo y empezó a pensar con más claridad. Dean tenía un don para conseguir tranquilizarla siempre.

Sé que es corto, el próximo prometo hacerle más largo, pero al menos se aclaran muchas cosas de la historia.
Espero que os guste, y ya sabéis, votad y comentad, siempre me resulta muy útil saber qué opináis.
Gracias por leer♡♡♡

Supernatural (Dean Winchester)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora