45.

1.2K 49 5
                                        


Castiel y Sam observaban con atención a Ertael, quien señalaba una página llena de símbolos y dibujos de un extraño, enorme y antiguo libro que el propio ángel caído había encontrado de casualidad en las profundidades de la biblioteca del búnker.

Los tres estaban demasiado concentrados descifrando el contenido de aquella página como para percatarse de que Iris y Dean habían vuelto a entrar en el búnker, cogidos de la mano.

-  ¿Qué hacéis? - preguntó Dean, llamando finalmente la atención del resto.

- Ertael ha encontrado algo que podría ayudarnos a acabar con Samyaza. - contestó Sam, mirando a su hermano. No pudo evitar sonreír a ver a la pareja cogida de la mano.

- ¿De qué se trata? - preguntó de nuevo Dean.

- Es un hechizo, antiguo y muy poderoso. - aclaró Ertael finalmente.-Digamos que es una especie de bomba mágica. Lo suficientemente potente como para acabar con Samyaza y todo su ejército.

- Pero - añadió Castiel, al ver que Dean se hacía ilusiones. - Es magia arcana.

- ¿Magia arcana? - Dean se cruzó de brazos, alzando una ceja.

- Es magia antigua y poderosa. Desencadena una gran cantidad de energía pero que requiere un sacrificio. - explicó Ertael. - El mismo individuo que realice el hechizo tendrá que morir. Es un tipo de magia que se nutre de la energía vital propia, por eso es tan poderosa. Si conseguimos que Samyaza y su ejército estén reunidos en un mismo lugar y se realiza el hechizo, morirán. Sin embargo...

- Aquel que realice el hechizo morirá también. - concluyó Iris mientras se sentaba en una de las sillas que había junto a la mesa donde estaban reunidos. Se encontraba muy cansada, no tenía más fuerzas para continuar de pie, y el dolor provocado por la herida no hacía más que empeorar las cosas. Todos la observaron en silencio, siendo conscientes que no tenía mucho más tiempo. Iris se percató de aquello. - Bueno ya está bien. Paso de que me miréis de ese modo me niego a tener que soportar esas miradas. Deberíais alegraros, por fin podemos acabar con Samyaza. Tenemos todo lo que necesitamos.

- No. Por ahí si que no paso. - protestó Dean. - Tú no. No vas a hacer el hechizo. ¡No vas a morir!

- Me estoy muriendo igualmente. - contestó Iris, levantando la voz. No soportaba cuando la decían qué hacer. - Yo soy quien debe hacerlo.

Dean miró desesperado al resto.

- Pero podemos curarla ¿no? - Ertael y Castiel no contestaron. - Joder ¡Esto no puede acabar así! ¡Tiene que haber algún modo! ¡El ritual de sangre o algo así!

- Dean... - Ertael no sabía muy bien qué decir.

- ¡Tiene que haber algo en este dichoso búnker!

El ángel caído no se limitó a depositar sobre la mesa la daga dorada con la que Iris había sido herida. 

- Esto no es un simple cuchillo normal, como os podréis imaginar. Es una de las armas celestes más poderosas que hay. Antes de caer, Samyaza y los suyos eran el ejército personal de Dios, y esta era una de las armas predilectas para castigar a aquellos que desataran la cólera de Dios. Basta con un simple corte para condenar a quien lo reciba a una muerte lenta y dolorosa.

- Como un veneno... - comentó Iris, pensando en voz alta. Ertael asintió. - Pues me niego a morirme sin llevarme a ese cabronazo por delante.

- No...- protestó Sam.

- Ya le habéis oído, no hay vuelta atrás. Y tampoco queda tiempo, cuanto más esperemos él se hará más fuerte, y yo más débil. Me niego a quedarme quieta y morir en una cama. Cuando acepté esta vida, lo hice sabiendo que tarde o temprano acabaría conmigo. Todos lo hicimos. Y ya no es matar o no a Samyaza, es que si no lo hacemos, se va a cargar a toda la especie humana. - Todos se quedaron en silencio. No era fácil aceptarlo.- Podéis ayudarme o no, pero voy a hacerlo y lo sabéis.

Supernatural (Dean Winchester)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora