El silencio reinaba en los pasillos oscuros de Hogwarts mientras Severus Snape avanzaba con pasos silenciosos hacia el despacho de Alastor "Ojo Loco" Moody. La mirada fija y los labios apretados del profesor de Pociones revelaban una mezcla peligrosa de irritación. Algo lo había inquietado profundamente desde que Sienna no asistió a clases y después los comentarios en los pasillos de Potter y sus amigos, y ahora, la sospecha lo conducía directamente a Moody.
Ruidos extraños llegaban desde el interior del despacho cuando Snape se detuvo frente a la puerta cerrada. Afilando sus sentidos, se inclinó ligeramente hacia adelante para escuchar con mayor claridad. Murmullos bajos y el roce de algo metálico llamaron su atención, pero antes de poder concentrarse más, un inconfundible carraspeo a sus espaldas lo sobresaltó.
-¿Algo que desees compartir conmigo, Severus? -inquirió Albus Dumbledore, con su tono habitual de curiosidad velada.
Severus se enderezó de inmediato, girando para encontrar los ojos brillantes del director observándolo con la calma característica de quien ya conoce las respuestas.
-Nada que le concierna, Albus -respondió Severus con su habitual tono frío, ajustándose los pliegues de su túnica-. Solo un asunto que debo discutir con Moody.
Dumbledore lo miró con una sonrisa apenas perceptible antes de asentir.
-Perfecto, porque yo también necesitaba hablar con él. ¿Entramos juntos?
No teniendo excusa plausible, Severus cedió. Dumbledore llamó suavemente a la puerta, que se abrió con un chasquido seco. Dentro, Moody estaba inclinado sobre una caja con objetos mágicos de aspecto extraño, pero rápidamente enderezó su postura al ver a los visitantes.
-Albus, Snape -gruñó Moody, cerrando la caja de golpe con una mano metálica-. ¿Qué los trae por aquí?
Dumbledore, siempre directo pero amable, explicó su breve visita.
-Necesitaré tu ayuda para el Torneo de los Tres Magos, Alastor. Hablaré contigo más tarde en detalle. Por ahora, no hay que apresurarnos.
Moody asintió, y Dumbledore, con un gesto ligero hacia Severus, se retiró del despacho.
Ahora solos, la tensión en la habitación creció de inmediato. Snape cerró la puerta tras él, cruzando los brazos mientras sus ojos se estrechaban en una expresión peligrosa.
-Deja de jugar, Moody -espetó Severus, su voz apenas contenida-. Sé lo que has estado haciendo.
Moody arqueó una ceja, una sonrisa burlona deformando su rostro marcado.
-¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que "sabes", Snape? -preguntó con un tono claramente provocador.
-No vuelvas a molestar a la señorita Sienna -gruñó Severus, avanzando un paso hacia él. Su tono no admitía discusiones.
Moody soltó una carcajada áspera.
-¿Grindelwald? ¿De qué hablas? La chica no me interesa en lo más mínimo. Pero tú... tú pareces bastante interesado, ¿no es así, Severus?
El rostro de Snape se oscureció, pero no dijo nada.
-No puedo culparte, claro. Es bastante... peculiar. Aunque jamás pensé que el frío y siempre racional profesor Snape tendría debilidades -continuó Moody, disfrutando de cada palabra como un cuchillo girando en la herida.
-No es tu asunto -respondió Severus, su voz un filo de hielo.
-Oh, pero lo es -replicó Moody, inclinándose hacia él-. Porque en cuanto ella esté en peligro, me encargaré de protegerla. Alguien tiene que hacerlo, ¿no? No me importa si tus sentimientos por ella son genuinos o no. Pero vamos, Snape, dímelo. ¿Realmente te importa esa chica?
Ese fue el punto de quiebre. Snape avanzó con furia, sus palabras saliendo en un susurro intenso que apenas lograba contener.
-¡Sí! -exclamó finalmente, sus ojos ardiendo con una mezcla de rabia y frustración-. Sí, me importa. Más de lo que debería.
Moody se quedó sin palabras por un instante, sorprendido por la confesión. Pero no duró mucho.
-Vaya, vaya... nunca pensé que vería esto. Severus Snape, ¿enamorado?
La burla fue la gota que colmó el vaso. Antes de que Moody pudiera reaccionar, Severus alzó su varita, y con un movimiento preciso y una palabra dicha en un tono bajo pero firme, lanzó un hechizo.
-Obliviate.
Moody parpadeó, sus ojos confusos mientras los recuerdos de la conversación se desvanecían como humo en el aire. Severus bajó la varita, su respiración pesada mientras lo observaba.
-Tú no recuerdas nada -murmuró antes de abrir la puerta y salir del despacho, su túnica ondeando tras él como una sombra.
En el pasillo, Severus se detuvo por un instante, cerrando los ojos. Había perdido el control, algo que no podía permitirse, pero había hecho lo necesario para proteger a Sienna. Nadie debía saber lo que sentía, especialmente no Moody.Se dirigió de vuelta a las mazmorras, donde la oscuridad y el silencio serían sus únicos aliados para enfrentar las emociones que ahora amenazaban con consumirlo.
ESTÁS LEYENDO
Secrets under the moon
FanfictionSienna, una joven bruja con un legado complicado, lucha por encontrar su lugar en un mundo donde su apellido pesa más de lo que quisiera. Su vida se complica aún más cuando empieza a desarrollar sentimientos hacia su profesor de pociones. A lo larg...
