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Al día siguiente, Sienna intentó retomar la rutina, asistiendo a clases como siempre. Aunque sus compañeros de Ravenclaw parecían inquietos, nadie mencionó lo ocurrido en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras con el profesor Moody. Agradeció su discreción, pues necesitaba algo de tranquilidad.

Mientras caminaba hacia el aula de Pociones, sintió una mano en su hombro. Al voltear, se encontró con Harry, quien lucía genuinamente preocupado.

—No te vi en las demás clases, ni en el almuerzo o la cena —comentó con suavidad.

Sienna bajó la mirada. —Necesitaba estar sola un rato.

Harry asintió, comprendiendo. Sin decir más, le ofreció un abrazo breve pero reconfortante. Antes de entrar al aula, añadió:

—Si necesitas algo..

De repente, un carraspeo detrás de ellos rompió el momento. Severus Snape estaba de pie, a unos pasos de distancia, observándolos con una expresión aún más hosca de lo habitual.

—¿Interrumpo algo? —preguntó con voz gélida, aunque cargada de sarcasmo.

Harry y Sienna se separaron de inmediato, incómodos bajo la mirada severa del profesor.

—Diez puntos menos para Gryffindor, Potter. Y como claramente te sobra tiempo para socializar, estarás ayudando a Filch con sus tareas esta noche —sentenció.

Sienna esperaba recibir un castigo similar, pero para su sorpresa, Snape simplemente dijo:

—Tú, quédate después de clase para lavar unos calderos.

Cuando la clase terminó y el aula quedó vacía, Sienna se armó de valor para hablar con él.

—Profesor... Quiero disculparme por no asistir a su clase ayer.

Snape, quien estaba organizando ingredientes en su escritorio, alzó una ceja pero no dijo nada. Finalmente, con un movimiento rápido, cerró la puerta del aula con un hechizo.

—¿Y cuál es la excusa esta vez Sienna? —preguntó, su tono más irónico que severo.

Sienna tragó saliva, pero decidió hablar con sinceridad. —Es que... moody me dijo algo en clase que me hizo sentir tonta.

Snape dejó sus frascos y se volvió hacia ella, cruzándose de brazos. —Adelante.

Confiando en que él la entendería, Sienna le habló de la sombra de su abuelo y de cómo las palabras de Moody habían revivido ese temor en ella. Mientras hablaba, su voz temblaba ligeramente, pero mantuvo la mirada fija en Snape.

Cuando terminó, hubo un silencio tenso, roto solo por un comentario sarcástico de Snape. —Quizá Moody necesita un recordatorio de que no todos heredamos los defectos de nuestra familia.

A pesar del tono, había algo reconfortante en sus palabras. Snape avanzó hacia ella, posando sus manos sobre sus hombros.

—Escúchame bien, Sienna. Tú no eres Grindelwald. Eres mejor que él.

Sus ojos se encontraron en ese instante, y la intensidad del momento la dejó sin aliento. Entonces, inesperadamente, Snape la abrazó.

Sienna, sorprendida, tardó un momento en reaccionar, pero luego lo rodeó con sus brazos, cerrando los ojos. En ese abrazo encontró una paz que hacía tiempo no sentía, y aunque ambos sabían que aquello era inusual, ninguno quería romper el momento, hasta que finalmente Severus dio un paso atrás.

—Bien, señorita. Es momento de que regrese a sus clases —dijo, acomodándose su túnica—. Más tarde la veré para continuar con nuestras lecciones de Defensa... a menos que ya no desee que se las imparta.

Sienna esbozó una leve sonrisa y asintió. —Por supuesto que quiero, profesor.

Camino a la puerta, añadió con un tono casual: —Nos vemos en un rato, profesor.

El resto del día transcurrió con normalidad. Sienna, tras sus clases, se dirigió a la biblioteca para avanzar en sus deberes. Pasó tanto tiempo inmersa en sus libros que, al levantar la vista, se dio cuenta de que era hora de ir a las mazmorras.

Secrets under the moonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora