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A la mañana siguiente, Sienna despertó con una sensación extraña pero placentera. El sol filtraba su luz dorada entre las cortinas azules de su dormitorio en Ravenclaw, y por primera vez en días, se sentía liviana, como si una parte de ella hubiera descansado de verdad. Aún podía recordar el aroma tenue a pociones, el roce leve de unas manos sobre las suyas y la calidez inesperada de una sonrisa que había visto en el rostro menos esperado.

Se vistió con apuro, bajó corriendo las escaleras y se integró al ritmo de Hogwarts. Durante las primeras clases todo fluyó con normalidad... hasta que llegó Defensa Contra las Artes Oscuras.

El profesor Moody, con su ojo mágico girando sin cesar, no parecía concentrarse del todo en la lección. Mientras hablaba de maldiciones imperdonables y de la importancia de detectar el engaño, su ojo mágico se detenía una y otra vez en ella. Sienna intentaba ignorarlo, pero sentía el escozor constante de su mirada atravesándola.

Al salir del aula, se encaminó rápidamente hacia el Gran Comedor, donde Harry, Ron y Hermione ya se encontraban. Harry fue el primero en verla, su expresión se iluminó brevemente, pero no tardó en fruncir el ceño.

—¡Sienna! ¿Dónde habías estado? —preguntó en voz baja, como si temiera que alguien más escuchara

Sienna sonrió y tomó asiento junto a él. Ron y Hermione la observaban también, expectantes.

—Lo siento —dijo con suavidad— Solo que he estado ocupada.

Harry parecía querer preguntar más, pero se contuvo. Asintió lentamente y deslizó su mano por debajo de la mesa, dando a la suya un leve apretón. Ella lo sintió con fuerza en el pecho: el cariño de un amigo verdadero.

Fue entonces cuando un sonido seco de cubiertos cayendo al suelo rompió el murmullo general del comedor. Varios giraron hacia la mesa de los profesores. Sienna también lo hizo, con el corazón acelerándose sin motivo claro.

Severus Snape estaba de pie, mirando hacia la mesa. Su semblante era inexpresivo, pero algo en su mirada parecía detenida en un solo punto. O, mejor dicho, en una sola persona. Ella.

Sienna bajó la vista rápidamente, aunque sentía su nuca arder.

Snape giró sobre sus talones y abandonó el comedor sin decir una palabra. El golpe de su túnica agitándose al caminar fue lo único que resonó durante unos segundos, hasta que los cuchicheos comenzaron a llenar el ambiente.

—¿Viste eso? —murmuró un alumno de Gryffindor—. ¡Hoy Snape no nos quitó ni un solo punto!

—Supongo que fue suerte, miraste su cara al salir..?

—¿Habrá bebido algo raro?

Sienna no pudo evitar fruncir el ceño. No le parecía que estuviera de buen humor exactamente, pero tampoco era el mismo Snape de siempre. Hermione giró hacia ella con una media sonrisa.

—¿Estás segura de que todo está bien?

Sienna se limitó a asentir, aunque por dentro, muchas cosas estaban lejos de estar en orden. Pero no de un modo malo. Más bien... de un modo que apenas empezaba a entender.

Perdonenme soy como su ex que regresa cuando quiere :((

Secrets under the moonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora