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Taehyung estaba en su habitación, sentado en el alfeizar de la ventana, con la frente apoyada contra el frío cristal. Afuera, el atardecer teñía los jardines con tonos dorados y rojizos, pero su mente estaba demasiado ocupada para apreciar la belleza del paisaje.

Sus pensamientos seguían girando en torno a la conversación que había tenido con su padre aquella mañana. Las palabras “reliquia”, “peligro” y “protección” resonaban en su mente como un eco persistente, cada vez más inquietante, era como si todo lo que había creído conocer sobre su vida estuviera comenzando a resquebrajarse.

Había vivido toda su existencia bajo la estricta vigilancia del castillo: sin salidas, sin amistades reales, sin libertad. Y ahora sabía por qué, pero el saberlo no hacía que el resentimiento desapareciera.

—Si me quieren proteger, deberían confiar en mí. —murmuró en voz baja, apretando con fuerza el borde de la ventana, sus nudillos poniéndose blancos por la tensión.

El golpe seco de alguien llamando a la puerta lo sacó bruscamente de sus pensamientos.

—Adelante. —respondió sin moverse.

Un guardia cruzó el umbral e inclinó la cabeza con respeto.

—Su Alteza, el rey solicita su presencia en los jardines. Dice que hay algo que debe saber.

Taehyung alzó una ceja, intrigado, y bajó lentamente del alféizar, se colocó la capa sin prisa, acomodándosela sobre los hombros con manos aún temblorosas, y salió de la habitación con pasos firmes, seguido de cerca por el guardia.

El aire fresco del jardín lo envolvió al salir, el sol ya comenzaba a ocultarse, y las sombras de los árboles se alargaban sobre el césped perfectamente cuidado. A lo lejos, su padre lo esperaba junto a una fuente de piedra, Taehyung notó que parecía nervioso, como si estuviera ensayando mentalmente lo que iba a decir.

—¿Qué sucede? —preguntó al acercarse.

El rey alzó la vista por un momento, no respondió, simplemente lo observó con una mezcla de orgullo y pesar.

—Mañana será tu cumpleaños…

—¿Y? Eso no es muy importante. —respondió con voz seca, bajando la mirada y apretando los labios.

—Claro que lo es. —La voz de su padre sonó más suave esta vez. Al escucharla, Taehyung lo miró con sorpresa. Pudo ver en los ojos del rey una emoción inusualmente sincera. Tal vez culpa.

El rey suspiró y se levantó del banco con lentitud, caminando hacia él.

—He decidido invitar a los reinos vecinos para festejar tu mayoría de edad. Será una gran celebración.

—¿Q-qué? —balbuceó Taehyung, claramente impactado.

—Sé que fui un mal padre —continuó el rey—. Distante, frío, pero quiero remediarlo, aunque sea un poco, quiero darte algo que recuerdes… Algo que te mereces.

Taehyung lo miró fijamente, sin saber qué decir. Y luego, sin pensarlo, lo abrazó, fue un gesto torpe y espontáneo, pero cargado de sentimientos reprimidos.

—Gracias. —susurró contra su hombro.

—No hay de qué. —respondió el rey con una sonrisa ligera, separándose apenas para mirarlo con más claridad—. ¿Tienes alguna idea de cómo quieres que sea la celebración?

Taehyung se lo pensó un momento, y luego sus ojos brillaron con entusiasmo.

—Quiero que sea con máscaras.

El rostro del rey se desconfiguró por un instante. Su expresión pasó del asombro a una ligera incomodidad.

—¿C-con máscaras? —repitió, soltando una risa nerviosa —. ¿Cómo se te ocurrió eso?

—Lo leí en unos libros de romance, en ellos, el protagonista conocía a alguien especial en una fiesta de máscaras, yo quiero conocer a alguien así. —rió bajito, rascándose la nuca con timidez.

—¿Ya piensas en tener pareja? ¿No eres muy joven aún?

—Papá, ya voy a ser mayor de edad. —replicó con una sonrisa.

—Lo sé, y eso me preocupa. —bromeó el rey, y ambos soltaron una risa ligera que rompió la tensión entre ellos.

—Bien, me pondré a organizar todo, enviaré a tu sirviente con las vestimentas para que elijas la que más te guste. —Taehyung asintió, emocionado.

Se dio la vuelta y caminó de regreso a su habitación, más ligero de lo que había estado en días, por fin algo le hacía ilusión, tenía que prepararse para las visitas que va a tener.

Mientras tanto, en otro rincón del castillo, Jin Woo, el rey, permanecía de pie junto a un escritorio repleto de papeles, su ceño fruncido revelaba su preocupación, quería que todo fuera perfecto, o solo por su hijo, sino por el peso de lo que se ...

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Mientras tanto, en otro rincón del castillo, Jin Woo, el rey, permanecía de pie junto a un escritorio repleto de papeles, su ceño fruncido revelaba su preocupación, quería que todo fuera perfecto, o solo por su hijo, sino por el peso de lo que se avecinaba.

—Hace días que no responde mis cartas... —murmuró, acariciando una hoja sin leer realmente su contenido— siempre las responde su sirviente... Espero que llegue a tiempo para la fiesta de Taehyung.

Se refería a su esposa, la reina, desaparecida en sus propios asuntos diplomáticos —o eso había dicho—, y cuya ausencia se le hacía más pesada con cada día que pasaba.

—Majestad. —La voz de un guardia lo sacó de su ensimismamiento.

—¿Qué sucede?

—Los preparativos han llegado, necesitan su aprobación para comenzar.

El rey asintió sin pensarlo demasiado.

—Diles que empiecen. —ordenó con firmeza.

El guardia hizo una reverencia y se retiró. Jin Woo se quedó mirando por la ventana, con el corazón dividido entre la emoción de ver a su hijo crecer… y el temor de los secretos que aún no se atrevían a salir a la luz.

ALTEZA | kooktaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora