10

4 0 0
                                        

Taehyung caminaba despacio por los pasillos del castillo, con las manos entrelazadas detrás de su espalda y la vista elevada hacia el techo alto de piedra abovedada. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía liviano, no en cuerpo, sino en alma.

Cada paso que daba estaba lleno de un extraño cosquilleo de euforia contenida, como si acabara de vivir algo prohibido y precioso al mismo tiempo. La conversación con Jungkook, por insólita que hubiese sido, le había devuelto algo que no sabía que le faltaba: honestidad.

Había llorado, había hablado, se había reído, y todo eso, frente a alguien que no esperaba nada de él.

Era liberador.

Casi como si durante años hubiese usado una corona invisible que hoy, por fin, se permitía soltar.

Pasó junto a una ventana abierta y sintió el aire fresco de la noche colarse por su túnica. Cerró los ojos y respiró hondo, sonrió, era tan extraño sonreír sin que fuera por protocolo, que por un segundo se preguntó si alguien lo notaría. Tal vez sí, tal vez no, pero ya no importaba.

Cuando llegó a la gran puerta del salón real, se detuvo.

Ya no se oía música.

Ni risas.

Ni pasos.

Solo el murmullo lejano del viento colándose por los ventanales, mezclado con el latido de su propio corazón.

Empujó la puerta con suavidad.

La imagen que lo recibió fue un contraste rotundo a la fiesta de hace apenas una hora; las mesas estaban desordenadas, algunas copas caídas, pétalos marchitos esparcidos por el suelo, los sirvientes estaban limpiando todo aquel desorden. El esplendor había sido barrido por el silencio, como si el lugar hubiese envejecido de golpe.

Y en medio de esa desolación, solo dos personas quedaban.

Jimin, de pie en el centro del salón, con la espalda tensa y el ceño fruncido Y Yoongi, medio recostado en uno de los tronos menores, como si estuviera esperando desde hacía siglos.

—¡Taehyung! —la voz de Jimin rompió el silencio, y corrió hasta él sin pensarlo dos veces.

El abrazo fue cálido, apretado, familiar.

Taehyung lo aceptó, hundiendo el rostro en su hombro un momento. Solo un momento.

—¿Dónde estabas? —preguntó Jimin con tono preocupado, sin soltarlo del todo— Te busqué por todos lados, pensé que te habías ido del palacio.

—No, no. Solo… necesitaba un momento a solas. —respondió con una sonrisa suave, ocultando la verdad con más facilidad de la que esperaba.

Jimin lo observó con atención, notando algo distinto en él. Sus ojos no estaban enrojecidos como cuando se enfada, ni apagados como cuando se frustra, había algo vivo. Algo nuevo.

—¿Estás bien?

—Sí, mejor de lo que creía.

Yoongi resopló desde su asiento, sin molestarse en disimular el aburrimiento.—Al fin te dignaste a aparecer, pensé que iba a morir de viejo esperando.

ALTEZA | kooktaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora