La noche había tomado el palacio con una paciencia inquietante.
No fue un asalto repentino, sino una ocupación lenta, como si la oscuridad se hubiera deslizado por los muros, apropiándose de cada rincón sin resistencia. Las antorchas ardían con una intensidad exagerada, y aun así no lograban disipar la sensación de que algo observaba desde más allá de la luz.
Taehyung permanecía en la galería alta del ala oeste, apoyado contra la baranda de piedra.
Desde allí podía ver el patio central reforzado con más guardias de lo habitual. Sus armaduras brillaban demasiado, tensas, como si incluso el metal supiera que el peligro ya no era una idea abstracta.
El símbolo.
Siempre el símbolo.
Cerró los ojos.
Desde que los cuerpos aparecieron marcados, el palacio había cambiado de sonido. Las risas se apagaron primero, luego, las conversaciones se volvieron susurros, ahora solo quedaban pasos medidos, órdenes cortas y miradas que se esquivaban.
—No es prudente quedarse solo cuando el miedo aprende a memorizar rostros.
La voz surgió detrás de él, grave, controlada.
Taehyung no se giró. No lo necesitaba.
—¿Desde cuándo te preocupa la prudencia? —respondió—. Siempre dijiste que era una excusa para no actuar
El rey Jinwoo avanzó despacio hasta quedar a su lado. No llevaba corona, ni capa ceremonial, vestía como un hombre que no buscaba ser reconocido, solo entendido.
—La prudencia —dijo— es distinta cuando ya sabes qué puede perderse.
Taehyung apretó los dedos contra la piedra.
—Entonces dime qué es eso que estamos perdiendo.
Jinwoo observó el patio largo rato antes de responder.
—El control.
La palabra fue dicha sin dramatismo, y por eso mismo dolió.
—¿Tuyo? —preguntó Taehyung.
—Nuestro.
El silencio se extendió.
—No me hablaste como rey —dijo Taehyung con voz tensa—. Así que no me hables como heredero.
Jinwoo giró apenas el rostro.
—Entonces escúchame, hablaré como padre.
Eso lo desarmó.
—Taehyung —continuó—, el enemigo que se mueve ahora no busca conquistar territorios, busca quebrar símbolos.
—¿Y tú eres uno de ellos?
—Soy el principal.
Taehyung negó lentamente.
—Siempre creí que el trono era el objetivo.
—Eso es lo que quieren que creas.
Jinwoo apoyó ambas manos sobre la baranda.
—Un rey capturado vale más que mil soldados muertos.
Las palabras cayeron con peso.
—¿Estás diciendo que pueden atraparte?
—Estoy diciendo que llegará un momento —respondió con calma— en el que intentarán hacerlo. Y no puedo asegurarte que fracasen.
El pecho de Taehyung se cerró.
—Eso no puede pasar.
—Puede.
—¡No lo permitiré!
Jinwoo lo miró con firmeza.
—Ahí está el problema.
—¿Cuál?
—Creer que todo depende de tu voluntad.
Taehyung dio un paso atrás.
—¿Entonces qué se supone que haga?
—Escuchar.
—Ya estoy escuchando.
—No —dijo Jinwoo—. Estás resistiéndote.
Taehyung tragó saliva.
—No estoy listo para aceptar eso.
—Lo sé.
—No estoy listo para un reino que se sostiene sobre cadáveres ni amenazas.
—Nunca lo estás —respondió el rey—. Nadie lo está.
Taehyung apretó la mandíbula.
—¿Y si caes?
Jinwoo no respondió de inmediato.
—Si caigo —dijo finalmente— no será una derrota inmediata... Será una prueba.
—¿Para quién?
—Para ti.
El nombre no fue dicho, pero quedó suspendido.
—¿Me estás preparando para perderte?
—Te estoy preparando para no destruirlo todo intentando salvarme.
Taehyung sintió que algo se le quebraba por dentro.
—Eres mi padre.
—Y tú mi hijo —respondió Jinwoo—. Pero también eres el futuro del reino.
—No quiero elegir entre ambas cosas.
—Elegirás.
—No es justo.
—Nunca lo es.
El viento nocturno sopló con fuerza.
—Todo esto —susurró Taehyung—está conectado con el símbolo, ¿verdad?
—Sí.
—Con las muertes.
—Sí.
—Con aquello que nunca se dijo.
—También.
Taehyung cerró los ojos.
—No estoy preparado para esa verdad.
—Nadie lo está —repitió Jinwoo—. Pero llegará sin pedir permiso.
Taehyung respiró hondo.
—Tengo miedo.
—Eso es bueno.
—No lo siento así.
—Porque aún no entiendes —dijo el rey— que el miedo es lo único que puede evitar que te conviertas en aquello que juraste no ser.
Taehyung levantó la mirada.
—¿Y si fallo?
—Fallaremos todos —respondió Jinwoo— La diferencia está en qué harás después.
El silencio regresó, más espeso.
—Cuando llegue ese momento —dijo Jinwoo con voz baja— y yo caiga en manos del enemigo, recuerda esto: no te están robando un padre, te están empujando a ser rey.
Taehyung negó con la cabeza, con lágrimas contenidas.
—No quiero ser rey así.
Jinwoo apoyó una mano firme sobre su hombro.
—Nadie lo quiere.
La noche siguió avanzando.
Las antorchas ardían.
El símbolo seguía marcando cuerpos en algún lugar del reino.
Y Taehyung entendió, con una claridad devastadora, que el peor momento no sería la caída.
Sería la elección que vendría después.
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ALTEZA | kooktae
FanfictionKim Taehyung, un joven príncipe cuyo destino ha sido moldeado por la opresiva sombra de sus propios padres, encerrado en el imponente palacio real desde su más tierna infancia. Privado de la oportunidad de explorar el mundo exterior que se extiende...
