Jungkook llevaba casi una hora hablando solo, bueno, no solo, técnicamente le hablaba al prisionero de la celda contigua, un tipo delgado y pálido que parecía más un cadáver que una persona viva. No era exactamente la compañía más animada, pero Jungkook tenía una habilidad particular para hacer monólogos entretenidos, aunque nadie los escuchara.
—Te juro que si vuelvo a escuchar al guardia cantar desafinado cuando patrulla, voy a terminar confesando crímenes que no cometí. —Soltó, apoyando la cabeza contra la pared—. Y no me mires así, eh —le dijo al prisionero inerte— Que tú también sufres su repertorio de “baladas de guerra”.
Los guardias pasaban por el pasillo de tanto en tanto, y cada vez que lo veían hablar solo, compartían entre ellos miradas cargadas de fastidio.
Uno incluso murmuró que el chico estaba loco, aunque no lo suficientemente como para ignorar órdenes, al fin y al cabo, nunca intentaba escapar, el guardia siguió vigilando hasta que lo llamaron para sus horas libres —un eufemismo para caminar en un patio amurallado— Y regresó más tarde con la misma expresión relajada.
Se tumbó en el suelo de piedra, exhalando profundamente, el cielo afuera se iba oscureciendo, salpicado de nubes perezosas que cubrían la luna de a ratos, y la humedad de la noche se colaba por los barrotes, acariciándole la piel.
Ya casi se estaba quedando dormido, hasta que un extraño ruido lo sacó de su ensoñación. Un quejido, seguido del roce sordo de tela contra la piedra.
Frunció el ceño.
Se incorporó con lentitud, girando la cabeza de lado a lado.
— ¿Qué mierd…? —murmuró, hasta que algo captó su atención por encima. Alzó la vista.
Y ahí estaba.
Un bulto blanco descendía por la pared de piedra, balanceándose de forma precaria.
Parpadeó varias veces, pensando que tal vez estaba alucinando, hasta que distinguió el rostro del intrépido visitante.
—Esto tiene que ser una broma —dijo, sin contener la risa.
Taehyung, colgado de unas sábanas anudadas entre sí, descendía lentamente, con el rostro tenso por el esfuerzo y una capa blanca que brillaba como farol bajo la luna.
Era tan ridículo, tan evidente, tan torpemente adorable… que por un momento Jungkook dudó si realmente era humano.
El príncipe tardó más de lo que cualquiera con sentido común habría demorado, pero al fin sus pies tocaron el suelo con un pequeño tropiezo que lo hizo trastabillar, cuando vio que no había nadie viendo se acercó a la celda.
— ¿Qué sucede? —preguntó al ver que Jungkook lo miraba como si acabara de ver a un fantasma.
—Definitivamente eres idiota —respondió, cruzándose de brazos.
— ¿Qué? —Taehyung frunció el ceño sin entender.
Jungkook se acercó a las rejas, señalándolo con el dedo.
— ¿No podías ser un poco más disimulado?
— ¿Qué tiene mi ropa? —dijo bajando la vista, intentando examinarse.
— ¿Estás jodiéndome? Una capa blanca, de noche, mientras bajabas de la torre con sábanas ¡Parecías una maldita bandera de rendición!
Taehyung se ruborizó, llevándose una mano al rostro.
—No tenía otra cosa que ponerme…
— ¿Y pensaste que un atuendo de desfile real era la mejor opción para una visita clandestina a la prisión?
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ALTEZA | kooktae
FanfictionKim Taehyung, un joven príncipe cuyo destino ha sido moldeado por la opresiva sombra de sus propios padres, encerrado en el imponente palacio real desde su más tierna infancia. Privado de la oportunidad de explorar el mundo exterior que se extiende...
