Taehyung no la vio venir.
No porque fuera lenta, ni porque dudara, sino porque ya no estaba allí.
Su mirada seguía anclada en el rostro de su padre, en la sangre oscura que le manchaba el cuello y se mezclaba con la lluvia, en la forma antinatural en que el cuerpo había quedado quieto, demasiado quieto. El último aliento del rey había dejado un vacío imposible, un silencio que no pertenecía al mundo.
El campo de batalla seguía existiendo, pero para él era apenas un eco distante, como si estuviera bajo el agua, como si el mundo se hubiera ahogado junto a Jin Woo.
No había miedo.
No había rabia.
Solo un hueco inmenso donde antes había un nombre.
Jeong-Hoon dio un paso adelante.
El barro crujió bajo sus botas, el agua resbaló por la empuñadura de su espada mientras la alzaba con ambas manos, firme, implacable, como quien ejecuta una sentencia largamente ensayada.
—Por el reino —murmuró, sin emoción—. Por el final.
El metal cortó el aire.
—¡Taehyung!
El grito llegó antes que el cuerpo.
Desesperado, crudo, vivo.
Jeong-Hoon se sobresaltó apenas una fracción de segundo, un error mínimo, humano y suficiente.
Algo golpeó a Taehyung con violencia, arrancándolo del lugar, tirándolo al suelo. Un peso caliente, tembloroso, se estrelló contra él.
La espada descendió, pero no encontró carne: rozó un hombro, desgarró piel, y se clavó en la tierra con un sonido seco y brutal.
Todo se detuvo.
El fuego seguía ardiendo.
La lluvia seguía cayendo.
Las tropas seguían muriendo a lo lejos.
Pero allí… no existía nada más.
Taehyung parpadeó, aturdido, y entonces lo entendió.
—No… —susurró—. No, no, no…
Jungkook estaba sobre él.
Arrodillado, respirando con dificultad, el pecho subiendo y bajando como si cada inhalación fuera una batalla. Tenía el rostro cubierto de hollín, sangre seca marcándole la comisura de los labios, y los ojos… Los ojos ardían con algo feroz, algo que no era solo miedo.
Jeong-Hoon alzó la vista.
Y lo vio.
El mundo pareció inclinarse.
—…¿Jungkook?
La palabra salió rota, incrédula, como si pronunciarla fuera arrancarse una verdad que llevaba años enterrada.
Jungkook no lo miró de inmediato.
—No —dijo, con la voz baja pero firme—. Ni lo pienses.
Jeong-Hoon dio un paso atrás, como si el suelo se hubiera vuelto inestable bajo sus pies.
—¿Cómo…? —susurró— ¿Cómo saliste…?
Jungkook alzó la cabeza lentamente.
Sus miradas chocaron.
Y por primera vez en años, Jeong-Hoon no vio al soldado.
No vio al arma que había forjado.
No vio al prisionero.
Vio a su hijo.
Taehyung empezó a temblar debajo de él, el shock cediendo al horror. Sus manos se aferraron a la ropa de Jungkook con desesperación, como si soltarlo significara desaparecer.
—Jungkook… —sollozó—. Pensé que… pensé que estabas…
—Estoy aquí. —respondió Jungkook al instante, sin apartarse—. Estoy contigo.
Jeong-Hoon apretó los dientes.
—Apártate —ordenó, aunque su voz ya no tenía la misma dureza—. No te metas en esto.
Jungkook se puso de pie despacio, colocándose delante de Taehyung, cubriéndolo por completo con su cuerpo. Cada movimiento suyo era una promesa silenciosa.
—No —repitió—. Esta vez no.
—¡Él es el enemigo! —rugió Jeong-Hoon—. ¡Es el heredero del rey que destruyó todo!
—¡Basta!
Jungkook avanzó un paso, temblando de furia, no de miedo, de verdad.
Jeong-Hoon se detuvo en seco.
Detrás de Jungkook, Taehyung seguía de rodillas, empapado de sangre ajena, los ojos destrozados por el llanto, no había corona, no había gloria. Solo un hijo arrodillado junto a un padre muerto.
—¿Eso te parece un monstruo? —continuó Jungkook, señalándolo sin mirarlo—. ¿Eso te parece una amenaza?
Jeong-Hoon tragó saliva.
—Todos aquí lo son.
—No —dijo Jungkook, mirándolo con una ira helada—. Tu eres la verdadera amenaza.
Jeong-Hoon frunció el ceño.
—Comenzaste todo esto —continuó Jungkook— porque no quisiste admitir que fue tu culpa que mi madre muriera.
—¡¿Cómo te atreves?! —Jeong-Hoon avanzó, encarándolo—. ¿Fue mi culpa amar a alguien? ¡La mataron por su apellido!
—Eso no era amor —escupió Jungkook—. La mandaste al frente sabiendo exactamente lo que iba a pasar.
—¡Tú…!
Jeong-Hoon elevó la espada.
Jungkook reaccionó de inmediato, tomó la espada de Jin Woo del suelo y la alzó justo a tiempo. El choque fue agudo, ensordecedor, metal contra metal, vibrando entre ellos como un grito.
—No pude protegerla —dijo Jungkook, empujándolo—. No entonces.
Atacó.
Las espadas volvieron a chocar.
—¡Pero a él sí! —rugió.
Lucharon bajo la lluvia, rodeados de fuego y cadáveres, como si el mundo entero hubiera quedado reducido a ese duelo. Cada golpe era una herida vieja, cada bloqueo, una verdad no dicha.
Pasaron segundos.
Minutos.
Hasta que Jungkook resbaló, el barro le traicionó los pies.
Cayó.
Jeong-Hoon alzó la espada para luego bajarla con toda su fuerza.
Un impacto seco.
Un gemido ahogado.
Jungkook espero el final cerrando sus ojos con todas sus fuerzas.
Pero la espada nunca llegó.
Sintió algo caliente salpicarle el rostro.
Abrió los ojos.
Sangre descendía lentamente por su mejilla mientras veía atónito a la persona frente a él.
— Tu, maldito...— dijo Jeong-Hoon con furia.
ESTÁS LEYENDO
ALTEZA | kooktae
FanfictionKim Taehyung, un joven príncipe cuyo destino ha sido moldeado por la opresiva sombra de sus propios padres, encerrado en el imponente palacio real desde su más tierna infancia. Privado de la oportunidad de explorar el mundo exterior que se extiende...
