Luego de aquel discurso, su padre lo llamó para hablar en privado, sabía que pudo haber metido la pata, pero él quería desafiarlo de alguna manera, quería desafiar las reglas que lo sometían y privaban de la vida de los demás, así que se preparó para las palabras que le llegara a decir y se dirigió hacia él, alejado de los demás, en un pasillo solitario.
Cuando me paré frente a él, solo me miró en silencio, con su mirada seria y amenazante.
—padre yo...
—Está bien que quieras agradecer. —le interrumpe. —Pero ya con ilusionarlos con darles una vida más saludable y que pueden contar contigo, Taehyung, no puedes salir de éste lugar...
—¡¿Acaso es una maldita broma?! —Le corta sorprendiéndolo ante su reacción, nunca lo había visto así. —Aunque me lo prohíban, voy a salir de todas formas, no me importa si me castigan, si mi madre no está de acuerdo, voy a hacer todo lo posible para ser un mejor heredero, quiero que la gente me conozca, que me quieran, que me tengan confianza. —sus ojos comienzan a lagrimear. — Ni siquiera me han dicho el porqué de todo este encierro, si afuera hay peligro, entonces lo enfrentaré.
Jin Woo se había quedado sin palabras, nunca había visto a su hijo de esa manera.
El eco de sus pasos resonaba contra las paredes de mármol del pasillo, mezclándose con el zumbido de su respiración entrecortada, las lágrimas se deslizaban por sus mejillas mientras avanzaba sin un rumbo claro, buscando refugio en el rincón más oscuro del palacio.
Y lo encontró.
O eso creyó.
Los muros de piedra húmeda y el olor a encierro no lo detuvieron, se dejó caer de cuclillas en el suelo, con la espalda apoyada contra las frías rejas de una celda que no se molestó en mirar. Ahí, entre sollozos, las palabras escaparon solas de su boca, como confesiones lanzadas al vacío:
—S-soy tan estúpido… —murmuró con la voz rota.
—Lo eres —respondió una voz grave, seca, con un deje divertido, que lo hizo girar de golpe.
Taehyung parpadeó varias veces, confundido, hasta que sus ojos lograron enfocar al joven que estaba dentro de la celda, recostado de lado como si estuviera en una hamaca y no tras las rejas.
—¿J-Jungkook?
—Así que sí eres el príncipe —dijo él, con una media sonrisa ladeada. —No estaba seguro, pensé que tal vez eras una decoración navideña perdida con tanto brillo y drama.
—¡No estoy de humor para tus burlas! —protestó, cruzándose de brazos, aunque su voz emblorosa lo delataba.
—Claro que no —Jungkook se estiró con parsimonia, dejando que sus músculos marcados se tensaran bajo la luz tenue del calabozo—. Estás claramente de humor para un espectáculo digno de tragedia griega. ¿Quieres que aplauda?
Taehyung se mordió el labio, furioso, pero volvió a agachar la cabeza, las lágrimas seguían cayendo, y esa vez no pudo contenerlas.
—Oye, principito, no llores… —resopló Jungkook con fastidio, arrastrándose hasta el borde de la celda—. Te ves horrible, literalmente me estás quitando el apetito, y eso que hoy nos dieron pan duro con suerte.
El príncipe no respondió, solo se quedó ahí, con la frente apoyada en las frías barras, los ojos enrojecidos.
—¿Estás intentando chantajearme emocionalmente para que te saque de este pozo existencial? Porque no tengo llaves. Y aunque las tuviera, soy un criminal, no un terapeuta.
—Tú no entiendes… —susurró Taehyung.
—No, claro que no, yo solo entiendo de robar, escabullirme, y hacer sarcasmos baratos desde una celda, la vida real es asunto tuyo, alteza.
ESTÁS LEYENDO
ALTEZA | kooktae
Hayran KurguKim Taehyung, un joven príncipe cuyo destino ha sido moldeado por la opresiva sombra de sus propios padres, encerrado en el imponente palacio real desde su más tierna infancia. Privado de la oportunidad de explorar el mundo exterior que se extiende...
