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El palacio dormía.

No completamente. Nunca lo hacía.

Dormía como duermen las cosas antiguas que han visto demasiado: con una quietud engañosa, sostenida por el hábito, por la costumbre de sobrevivir incluso cuando nadie lo exige. Había guardias en los pasillos, pasos medidos, antorchas que ardían más por tradición que por necesidad. El eco de una bota, el murmullo de una voz lejana, el crujido de una puerta que se acomodaba en su marco.

Pero aquella noche era distinta.

El silencio no pesaba.

No apretaba el pecho.

No parecía vigilar.

Era un silencio blando, indulgente, como si incluso las paredes se hubieran permitido descansar de sostener coronas, secretos y promesas rotas.

Taehyung avanzaba por uno de los pasillos laterales conteniendo la risa.

No era una risa abierta. Era una traición pequeña, cálida, que le vibraba en el pecho y le subía a la garganta cada vez que Jungkook se giraba apenas para mirarlo, como si compartieran un secreto infantil. Hacía años —tal vez toda su vida— que no sentía algo así: esa emoción liviana, peligrosa, absolutamente innecesaria… y por eso mismo tan preciosa.

—Esto es una pésima idea —susurró, inclinándose un poco hacia Jungkook para que su voz no viajara por la piedra.

Sus palabras eran una advertencia.

Sus ojos, en cambio, brillaban como si estuviera a punto de reírse a carcajadas.

Jungkook no se giró de inmediato. Siguió caminando con paso seguro, como si conociera el palacio mejor que sus propios pensamientos, recién después estiró la mano hacia atrás, entrelazó sus dedos con los de Taehyung y tiró de él con cuidado, con una firmeza suave que lo desarmó por completo.

—Las mejores lo son —respondió—. Vamos, Majestad… ¿O ahora te acobardas?

Taehyung frunció el ceño, fingiendo indignación.

—Si nos descubren…

—Si nos descubren —lo interrumpió Jungkook con naturalidad—, diré que fue una orden real. Y todos sabemos que nadie cuestiona esas, les da miedo pensar.

Taehyung se llevó la mano libre a la boca para ahogar la carcajada.

—Abusar de mi autoridad tan pronto es peligroso.

—Tranquilo —dijo Jungkook, girándose por fin para mirarlo. En su sonrisa había algo distinto: no provocación, sino promesa—. Planeo hacer muchas cosas más antes de que amanezca.

El corazón de Taehyung dio un vuelco.

No por las palabras.

Por la forma en que lo miró al decirlas.

Corrieron.

No como fugitivos desesperados, sino como dos personas que, por primera vez en demasiado tiempo, se estaban permitiendo ser simplemente jóvenes. Sus pasos resonaban suaves sobre el mármol frío, con capas y túnicas agitándose mientras doblaban esquinas conocidas… y otras que Taehyung apenas había visto de lejos, como si siempre le hubieran estado prohibidas.

Había algo liberador en no pensar.

En no medir cada gesto.

En no recordar, por unos minutos, el peso exacto de una corona.

—Por aquí —susurró Jungkook, empujando una puerta lateral.

—¿Cómo sabes…? —alcanzó a preguntar Taehyung, sorprendido.

ALTEZA | kooktaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora