La sala del consejo parecía más grande de lo habitual.
No porque hubiera más gente, sino porque el silencio se estiraba entre las paredes como una presencia viva. Los concejales ocupaban sus asientos con la solemnidad de quienes saben que ya no están allí para decidir el rumbo del reino, sino para aprender a caminar detrás de alguien nuevo.
Taehyung se sentó en la cabecera.
No llevaba la corona.
Nunca lo hacía en esas reuniones.
Había descubierto que el poder no necesitaba recordatorios visibles para hacerse sentir. Bastaba con la manera en que levantaba la mirada, con la quietud de su postura, con la forma en que escuchaba sin interrumpir.
Uno de los concejales carraspeó antes de hablar.
—Majestad —comenzó—, traemos noticias definitivas sobre los restos del movimiento rebelde.
Taehyung asintió, indicándole que continuara.
—El liderazgo ha caído por completo. El hombre que los unificaba… el padre de Jungkook… ha muerto.
El nombre no fue pronunciado, pero no hizo falta.
Taehyung no reaccionó de inmediato. Sus dedos se cerraron apenas sobre la madera de la mesa, no por sorpresa, sino por el peso de lo que significaba: una historia que terminaba sin gloria, sin redención.
—Sin él —continuó otro concejal—, las facciones se dispersaron, no hubo represalias, no hubo contraataques. Solo… silencio.
—¿Seo-Jun? —preguntó Taehyung.
—Era el único que intentaba sostener lo que quedaba —respondieron—. Pero sin recursos ni símbolo, desapareció, no como amenaza, como eco.
Taehyung bajó la mirada un segundo.
Pensó en Jungkook.
En todo lo que había cargado sin haberlo elegido.
—Entonces esto termina aquí —dijo—. No persigan a los que quedan. No transformen el final en una cacería.
Algunos concejales intercambiaron miradas.
—Majestad, eso podría interpretarse como debilidad.
Taehyung alzó la vista.
—No —respondió con calma—. La debilidad es perpetuar el odio cuando ya no hay guerra, y el reino necesita sanar, no seguir sangrando.
La discusión murió allí.
Y por primera vez desde que se sentó en ese asiento, Taehyung sintió que el consejo no lo miraba como a un rey joven… sino como a un rey real.
La música llenaba el salón abierto al jardín con una suavidad engañosa.
Jimin se movía en el centro, descalzo, dejando que su cuerpo hablara un idioma que conocía mejor que cualquier otro. Cada giro era preciso, cada paso, una memoria muscular, el aire parecía acomodarse a su alrededor, respetando su ritmo.
Yoongi observaba desde un costado.
No interrumpía.
No comentaba.
Solo miraba, con esa atención silenciosa que reservaba para las cosas que le importaban de verdad.
Jimin giró una última vez… y se detuvo.
El silencio cayó de golpe.
El pecho le dolió.
Las imágenes llegaron sin permiso: salones demasiado grandes, aplausos que exigían perfección, miradas que no veían a un niño sino a una promesa. Bailar no había sido un refugio, había sido una jaula elegante.
ESTÁS LEYENDO
ALTEZA | kooktae
FanfictionKim Taehyung, un joven príncipe cuyo destino ha sido moldeado por la opresiva sombra de sus propios padres, encerrado en el imponente palacio real desde su más tierna infancia. Privado de la oportunidad de explorar el mundo exterior que se extiende...
