La tarde caía con una lentitud casi reverente, como si el sol se resistiera a abandonar el jardín interior. La luz se filtraba entre las hojas del gran árbol ancestral, deslizándose en manchas doradas sobre el suelo, creando sombras irregulares que parecían moverse al ritmo pausado del viento. El aire estaba tibio, cargado del aroma húmedo de la tierra y de flores que nadie recordaba haber plantado, pero que siempre habían estado allí.
Taehyung seguía sentado en la hierba, la espalda apoyada contra el tronco ancho y rugoso, sintiendo bajo sus dedos la textura viva de la corteza. Jungkook descansaba sobre sus piernas, recostado con una comodidad que solo nace cuando el cuerpo deja de estar en guardia.
Tenía los ojos entrecerrados, la respiración lenta, como si por una vez el mundo no le exigiera atención inmediata.
Había algo profundamente íntimo en ese silencio compartido.
No era un silencio vacío, sino uno lleno de confianza. De esos que no se construyen en días, sino en heridas compartidas y noches largas. Taehyung deslizaba los dedos con suavidad entre el cabello oscuro de Jungkook, siguiendo un ritmo lento, casi distraído, como si contara algo invisible. Jungkook exhalaba de vez en cuando, dejando que el cansancio acumulado del entrenamiento se diluyera en ese gesto simple.
—Si sigo así —murmuró Jungkook, con la voz baja y perezosa—, voy a quedarme dormido.
—No sería la primera vez —respondió Taehyung, sin mirarlo, con una sonrisa que se le notaba incluso en el tono.
Jungkook dejó escapar una risa breve, apenas un soplo.
—Majestad… dormirme sobre usted debería ser delito.
—Solo si roncas —replicó Taehyung—. Y fuerte.
—Eso es difamación.
Antes de que pudiera seguir defendiéndose, unas pisadas se hicieron audibles sobre el sendero de grava que bordeaba el jardín.
Jungkook frunció apenas el ceño, como si el sonido lo arrancara de un sueño demasiado bueno para abandonarlo así.
—Ah… claro —suspiró exageradamente—. El universo jamás permitiría que esto dure demasiado.
Taehyung alzó la vista, divertido, sin dejar de mover los dedos entre su cabello.
Jimin y Yoongi se acercaban sin prisa. Jimin caminaba unos pasos delante, con esa curiosidad amable que parecía permanente en él, observándolo todo como si cada rincón tuviera algo nuevo que ofrecer. Yoongi lo seguía con las manos en los bolsillos, la postura relajada, la mirada tranquila, hasta que reparó en la escena bajo el árbol. Arqueó una ceja con una ironía tan leve que casi pasaba desapercibida.
—Vaya —comentó Jimin—. ¿Interrumpimos algo?
Jungkook abrió un ojo, mirándolos de reojo.
—No, para nada —respondió con un sarcasmo evidente—. Esto es una reunión oficial del consejo... Muy exclusiva.
Yoongi soltó una risa nasal.
—Se nota —dijo—. El protocolo es impecable.
—Gracias —replicó Jungkook—. Practicamos horas.
—Horas que podrías haber usado para entrenar —añadió Yoongi con calma venenosa.
—¿Y perderme de éste momento? —Jungkook cerró el ojo de nuevo—. Jamás.
Jimin sonrió, divertido, y se sentó en el césped frente a ellos, cruzando las piernas. Yoongi se apoyó contra el tronco del árbol, lo suficientemente cerca como para que su hombro quedara a pocos centímetros del de Taehyung.
ESTÁS LEYENDO
ALTEZA | kooktae
Fiksi PenggemarKim Taehyung, un joven príncipe cuyo destino ha sido moldeado por la opresiva sombra de sus propios padres, encerrado en el imponente palacio real desde su más tierna infancia. Privado de la oportunidad de explorar el mundo exterior que se extiende...
