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El despacho real tenía un silencio distinto al del resto del palacio.

No era paz.

Era peso.

El príncipe Taehyung entró detrás de su padre, y el sonido de la puerta al cerrarse lo hizo sentir atrapado entre la historia y el destino.

El rey Jin Woo, se puso frente a un mapa extendido sobre la mesa, su madre, la reina Kim Sun, permanecía sentada junto al fuego, el rostro iluminado por una luz cálida que no alcanzaba sus ojos.

—Acércate, hijo. —ordenó el rey sin levantar la vista.

Taehyung obedeció, con pasos cautelosos.

Sobre el mapa había marcas rojas en el norte y en el este.

Pequeñas, pero muchas.

—Son los movimientos de los rebeldes —explicó Jin Woo, sin necesidad de que Taehyung preguntara. — Hace dos semanas atacaron una caravana de suministros de la frontera, no eran simples ladrones.

La reina habló entonces, con un tono firme, sin emoción.

—Eran organizados; Y eso solo significa una cosa, alguien los lidera.

—¿Los Jeon? —preguntó Taehyung en voz baja cuando leyó ese apellido en rojo.

El silencio fue inmediato.

Su madre lo miró con un gesto que mezclaba dureza y cansancio.

—Nunca digas ese nombre con tanta ligereza, Taehyung. —su voz era firme, cortante—. Esa familia destruyó medio siglo de alianzas y manchó el honor del reino. No merecen compasión.

Taehyung bajó la mirada.

—Pero padre siempre dijo que la historia fue escrita por los vencedores ¿Y si lo que se dice de ellos no es todo cierto?

La reina soltó una breve risa sin alegría.

—Entonces tendrás que vivir con esa duda, pero jamás actuar en base a ella. Un rey que duda… no gobierna, se hunde.

El rey la observó de reojo, sin interrumpirla.

Ella continuó.

—Eres el heredero de la Casa Kim, cuando te sientes en ese trono, tu palabra será ley, y tu silencio, sentencia. —se levantó despacio—. Y cuando un Jeon aparezca frente a ti, recordarás lo que te digo hoy: la compasión es el arma de los ingenuos.

Taehyung sintió un nudo en la garganta.

—¿Y si un día tengo que elegir entre la compasión y la justicia?

La reina no dudó.

—Elige el reino, siempre.

El joven tragó saliva.

Su padre se acercó entonces, colocando una mano sobre su hombro.

—Tu madre no se equivoca —dijo en tono más suave—. El reino está al borde de una nueva era. Pero si no aprendes a ver más allá de lo que los nobles te muestran, terminarás siendo un rey de nombre y nada más.

—¿Y qué hay de la gente? —preguntó Taehyung con cautela—. ¿Dónde queda su voz?

—La voz del pueblo cambia con el viento —contestó Jin Woo—. Hoy aclaman, mañana odian. Pero si eres sabio, no necesitarás que te amen, solo que te sigan.

El silencio cayó otra vez.

El fuego crepitó suavemente, llenando el espacio entre ellos.

Taehyung levantó la vista hacia su madre.

ALTEZA | kooktaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora