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La noche se extendía silenciosa sobre los pasillos del castillo, apenas interrumpida por el sonido lejano de las antorchas crujiendo. Taehyung caminaba junto a Jimin y Yoongi con pasos medidos, aunque la adrenalina palpitaba bajo su piel. La reunión aún resonaba en su mente como un eco molesto, cargado de voces tensas, acusaciones veladas y una sensación persistente de que algo estaba por quebrarse.

Pero ahora, su destino era otro.

—¿Seguro que recuerdas el camino? —susurró Jimin mientras ajustaba la capa sobre sus hombros.

Yoongi rodó los ojos.

—No encontré la salida borracho, Jimin… la vi en un momento de aburrimiento. —Le lanzó una mirada cansada—. De verdad deberían confiar más en mí.

Taehyung reprimió una sonrisa.

—Confiamos en ti —dijo, bajando la voz—. Solo… no podemos permitirnos errores esta noche.

Ninguno lo contradijo.

El príncipe miró hacia atrás, asegurándose de que no hubiera guardias rondando. Desde el incidente en el jardín, las patrullas parecían multiplicarse, aunque eso solo demostraba lo que Ji Seob había dicho: si un rebelde entró, no fue por fallas simples.

Y eso inquietaba a Taehyung más de lo que admitiría.

Bajaron por un pasillo estrecho que casi nadie usaba. Yoongi avanzó hasta una lámpara empotrada en la pared y la presionó; la piedra se desplazó con un chasquido sordo, revelando una puerta angosta.

—Sabía que no lo había imaginado —murmuró Yoongi, satisfecho.

Taehyung le dio una palmada en el hombro antes de entrar. —No sabia que había otra salida.

El pasadizo era oscuro y húmedo, iluminado solo por una antorcha que Jimin tomó del soporte. El aire olía a piedra vieja y a polvo acumulado y medida que descendían, el eco de sus pasos se hacía más profundo.

—Creí que esto daba justo a las celdas —dijo Yoongi frunciendo el ceño.

Pero al llegar al final, se encontraron con una reja cerrada… donde no debía haber nada.

Taehyung sintió una punzada de alerta.

—Esto estaba abierto —aseguró Yoongi, examinándola—. Y no había guardias cerca.

—¿Entonces movieron todo el acceso? —preguntó Jimin, inquieto.

Taehyung observó el grosor de los barrotes, la cadena recién colocada, el olor a metal sin uso.

—Lo reforzaron hoy —dictaminó—. Después de la reunión.

Los tres intercambiaron miradas silenciosas. Aquel cambio no era casualidad; el collar había encendido demasiados temores.

—Debe haber otra entrada —concluyó Taehyung, pensativo—. No moverían a todos los prisioneros…

—A menos que movieran al que les importa —dijo Yoongi en voz baja.

Taehyung sintió un escalofrío involuntario.

No quería pensar en eso.

—Encontraremos el camino —aseguró—. Aunque nos lleve toda la noche.

Les tomó casi media hora bordear el pasillo prohibido, hasta llegar a un corredor lateral donde solía haber soldados solo durante el día. Para su suerte, ahora estaba vacío.

—Aquí sí —murmuró Yoongi, señalando una puerta de madera gruesa—. Esta es nueva.

Taehyung la empujó con cuidado, no estaba trancada, el descenso por las escaleras era empinado, pero al final… el pasillo de las celdas se extendía como siempre: frío, húmedo, silencioso.

ALTEZA | kooktaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora