35

0 0 0
                                        

El sol caía oblicuo sobre las calles del pueblo, tiñéndolo todo de un dorado tibio, imperfecto.

No era la luz pulida que entraba por los ventanales del palacio, sino una más honesta, que se filtraba entre toldos gastados, techos desparejos y banderines descoloridos que aún no habían sido retirados desde la coronación.

Taehyung caminaba despacio.

Solo con corona de respaldo—no la de ceremonia—, dorada con colores zafiros, una túnica sencilla, oscura, sin bordados reales. Aun así, había algo en su postura que lo delataba: no altivez, sino una atención profunda, casi reverente, hacia todo lo que lo rodeaba.

Era la primera vez que recorría el pueblo así.

No desde un carruaje.

No desde un balcón.

Desde el suelo.

A su lado caminaba Jungkook, con las manos en los bolsillos y la mirada alerta, aunque relajada. Un paso detrás, Yoongi avanzaba con la calma de quien observa más de lo que habla, mientras Jimin iba al lado de Taehyung, señalándole cosas con una mezcla de entusiasmo y ternura que no intentaba ocultar.

—¿Eso es… un mercado permanente? —preguntó Taehyung, deteniéndose frente a una calle llena de puestos improvisados.

—Desde hace generaciones —respondió Jimin—. Cambia de lugar según la estación, pero siempre vuelve aquí.

Taehyung observó a una mujer que pesaba frutas con una balanza desigual, a un niño que corría entre los puestos con una risa clara, a un anciano que tallaba madera con manos lentas pero firmes.

—No sabía que era así —murmuró.

No había vergüenza en su voz.

Solo sorpresa.

—No te lo mostraron —dijo Jungkook sin mirarlo, con un tono neutro—. No convenía.

Taehyung lo miró de reojo.

—¿Siempre dices las cosas así de directo?

Jungkook se encogió de hombros.

—No —respondió Jungkook—. A veces uso eufemismos... Cuando miento.

Yoongi soltó una risa baja.

—Te va a durar poco esa franqueza cuando los concejales empiecen a odiarte —comentó—. Disfrútala mientras puedas.

—¿Tú eres uno de ellos? —preguntó Jungkook.

—No —respondió Yoongi—. Yo te odio por otras razones.

—Ah, menos mal —replicó Jungkook—. Sería incómodo coincidir en motivos.

Jimin rodó los ojos, pero sonrió.

Taehyung los observó con atención, aquella dinámica… Aquella ligereza inesperada, lo descolocaba, era tan distinta al silencio tenso del palacio, a las conversaciones medidas, a las palabras que siempre parecían esconder algo más.

Aquí, todo parecía más… Real.

—Pensé que el pueblo sería más pequeño —confesó—. O más… Triste.

Jimin negó suavemente.

—Por lo que se, lo fue, durante la guerra, pero la gente aprende a sobrevivir incluso cuando todo duele.

Pasaron frente a un grupo de músicos callejeros, uno de ellos reconoció a Taehyung y se quedó rígido, nervioso. Taehyung se detuvo de inmediato.

—Por favor —dijo—. Continúen.

ALTEZA | kooktaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora