Chapter 31

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CUANDO GWEN ABRIÓ LOS OJOS lo primero que vio fue a los cuatro chicos delante de ella, algo bebidos

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CUANDO GWEN ABRIÓ LOS OJOS lo primero que vio fue a los cuatro chicos delante de ella, algo bebidos. Se tocó la nariz y luego vio el líquido carmesí que emergía de ella. Con ayuda de Roy y de Damián se levantó y en cuanto recordó a su amiga rubia empujó a Jason para salir corriendo como podía hasta su habitación. Se quedó helada cuando no la vio, miró bajo la cama, en el armario e incluso en el baño, pero no había rastro de ella. La ventana estaba abierta, él se la había llevado. Fue entonces cuando volvió a sentir lo mismo que el día en el que su hermana desapareció. Retrocedió sobre sus pasos hasta chocar con un cuerpo más grande que el suyo, cuando se giró y vio a Damián no le salían las palabras. Oliver entró a la habitación junto al resto de chicos, y cuando se dio cuenta de que estaba ocurriendo, no pudo reprimir las lágrimas y soltar un puñetazo a la pared.

— ¡Tú deberías haberla protegido! — Dijo Oliver acercándose demasiado a su hermana pequeña, asustándola. Damián le puso la mano en el hombro para que guardara distancias.

— ¿Crees que no lo intenté? Luchaba mejor que yo, era alguien con experiencia. — Gritó la de más baja estatura.

— Tú tienes que ser mejor que ellos, ¿qué piensas hacer ahora? — Dijo este nervioso moviéndose de un lado a otro.

— ¿Por qué coño me culpas a mí? ¡Tú no pudiste salvar a Thea! ¡A tu hermana! — Está vez ella se acercó a él, golpeándolo en el pecho mientras lloraba. Fue cuando Oliver se dio cuenta de que estaba pagando su miedo y preocupación con alguien que no tenía la culpa y se sintió mal por ello.

— Gwen, está borracho. — Intervino Roy por primera vez. — Tenemos que centrarnos en encontrar a Felicity lo antes posible.

— Vamos a la arrow cueva. — Sugirió Jason.

Por el camino Oliver y Gwen no cruzaron palabras. Ella estaba dolida por el comportamiento de su hermano mayor con ella, no tenía razón. Ella había intentado proteger a Felicity a toda costa, y había fallado, pero no había sido su intención.

Al llegar allí sintieron el vacío al no ver a la chica rubia sentada en el ordenador. En su lugar, se sentó Damián, quien también tenía un buen control en ese tema gracias a que su padre le había instruido desde niño.

— ¿Qué recuerdas sobre él? — Preguntó Damián.

— Medía más o menos un metro ochenta, estaba lleno de tatuajes y dijo algo antes de hacerme perder el conocimiento... — Habló mientras hacía memoria.

— ¿Qué fue lo que dijo, Gwen? — Dijo esta vez Jason Todd, sentado en la mesa.

— Dijo.. — Habló la chica intentado recordar con exactitud. — Dile a Oliver que se prepare para lo que se le viene encima.

— Mierda. — Fue lo primero que pronunció el justiciero desde hacía mucho rato.

— ¿Qué pasa? — Le preguntó su compañero Roy.

— Ha vuelto, y ahora se ha llevado a Felicity, joder. — Golpeó la mesa. — Él me estaba buscando a mí.

— Pudo haberse llevado a Gwen, ¿por qué se llevó a Felicity? — Jason no entendía porque había elegido antes a una compañera de trabajo que a su hermana.

— Porque sabe cuánto siento por ella, y no descarto la posibilidad de que vuelva a por Gwen.

— ¿Qué sabemos de él? — Damián tecleaba en el ordenador.

— Se llama Mattheo Louis, es el jefe de un grupo criminal que se dedica al contrabando y a robar. Él es un exmilitar, por eso es tan bueno en lucha cuerpo a cuerpo. — Habló mientras Damián metía toda esa información al ordenador.

— ¿Y qué tiene en contra de ti? — Preguntó Gwen.

— Maté a su padre hace pocos años, quería hacer justicia e inicié una guerra que no quería luchar.

— No tenemos información sobre su último paradero. — Informó el joven Wayne. — Pero uno de sus mejores socios reside en Gotham.

— No podemos perder tiempo. — Dijo Oliver yendo a coger su arco y su traje.

— ¿Quiénes irán a hablar con él? No es necesario que vaya todo el equipo. — Preguntó Roy Harper.

— Gwen se queda aquí, es donde más segura va a estar. — Dijo el mayor volviendo de ponerse su traje. — Os quiero a todos aquí en cinco minutos.

— No me parece justo. — Se quejó la fémina.

— No he preguntado que te parece. — Contestó el mayor de los Queen. — No pienso perder a nadie más.

Gwen se cruzó de brazos guardando toda la rabia que estaba sintiendo en aquel momento. Unos brazos tiraron de ella y sonrió levemente cuando vio como su novio la tomaba del mentón.

— Vamos a encontrarlas. — Aseguró él. — Y si, a Thea también.

— No digas cosas que no sabes si puedes cumplir, Damián. — Susurró la rubia.

— Yo por ti haría lo que fuese, habibi, sin importar las consecuencias. — Damián le contestó con otro susurro y después besó sus labios para tranquilizarla.

Ambos chicos se despidieron y Gwen se sentó en el ordenador de Felicity para intentar ayudarles desde la distancia. Tenía todas sus localizaciones y eso la calmaba porque los tenía controlados. También los escuchaba desde el comunicador. El viaje a Gotham era de unos quince minutos si iban rápido, y consiguieron llegar en diez minutos saltándose cada una de las normas de tráfico existentes.

— Gwen, necesitamos saber si hay alguien en el edificio. — Habló Oliver.

— Despejada la entrada. — Contestó tras colarse en las cámaras de seguridad.

De un momento a otro la electricidad de la cueva se fue. Gwen encendió la linterna de su teléfono móvil para dirigirse al panel de control, pues seguramente había saltado el automático y no sería nada raro. Para ello, subió las escaleras y salió de la cueva. Caminó hasta el cuarto de luces.

— Esto es muy raro, aquí no hay nadie, este piso está vacío. — Le habló Roy esta vez.

— Chicos, se ha ido la electricidad aquí. — Dijo la joven para que Oliver le dijese qué plomo debía subir.

— ¡Gwen no salgas de la cueva! — Fue entonces cuando Damián se dio cuenta de que todo había sido un engaño. Habían dejado a la chica sola y estaban lejos como para volver a tiempo.

— Hijo de puta. — Gritó Oliver.

— ¿Qué está pasando? — Preguntó Gwen.

No veía mucho, solo la poca iluminación que daban las luces de seguridad, las cuales solo se encendían cuando saltaba el automático. Escuchó el sonido de algo caer al suelo y ahí entendió que estaba pasando. Salió corriendo para bajar de nuevo las escaleras y encerrarse en la cueva pero tropezó con algo.

Gimió de dolor cuando cayó al suelo golpeándose la cara contra este. Escuchaba los chicos hablándole por el comunicador, así que se lo quitó y se lo guardó dentro del zapato, sabiendo su destino.

— Gracias por darle el comunicado a Oliver, has hecho bien tu trabajo así que ya puedes venir conmigo. — Habló una voz que provenía de la oscuridad. Gwen retrocedió y se intentó levantar, pero unos brazos la agarraron y le pusieron un paño con droga en la nariz, haciendo que cayera inconsciente.

En aquel momento, los cuatro chicos conducían a toda velocidad por la autovía intentando llegar a tiempo. Damián sentía que el corazón se le iba a salir del pecho y conducía a ciento noventa kilómetros por hora.

Damián Wayne jamás había sentido miedo por perder a alguien. A él lo habían educado para no tener sentimientos a la hora de pelear, pero desde que Gwen Queen había llegado a su vida había roto todos sus esquemas, no podía soportar perderla por nada del mundo, y estaba dispuesto a sacrificar su vida por la suya si era necesario.

Exile - Damian Wayne.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora