Chapter 35

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GWEN NO PARABA DE RECORDAR a la extraña mujer que la había amenazado el día anterior

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GWEN NO PARABA DE RECORDAR a la extraña mujer que la había amenazado el día anterior. Después de todo lo que la pareja de enamorados habían pasado juntos ella creía que no existía nada que pudiese separarlos. Pero realmente un gran mal les acechaba y era poco tiempo de paz el que les quedaba.
En aquellos momentos Gwen observaba a su novio durmiendo tranquilamente en la cama mientras que ella se dirigía hacia el baño para darse una ducha.

Cuando salió el vaho empañaba todo el espejo y ella dibujó una cara feliz en este. Se vistió con ropa cómoda y se lavó los dientes para después salir del baño. No vio a su novio en la cama y pegó un salto cuando sintió unas manos recorriendo su cintura. En un movimiento rápido el varón de descendencia árabe la giró para tenerla de frente y dejar un suave beso en sus carnosos labios que tanto amaba besar.

— Buenos días habibi. — Dijo el chico Wayne con una sonrisa. — ¿Has dormido bien? — Preguntó mientras se ponía una camiseta que era de él pero que Gwen utilizaba para dormir.

— Más o menos. — Respondió tras pensar por unos instantes si contarle lo que le había pasado hacía unas horas saliendo del trabajo. — El hospital me agota. — Terminó por decir.

— ¿Seguro que solo es eso? Te conozco y sé que algo ronda por tu mente y no te deja descansar.

— Damián, ¿puedo preguntarte algo? — Dijo tras unos instantes en silencio la rubia. Él, algo extrañado, asintió. Ambos se sentaron en la cama. Gwen jugaba con sus dedos nerviosa bajo la atenta mirada de Damián.

— ¿Qué sucede habibi? — Dijo este viendo que a Gwen le costaba hablar.

— Ayer cuando salía del trabajo me pasó algo, y no sabía si contártelo porque quizás solo es una tontería y no deba ser un motivo de preocupación para nosotros. — Consiguió decir mirando a un punto fijo de la habitación, para después mirarlo a él. — Cuando iba a pedir un taxi una mujer me amenazó, me dijo que debíamos separarnos si no quería que corriese mucha sangre.

— ¿Conocías a esa mujer? — Dijo tras un momento de procesar toda esa información.

— No, tenía la cara tapada y solo se le veían los ojos. — Contestó haciendo memoria. — Vestía con ropa extraña, como oriental.

— Creo que sé quién pudo ser, y espero estar equivocado. — Habló mientras se masajeaba la sien.

— ¿Quién, Damián? Necesito saberlo.

— Creo que es hora de que hablemos de mi madre. — Gwen abrió los ojos sorprendida.

— ¿Por qué querría tu madre separar a su hijo de la mujer que ama? — Se preguntó más bien a sí misma.

— Mi madre no es como una madre normal, Gwen. — Dijo con una sonrisa sarcástica. — Es momento de que te hable de mi pasado.

Gwen cruzó las piernas y lo escuchó atentamente hablar sobre lo que había sido su infancia durante un largo rato, no podía creer todo lo que había vivido siendo tan solo un niño. Ahora entendía porque Jason le había dicho tantas veces que Damián no había sido criado como ellos y que tenía muchos demonios en su interior. Gwen tomó la mano de Damián para demostrar que lo apoyaba y que nunca volvería a sentirse así.

— Entonces, si tu madre fue quien te trajo a Gotham, ¿qué sentido tiene lo que me dijo?

— Talía siempre pensó que Bruce me educaría mucho mejor que lo que ella pudo hacer, pero era tarde cuando me trajo. — Explicó. — Mi abuelo quería que yo fuese el siguiente líder de la liga de asesinos, y siempre presionó a mi madre para ello.

— ¿Crees que haya podido haber cambiado de opinión? — Damián suspiró pero asintió.

— Es posible, y eso sería un problema. muy grande, nadie puede librarse fácilmente de la liga de asesinos, Gwen. — Apretó la mandíbula. — No quiero que te hagan daño para hacérmelo también a mí. Jamás me lo podría perdonar.

— No podemos rendirnos sin luchar. — Gwen sintió como la piel se le erizaba y las lágrimas amenazaban con salir con el simple hecho de pensar en perder al que era el amor de su vida.

— No me estoy rindiendo, cariño, pero tenemos que tener cuidado y averiguar qué es lo que busca Talía.

Después de aquella conversación Gwen sintió durante todo el día una presión en el pecho, también llamada ansiedad. Pasó todo el día viendo películas con Jason ya que Damián había ido con Bruce a una misión para averiguar qué estaba sucediendo con Talía Al Ghul. Gwen no podía creer haber visto a Jason llorar viendo como se hundía el Titanic, la primera vez que lo veía llorar por algo, y era por una película de amor.

Se quedaron durmiendo en el sofá después de beber el chocolate caliente que Alfred les había preparado con tanto cariño, pues para él los chicos de la mansión eran como sus nietos, y los quería como si fueran familia. El sentimiento era mutuo.
El sol se puso y los jóvenes  de dieciocho y veinte años descansaban uno en cada sofá.

Exile - Damian Wayne.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora