Gwendoline Queen se muda a Gotham desde Star City. Está harta de vivir bajo la protección de su hermano mayor, Oliver Queen.
Trabaja como camarera y estudia medicina para cumplir su sueño de ayudar a los más necesitados.
Su vida da un drástico gir...
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UN MES ERA EL TIEMPO que Jason Todd había tenido que estar en el hospital. El chico estaba en coma desde la noche en la que la heroína lo trajo moribundo. Desde ese momento Gwen se pasaba casi todos los días encerrada con él contándole lo vacía, triste y sola que se sentía desde que Damián se había marchado. Desde aquel día en el que dejaron su relación no lo había vuelto a ver. Cuando Gwen volvió a casa él ya no estaba, y tampoco había rastro de la mayoría de sus cosas. Ella sabía lo que eso significaba, había aceptado ser líder de la liga de asesinos y lo había hecho por ella, para que no sufriese y nadie más saliera herido. Pero lo echaba de menos todos los días. Ahora ella se había convertido en la mano derecha de Batman y sentía que estaba tomando su papel. Bruce no le contaba nada para no preocuparla, pero él sabía mucho más de lo que le hacía saber que sabía.
Gwen le estaba contando a Jason que no había podido descansar en toda la noche porque había estado pensando en Damián. Todavía dormía con sus camisetas para recordar su olor hasta que lo volviese a ver. Cada vez que sonaba su teléfono deseaba que fuese él, pero tenía la sospecha de que había cambiado su número. Le había enviado unos mil mensajes que no le había leído. Gwen se calló cuando escuchó que la máquina que controlaba el corazón de Jason se comenzaba a acelerar. Salió al pasillo gritando llamando a los médicos ya que ella no estaba en su turno. Estos la hicieron hacia atrás para comenzar a ayudar al chico. El corazón de Gwen se paró cuando el de Jason dejó de latir.
— No me dejes también por favor. — Rogó llorando. — ¡Jason despierta! — Sollozó.
Los médicos se movían de un lado a otro por lo que a Gwen le pareció una eternidad hasta que se dieron cuenta de que la reanimación era imposible. Ya lo habían perdido. Gwen sentía que su mundo se estaba viniendo abajo cuando desconectaron a su mejor amigo de la máquina y le dieron unos minutos para despedirse de él. Tomó su mano y se inclinó para llorar sobre su pecho. Él siempre había estado para ella en sus peores momentos, y había sido por su culpa que él había muerto. Había sido por su egoísmo, por querer estar con Damián. Miró como parecía estar por fin descansando tranquilamente y dejó un pequeño beso en sus labios. Sabía que Jason siempre había deseado que ese momento llegase, y aunque no eran las circunstancias que debían ser, cumplió su sueño.
Parecía que estaba viviendo una película en cámara lenta cuando vio desde la silla del pasillo como pasaba su mejor amigo en una camilla tapado por una sábana blanca. Bruce Wayne intentaba ser fuerte por Gwen, pero también estaba devastado. Abrazó a la chica y esta correspondió aquel abrazo que tanto necesitaba desde hacía un mes, ahora más que nunca.
Habían pasado ya dos días de la muerte de Jason Todd cuando se iba a celebrar el funeral. El viento soplaba frío en el cementerio, levantando pequeñas ráfagas de polvo que parecían bailar en el aire. Sin embargo, Gwen no sentía el frío, no sentía nada. En su pecho había un vacío tan grande que ni siquiera el dolor que sentía podía llenarlo. Pensó que Damián se presentaría por el funeral de Jason, pero no lo hizo. Había escuchado a Bruce hablando por teléfono y sabía que se lo había hecho saber. Jason y ella habían compartido tanto, desde las risas hasta las luchas, desde las noches de película hasta los momentos en silencio que no eran nada incómodos para ellos por la relación que tenían. Simplemente no podía entender que Jason ya no iba a estar ahí, que ya no iba a volver a recibir una llamada, un abrazo o un consejo.
El sonido de los pasos mojados sobre la hierba después de estar lloviendo todo el día la sacó de su trance. Dick Grayson se acercó hacia ella, en su rostro se reflejaba la tristeza y la pena por aquella chica que estaba perdiendo su luz poco a poco. Gwen respiro profundamente como si aquello pudiera cambiar la tormenta que sentía dentro de su cuerpo.
— No puedo imaginarme ni una quinta parte de lo que estás sintiendo, Gwen. — Esta se mantuvo callada y solo asintió mirando la tumba con el nombre de su amigo. — Quizás deberías pasar una temporada con tu familia, siempre estás sola y eso solo te hará sentir peor.
Dick miró a Gwen y luego al ataúd, este estaba cerrado y ni siquiera se habían podido despedir del chico en condiciones por alguna razón que nadie comprendía. Gwen sabía que Dick tenía razón, estaba sumida en el vacío y si seguía así iba a acabar muriéndose de tristeza. Se sentía como una completa idiota mirando a todos lados a cada momento esperando que Damián apareciese para darle un abrazo y decirle que todo había acabado, pero eso no pasó.
Cuando el funeral acabó, Gwen fue a la mansión y hizo una maleta con sus cosas más importantes. Iba a pasar una temporada en Star City, ya lo había hablado con Bruce y estaba de acuerdo, si la necesitaba para algo podía llamarla. Le dolió despedirse de Alfred y prometió llamarle de vez en cuando, pues sabía cuán solo estaba. La recogió su hermano en la puerta de la mansión. Oliver nunca había visto a su hermana pequeña tan destrozada, tan delgada y sin ánimos. Sabía que tenía que hacer algo o esto la iba a acabar matando.
Cuando llegaron a casa intentó que cenase algo, pero tan pronto como llegó se metió a su habitación y cerró la puerta con llave para de nuevo lanzarse a la cama a llorar. Recordó la noche de amor que tuvo en esa cama con Damián, como la hizo suya y le prometió amor eterno. ¿Dónde había quedado todo eso ahora? Cerró los ojos para intentar dormir, pero cada vez que cerraba los ojos revivía el momento de aquel grito desgarrador de Jason sufriendo por su culpa.