Gwendoline Queen se muda a Gotham desde Star City. Está harta de vivir bajo la protección de su hermano mayor, Oliver Queen.
Trabaja como camarera y estudia medicina para cumplir su sueño de ayudar a los más necesitados.
Su vida da un drástico gir...
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DESPUÉS DE DOS MESES llenos de amor, Gwen y Damián iban a casarse. Parecía pronto para eso, pues tan solo tenían veinte años, pero se amaban con tanta intensidad que querían ser uno solo. Querían que su amor quedase reflejado en todos los aspectos posibles. Era un bonito día en la ciudad de Gotham, la cual normalmente estaba sumida en niebla y mucha oscuridad. Esta vez no, el cielo estaba feliz por la ceremonia que se estaba por celebrar.
En la mansión Wayne todo estaba listo para celebrar el evento que les había tomado meses de planificación. Sobretodo a Gwen, quien traía locos a todos hablando de la boda a cada momento, ella quería que todo saliera perfecto y tal y como lo había deseado desde que era una niña.
La victoria frente a la liga de asesinos todavía era reciente, y por fin podían tener la paz que tanto habían ansiado desde que se conocieron y se enamoraron. La gran sala que había sido preparada para la ceremonia estaba llena de gente, todos mostraban emoción y felicidad por los enamorados. Sus familias, amigos y compañeros de equipo esperaban con ansias el inicio de la boda.
Gwen, por su parte, estaba en su habitación con Thea, con Felicity y con Marie. Sus tres amigas la habían ayudado a prepararse y la habían dejado como una princesa. El vestido de Gwen era precioso, este era blanco con preciosos detalles y una larga cola que la hacía parecer de la realeza. Alfred se asomó por la puerta, como siempre con su papel de protector y consejero.
— ¿Todo listo, señora Wayne? — preguntó con una sonrisa suave y elegante. Gwen se sintió rara ante aquella forma de llamarla, pero le gustó.
Gwen, que se encontraba mirándose en el espejo, asintió con nerviosismo. Thea le estaba terminando de ajustar el vestido para que le quedase perfecto mientras que Felicity y Marie lloraban de la emoción.
— Sí, creo que sí, Alfred. — Habló mientras le temblaba la voz. — Estoy algo nerviosa.
Alfred sonrió con ternura y se acercó a ella. Colocó una mano sobre su hombro y habló.
— Es normal, pero créeme cuando digo que jamás había visto a un hombre más dispuesto a unirse en matrimonio. Damián espera el momento con ansias desde hace mucho tiempo.
— Entonces es el momento de dar ese paso.
El pasillo que llevaba a las escaleras estaba perfectamente iluminado con unas luces doradas que sus amigas habían colocado. En las paredes colgaban cientos de fotografías de ellos, solos y con sus amistades. Momentos significativos que iban a llevar tatuados en el corazón de por vida. Mientras bajaba las escaleras sonaba en el piano la canción A Thousand Years, pedida especialmente por ella. Jason la esperó bajo la escalera y le dio su brazo. Todo el mundo la observaba, pero ella solo tenía ojos para Damián, quien cuando la vio sintió que todo se detuvo, sin poder contener esas rebeldes lágrimas.
Ella caminaba hacia él a paso firme, con una suave sonrisa en sus labios. Luchaba por no dejar escapar las lágrimas para que no arruinasen el elaborado maquillaje que había hecho Marie durante una hora entera. Cuando sus miradas se cruzaron, Gwen no pudo evitar soltar una sonrisa más amplia. Sus vidas acababan de cambiar para siempre.
El sacerdote era un amigo de la familia, que había conocido a Bruce desde sus inicios como vigilante en Gotham.
— Damián Wayne, Gwendoline Queen, ¿aceptan, en esta nueva etapa de sus vidas, caminar juntos, no solo como compañeros de lucha, sino como familia?
Damián miró a Gwen y asintió sin pensarlo demasiado, habló con voz firme.
— Lo acepto, no hay nada que desee más que estar eternamente contigo, mi habibi.
Gwen, sonriendo por la emoción, tomó las manos de su futuro marido y habló.
— Lo acepto, Damián, contigo he encontrado un hogar en la oscuridad. Lo que sea que venga, lo enfrentaremos juntos.
El sacerdote sonrió ante la sinceridad de sus palabras y les dijo que era la hora de intercambiar los anillos. Damián le colocó el anillo que había comprado especialmente para ella, que significaba muchísimo más de lo que nadie jamás pudiera imaginar.
Cuando llegó el turno de Gwen, Damián estiró su mano y Gwen le colocó la costosa joya en su dedo índice. Ambos jóvenes sonrieron y miraron al sacerdote ansiando lo que les estaba por decir a continuación.
— Por la autoridad que me ha sido conferida, yo les declaro marido y mujer. Pueden besarse.
Damián no lo dudo, acercó a la rubia hacia él colocando sus manos en la pequeña cintura de ella y tomó su mentón para besarla con una intensidad que solo ellos podían entender. Todo lo que habían pasado desde que se conocieron estaba contenido en ese gesto.
Cuando se separaron, todos los presentes aplaudieron, en especial los más cercanos a ellos. Jason los miraba feliz, a pesar de lo que él sentía por su mejor amiga, se alegraba de que fuese feliz.
— ¡Ya era hora! — Gritó Thea con una copa de vino en la mano, ocasionando la risa de su hermana.
Tras la preciosa ceremonia se dio paso a la fiesta que Gwen tanto se había esforzado por preparar. Quería que todo saliera perfecto y que su boda fuese una gran fiesta que todos recordasen. Habían contratado al mejor Dj de la zona y habían dos mesas llenas de botellas de alcohol. Para ese momento la mayoría de personas más mayores se habían ido y solo quedaba la gente más cercana a la familia. Oliver Queen y Felicity bailaban juntos en la pista de baile mientras que Thea los miraba con una sonrisa.
— Ellos serán los siguientes. — Dijo mientras bebía un sorbo de su ginebra limón.
— O quizá tú. — Gwen ya se había puesto otra ropa, un vestido blanco de seda, pero corto y de fiesta.
— No tengo la cabeza ahora mismo como para eso, siendo honesta. — Dijo ella entre risas. — Lo que yo quisiera saber es cuando me darás un sobrino.
Gwen por poco se ahogó cuando escuchó la propuesta de su hermana.
— Solo tengo veinte años Thea. — Gwen se limpió un poco ya que se había manchado de alcohol cuando rió de aquella forma ante lo que Thea le había dicho.
Damián Wayne tocó el brazo desnudo de Gwen causando un escalofrío en este. La rubia se giró para después regalarle una sonrisa. Thea se fue con Roy para dejarles algo de intimidad a los recién casados. Aquella era su última noche en la mansión Wayne. Damián había comprado un ático en el centro de Gotham solo para ellos y lo había decorado al gusto de ella.
Mientras bailaban al ritmo de la lenta canción de amor, Gwen recordaba cuando llegó a la mansión por primera vez y Damián le pareció un chico detestable. Agradecía todas las veces que había entrenado a su lado, aprendiendo todo lo que a él anteriormente le habían enseñado. Gwen suspiró con nostalgia. Habían perdido amigos por el camino, pero también habían tenido muchos buenos momentos que ahora tan solo eran recuerdos. Ambos estaban felices por empezar una nueva etapa.