Chapter 36

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DAMIÁN WAYNE ESTABA ASUSTADO por primera vez en mucho tiempo

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DAMIÁN WAYNE ESTABA ASUSTADO por primera vez en mucho tiempo. La liga de asesinos no era ninguna broma y él mismo sabía de lo que eran capaces. Cuando se lo contó a su padre no supo cómo reaccionar, pero estaba de acuerdo con él en que lo más probable era que Talía quería que ejerciese como líder ahora que ya había llegado a la mayoría de edad. Era su legado, había nacido para eso, pero no era lo que quería. Quizás si cuando era un niño, pero ahora que tenía claro que quería formar una familia con Gwen no se le pasaba por la cabeza hacer algo así. Pero no estaba dispuesto a librar una batalla por ser un egoísta y que alguien saliera herido, y que ese alguien fuese Gwen.

Bruce había conseguido contactar con Talía. En ese momento se encontraban en la azotea de un edificio de Gotham. Damián, sentado callado mientras miraba la ciudad pensando en todo lo que se le venía encima. Ahora que por fin parecía que tenían un momento de descanso y tan solo eran Gwen y Damián, el crimen y las desdichas volvían a acechar sus vidas.

— Bruce. — Una voz femenina a sus espaldas hizo levantar el rostro al menor. — Mucho tiempo sin vernos.

— Talía, dejémonos de rodeos y dinos que es lo que quieres. — Habló su padre. Damián se levantó y se posicionó a su lado.

— Damián cielo, has crecido mucho desde la última vez que te vi. — Dijo su madre con una sonrisa, él solo fruncía el ceño.

— No vuelvas a tocar a Gwen, jamás. — Advirtió con rabia el de pelo azabache al igual que su padre.

— No lo haré si haces lo que te pido, Damián.

La mujer se acercó a su hijo, lo miró con una sonrisa e intentó acariciar su rostro, pero solo recibió un empujón por parte de este. Él quería a su madre, pero le había hecho mucho daño y con solo amenazar a lo que más quería en el mundo había perdido todos sus respetos hacia ella.

— ¿Qué es lo que quieres? — Preguntó de nuevo el murciélago.

— Quiero que lideres la liga de asesinos, es tu legado y es lo que debes hacer, Damián.

Talía Al Ghul observaba a su hijo con la misma intensidad con la que siempre había mirado a sus enemigos: calculadora, implacable, pero con un atisbo de cariño bajo muchas capas de frialdad. Estaba de pie frente a él después de tanto tiempo, la figura esbelta y poderosa que siempre había sido, mientras Damián se encontraba con el ceño fruncido y el cuerpo rígido debido a su propuesta, o más bien orden, intentando mantenerse fuerte ante el peso de sus palabras.

La noche estaba iluminada por la luz de la luna y las luces de la ciudad que nunca descansaba. Damián sentía una presión en el pecho, sintiendo que lo estaba atando con una soga contra su voluntad y que no podía luchar.

— Eres el único que puede hacerlo como es debido, Damián. — Las palabras de su madre caían como un martillo pesado sobre su pecho. Mientras que Bruce Wayne se mantenía callado dejando de su hijo hablase con su madre. — La liga necesita un líder con la fuerza de su padre y la determinación de su madre, y ese eres tú.

Damián apretó los puños con la mirada fija en el suelo, sabía lo que venía, esta conversación no era nueva. Había estado anticipando el momento en el que Talía volvería a intentar arrastrarlo a su mundo del que ya consiguió escapar hacia un tiempo, o eso creía. El mundo que tanto había ansiado dejar atrás desde que cruzó las puertas de la mansión Wayne cuando aún era un niño. 

— No quiero serlo. — Murmuró Damián sin levantar la vista del suelo. Su voz era firme, pero había una grieta en ella, como si estuviera luchando con algo con lo que sabía que no podía luchar. — No quiero ser el líder de la liga, no quiero ser alguien como tú, madre.

Talía ni siquiera se movió, ni un solo músculo de su cara mostró el mínimo atisbo de tristeza o enfado. La calma con la que lo miraba era casi más aterradora que cualquier estallido de furia.

— Y aún así lo serás. — Sus palabras resonaban en su mente como una sentencia. — Sin un líder la liga se desmoronará. Las personas que la componen esperan tu comando. Ya no puedo seguir al mando, Damián, la eternidad es un un peso demasiado grande.

Damián levantó la cabeza, sus ojos verdes llenos de determinación, pero también de angustia. Gwen. Ella era un pensamiento constante en su mente, la razón por la que todo le parecía un cruel tormento. La razón por la que todo se había vuelto tan complicado para él.

— No puedo hacerlo, madre. — Dijo con voz firme y sin miedo. — Tengo una vida aquí con alguien que me importa de verdad, ¿no puedes entender eso como madre? No quiero perderla, no voy a ser líder de la liga de asesinos. No voy a dejar que eso destruya lo que tengo con ella.

Talía lo observó por unos segundos. Sabía lo que estaba diciendo. Sabía que su hijo por primera vez en su vida se había negado a su destino. Pero Talía no era una mujer que cediera por los deseos de otros, incluso por los de su hijo.

— Si no lo haces — continuó diciendo con calma, como si estuviera esperando su respuesta. — me veré obligada a tomar decisiones que preferiría evitar tomar. Esto no es una amenaza, Damián, es una realidad. Si no aceptas tu destino tu mundo y el suyo se desmoronarán, y ella tu enamorada pagará el precio de tu debilidad.

Las palabras de su progenitora eran frías, pero Damián sentía el peso de cada una de ellas como un golpe directo al corazón. Ella no bromeaba. Si él no cedía, su madre no dudaría en hacerle daño a Gwen para obligarlo a ejercer.

— Hazlo. Damián. — La voz de su madre lo sacó de su tormenta interna. — El futuro de la liga depende de ti, y si amas realmente a esa chica, si realmente deseas protegerla, tendrás que ser el hombre que naciste para ser. En este mundo solo los fuertes sobreviven.

Damián la miró, lleno de rabia y tristeza, sin querer ceder ante sus amenazas y órdenes, quería luchar. Quería luchar por tener un futuro con Gwen. Pero jamás se podría perdonar que alguien le hiciese daño por su culpa, y no podría vivir si eso ocurriese. Cerró los ojos con fuerza gracias al dolor de cabeza que azotaba su mente, y cuando los abrió Talía se había esfumado. Tan solo estaba su padre poniéndole la mano en el hombro en señal de apoyo. Pero él solo pensaba en que hacer con su vida ahora mismo.

Exile - Damian Wayne.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora