Gwendoline Queen se muda a Gotham desde Star City. Está harta de vivir bajo la protección de su hermano mayor, Oliver Queen.
Trabaja como camarera y estudia medicina para cumplir su sueño de ayudar a los más necesitados.
Su vida da un drástico gir...
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NO SABÍA CÓMO había llegado a su cama, pero se despertó con el cuerpo adolorido después de aquella noche tan horrible. Por un momento pensó que todo había sido una pesadilla y que su mente le estaba jugando una mala pasada por dormir poco tiempo y hacer demasiados esfuerzos. Pero el dolor de sus músculos confirmaban lo que en la noche anterior había sucedido. Sin pensarlo más se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta, chocando en la salida con una persona que conocía demasiado bien.
— Habibi, no sabía que habías despertado.
Abrazó a su novio poniéndose de puntillas y él correspondió a su abrazo mientras dejaba besos en su cabeza y en su frente. Él era quien la había traído a la cama después de llegar a la cueva.
5:34 - a.m.
Después de aquella pelea en la que desquitaron toda su rabia con aquel grupo de hombres que tanto miedo les había causado a sus chicas, fueron a toda velocidad a la cueva.
Gwen ya estaba dormida en un sofá, estaba herida en el rostro y tenía algunos moretones en las piernas. Mientras que Felicity estaba examinando la sangre de Thea, quien estaba acostada en una camilla hasta que vio a Oliver entrar por la puerta. Este miró primero a Felicity y le sonrió, lo que causó algo de dolor en Thea, pero después corrió a abrazarla mientras besaba su frente.
— Siento tanto no haberte encontrado en este tiempo. — Susurraba mientras la abrazaba.
— Entiendo que dejases de buscarme. — Mintió, pues ella jamás hubiese dejado a uno de sus hermanos.
Damián se acercó a su novia para acariciar su rostro y cogerla en brazos. Se dirigió a Jason quien los miraba con algo de celos, pero asintió sabiendo que Damián iba a llevársela para descansar.
— ¿Tú me trajiste aquí? Lo último que recuerdo es quedarme dormida en la cueva. — Dijo mientras miraba a sus lados para saber si había alguien por ahí.
— Todos están en la cueva, menos Jason, él está durmiendo. — Dijo su novio cuando vio a lados fémina buscar a alguien.
— Voy a hablar con él. — Damián estaba algo celoso, pero lo entendió y asintió.
Gwen giró sobre sí misma y fue hasta la habitación de invitados en la que Jason se estaba quedando estos días. No había hablado mucho con él desde hacía unos días, y eso la entristecía porque eran muy buenos amigos.
Tocó dos veces la puerta, cuando este le dio permiso entró y se tapó los ojos cuando lo vio desnudo y con el pelo mojado. Gwen se giró avergonzada mientras escuchaba la risa ronca del mayor.
— Eres idiota, sabías que estaba aquí. — Se quejó la rubia mientras le lanzaba una toalla todavía con los ojos tapados. Tras unos segundos se quitó la mano y se giró a mirarlo para sentarse en su cama a hablar con él. — Damián te mataría si supiera lo que acabas de hacer.
— ¿Tú ves aquí a Damián? — Se agachó para mirar debajo de la cama. — ¿Estás... aquí Damián? — Gwen soltó una carcajada que ocasionó una sonrisa en el chico del mechón blanco. — ¿Qué necesitas rubia?
— Quería darte las gracias por todo lo que has hecho por mí estos días. — Dijo mientras jugaba con sus dedos.
— No tienes que agradecerme nada, eres familia para mí. — Gwen sonrió y se levantó para darle un abrazo que él correspondió al instante.
— Te quiero Jay Jay. — La rubia se inclinó para dejar un beso en su mejilla. Realmente a Jason no le bastaba con eso, pero la respetaba y la quería. La respetaba mucho más de lo que su hermanastro había demostrado, pero por eso mismo no la agobiaba y no se metía en sus decisiones.
— Yo también rubia. — Este le revolvió el pelo jugando mientras que ella arrugaba la nariz.
— Vístete, vamos a la arrow cueva. — Dijo esta separándose de él para dirigirse esta vez a la puerta. — Nos vemos allí.
Gwen salió de la habitación y fue a bajar las escaleras para encontrarse con su enamorado, quien estaba mirando la hora en su reloj Versace. Cuando Damián la vio se acercó para ofrecerle su mano, ayudándola a bajar las escaleras.
— Thea te está esperando rubia. — Dijo el de cabello azabache mientras le abría la puerta principal.
— Es increíble como ha cambiado mi vida desde que me mudé a Gotham. — Pensó Gwen en voz alta caminando hasta el Porsche negro de Damián Wayne. — He perdido a tanta gente, y también he vivido tantas cosas...
— Así es la vida Gwen. — Añadió el varón mientras se colocaba el cinturón una vez se montaron en el lujoso coche de alta gama. — Pero siempre hay que seguir hacia delante sin quedarse estancado en el pasado.
— Eso es fácil decirlo. — Bufó.
— Que no muestre mis sentimientos no significa que carezca de ellos, habibi. — Gwen lo miró y sonrió de lado. — ¿Quieres volver a Gotham o quieres quedarte aquí?
— ¿Por qué me preguntas eso? — Preguntó ella sin entenderlo.
— Acabas de recuperar a tu hermana, pensaba que querrías estar más cerca de ella.
— Exacto, acabo de recuperar a Thea, y no quiero perderte a ti. — Respondió tras unos segundos en silencio. — Te quiero, y quiero estar contigo.
— Eres luz, Gwen, no dejes que nadie jamás te apague — dijo mirándola — ni siquiera yo.
Una vez llegaron al lugar, ambos bajaron del coche y Gwen fue directa a comprobar el estado de su hermana, quien ya estaba mucho mejor. Felicity y Oliver estaban hablando, o discutiendo, pero Damián llegó para interrumpir la conversación ya que necesitaba hablar con Oliver. Thea le contó a su hermana que Roy ya no estaba enamorado de ella, y que eso la había roto en mil pedazos, pero que entendía que aunque para ella el tiempo se había parado en ese día, para él habían pasado años y su vida había seguido.
Pasaron todo el día hasta el atardecer juntas, hablando, riendo, llorando y poniéndose al día sobre todo lo que les había sucedido en este tiempo. Cuando el sol se puso, dejaron en la cueva a Roy y a Thea, pues todavía tenían mucho de lo que hablar y él sería quien se quedaría esa noche cuidándola. Por otro lado, Gwen durmió con Damián, pero no pasó nada más ya que por la mañana siguiente partirían hacia Gotham y no querían estar cansados. Los dos enamorados durmieron abrazados disfrutando del calor que emanaba el cuerpo del otro.