Dabi - Fluff (1)

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Había humo por todas partes cuando Dabi te vio.

De pie entre los escombros, despeinada  y la cara asquerosamente manchada , pero aún así... increíble. Perfecta. No era la primera vez que te veía en medio del caos, pero cada vez era lo mismo: se le revolvía el estómago de esa manera que no entendía del todo, pero que lo quemaba más que su propio fuego. Era un problema.

Te giraste mirando a los lados afirmando que todo estaba en orden, dentro de lo que podías llamar orden en ese momento. Con tus aires "heroicos" que tanto odiaba y admiraba al mismo tiempo. No tenías miedo, al menos no como el resto. Era como si realmente pensases que podías salvarlo todo, incluso a él. Pero Dabi sabía que no podías. Porque él es un desastre andante, un villano con las manos manchadas de cosas que tú jamás perdonarías.

Aquella noche, la suerte no estaba de su lado. La Liga había sido interceptada antes de tiempo, todo salió mal y terminó bastante más herido de lo que esperaba. Intentó huir, pero las piernas le fallaban. Y para colmo, tú lo habías encontrado.

Tu mirada se cruzó con la de Dabi al otro lado del callejón medio derrumbado. Tenías el ceño fruncido, claramente agotada pero aún firme, intentando enfocar lo que veías al fondo. Dabi quería decirte algo sarcástico, alguna estupidez que rompiera la tensión, pero el dolor por todo su cuerpo no lo hizo posible.

Bajaste la guardia un poco, aunque sin acercarte demasiado.

—¿Estás... herido? —preguntaste con un poco de cautela porque no sabías cómo reaccionaría.

Dabi bufó, intentando no mostrarte lo mucho que dolía respirar.

—Nah, solo me apetecía una siesta aquí, entre los escombros.

—La misión ha terminado. No estoy aquí para capturarte. —Tus ojos recorrieron su figura, las quemaduras, los hilos sueltos de sus grapas y las manchas de sangre—. Déjame ayudarte, anda.

Dabi sintió una punzada extraña. Porque lo decías en serio. Claro que lo decías en serio.

—¿Tú?  Eso va contra tu código. —Intentó dar un paso atrás, pero su pierna flaqueó y terminó apoyándose en la pared con un gruñido de dolor.

Dudaste unos segundos pero finalmente llevaste un dedo al comunicador de tu oído.

—Misión concluida. Estoy volviendo a casa. —Hiciste una pausa—. No, no necesito refuerzos. Todo bajo control.

Dabi parpadeó, confuso.

—¿Por qué haces eso? —preguntó, jadeando.

Te acercaste más, ahora casi a su lado. Tu mirada era suave, pero decidida.

—Porque no pienso dejarte aquí. Y porque sé que, si quisieras matarme, ya lo habrías hecho.

Él no supo muy bien cómo, pero terminó en tu apartamento.

Tu apartamento.

Estaba mareado, pero lo suficientemente consciente como para darse cuenta de lo jodida que estaba la situación. Un villano, en la casa de una heroína. Lo habías arrastrado (literalmente) hasta allí, murmurando algo sobre curarle las heridas. Y ahora está sentado en tu sofá, con la chaqueta medio abierta y la camiseta empapada de sangre mientras buscabas en el botiquín.

Dabi dejó caer la cabeza contra el respaldo del sofá y cerró los ojos.- Espera dos minutos, en lo que me cambio de ropa- Él ni si quiera abrió los ojos.

Podía sentir tu aroma en ese espacio: limpio, dulce, con un toque a flores que lo hacía sentir aún más fuera de lugar. Él olía a ceniza y quemaduras, un contraste tan ridículo que casi le dio risa.

—Vale, esto te va a doler. —Tu voz lo sacó de sus pensamientos.

Abrió un ojo justo cuando te arrodillabas frente a él, con vendas y un frasco de antiséptico. La visión lo desarmó por completo: tan cerca, tan concentrada en cuidarlo como si él se lo mereciese.

—¿Tienes idea de lo jodidamente ridículo que es esto? —murmuró él, incapaz de evitarlo.

Alzaste la vista, claramente molesta.

—¿Dejarte morir solo y desangrado? Sí, claro, muy ridículo. —Y sin más, presioné la gasa empapada contra su costado herido.

Dabi siseó, maldiciendo entre dientes.

—Podrías ser más delicada,  ya sabes.

—Deja de quejarte.

Pero fue entonces cuando él lo notó: tus manos temblaban un poco. Tu determinación era firme, pero estabas nerviosa. No por miedo a él. Por lo que estabas haciendo. Por la línea que estabais cruzando. Y eso... eso le hizo sentir un calor diferente en el pecho.

El tiempo pasó lento mientras terminabas de curarlo. Cuando terminaste, te quedaste ahí, en el suelo, mirándolo con esa expresión tan suave que a Dabi le dolió mirarla.

—¿Por qué? —preguntó de nuevo, más bajo esta vez.

Desviaste la mirada.

—Porque...  sé que no eres tan malo como pretendes ser.

Siempre te había causado un picor muy curioso, preguntabas a todo el que podías sobre Dabi. Cuando conociste su historia , ese niño que dio todo de sí para sentir validación, tu corazón se congeló. Quizás no se te darían bien muchas cosas, pero tu función en el mundo era ayudar, y sabías que bajo muchas capas había un corazón esperando a ser mimado, darle a él lo que ninguno de los dos tuvo nunca. Por ridículo que suene lo admirabas; era tu gran secreto por el que podrías perder tu trabajo o cosas peores.

Y ahí estaba. La grieta en su máscara, esa maldita fragilidad que llevaba tanto tiempo escondiendo. Dabi tragó saliva y apartó la mirada, sintiendo que el pecho le ardía de una forma diferente al dolor físico.

—Deberías estar lejos de mí —susurró, con la voz ronca.

—Tal vez —respondiste con suavidad—. Pero no quiero estarlo.

Silencio. Un silencio tan tenso que casi se podía tocar. Seguías ahí, tan cerca. Tan jodidamente cerca. Os mirabais el uno al otro como obras majestuosas en un museo. Y entonces ocurrió.

Fue él quien se inclinó primero, pero no retrocediste.. Tu aliento cálido contra su piel. Y después... vuestros labios.

No fue un beso perfecto. Fue torpe, con él temblando más de lo que querría admitir y tú con los dedos aferrándose a su camisa como si temieras que se fuera a desvanecer. Pero para Dabi, fue como si todo el universo se redujera a ese momento.

Cuando os separasteis, respirando con dificultad, solo os quedasteis mirando el uno al otro de nuevo.

—¿Estás bien? —preguntó él y asentiste. Solo había silencio y culpa,  culpa por seguir vuestro deseo e ir en contra de las normas, culpa por seguir a vuestro corazón.

Él se rió suavemente, aunque por dentro sentía como si su corazón fuera a explotar.

—Ojalá pudiera alargar este momento para siempre —murmuró, más para sí mismo que para ti.

Pero sabía que no podía. No era su mundo. No era su lugar. Solo podía disfrutarlo... por ahora.

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Ya tengo la parte 2 CASI lista!! Que os ha parecido? Personalmente me encanta escribir sobre Dabi.

BNHA ONE SHOTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora