Unas llaves atravesaron la cerradura y comenzaron a dar vueltas haciendo su característico sonido, esto solo podía significar una cosa, bakugo había vuelto. Siempre lo esperas en el sofá viendo la tele, leyendo o simplemente cotilleando en redes sociales.
-¡Ya estoy en casa!- canturreó tu novio alargando la última palabra de esta oración.
Apareciste en la entrada con vuestro gato en brazos, realmente ese gato era tuyo pero desde que conoció a Katsuki descubriste que lo quiere más a él.
Besó tu frente y seguidamente agarró al gato, "Hola pequeño"- exclamó mientras levantaba al felino en brazos-.
-Tienes cara de cansado, ¿Estás bien?
-Sí, solo necesito descansar. Bueno, y una ducha - añadió guiñándote un ojo mientras dejaba su chaqueta en el perchero de la entrada.
-No me lo digas dos veces
Te sacaste el pantalón y tu novio terminó por retirarte la ropa interior, se relamió mirándote de pies a cabeza y agarró tu cintura para definitivamente entrar a la ducha.
Cuando terminaste de aclararte el pelo dirigiste la mirada a su espalda, por la que ahora corría el agua caliente. La masajeaste suavemente, el rubio suspiró y echó la cabeza para atrás. Su pelo empapado quedó en tu hombro mientras lo abrazabas desde la espalda .En menos de 3 segundos ese calmado momento se había transformando en tu cara contra el cristal mientras Bakugo tenía las manos alrededor de tu culo, parecía que lo estuviese midiendo o algo similar. Lo recorría de arriba a abajo con sus manos, como si fuese la primera vez que lo tenía delante. Y desde luego que no era así. Poco después una de sus manos se deslizó hacia abajo siguiendo tu trayectoria favorita, bingo, había llegado a tu clitorís. El órgano más sensible que una mujer posee, pues ahí mismo se encontraban sus manos, haciendo círculos y masajeándolo durante un buen rato. Hoy en día era complicado encontrar a un hombre que no tuviese prisa por llegar a su momento de placer, uno que también sepa disfrutar el de su compañera. Por suerte, Katsuki era uno de esos. Todavía no sabías si era una cuestión de orgullo, pero le encantaba verte gemir y estremecerte con su tacto. Estuvo un rato haciendo el amago de introducirte los dedos, lo estabas deseando pero no ibas a darle el placer de que lo supiera. Por experiencia sabes lo que le gusta "que le pidas las cosas", pero a veces preferías esperar a que el aburrimiento le obligase a hacerlo. Por fin lo hizo, te metió los dedos y comenzó a hacer ese movimiento rápidamente golpeando tu punto G. Quizá la paciencia no sea lo suyo, o sus aires de superioridad puedan cansarte, pero no podías negar que esto se le daba de maravilla. Y tus gemidos lo demostraban.
Cuando consideró que había sido suficiente acercó los dedos a tu boca y los chupaste con gusto. Pudiste notar su erección desde hacía un rato ya que no paraba de frotarla contra ti. El agua seguía corriendo y él no dudó en entrar de una sola estocada, soltaste un grito que inundó el baño. No sé si os lo había contado antes pero pillarte por sorpresa también es de sus cosas favoritas. Siguió, cambiando de intensidad pero mantuvo la posición. Agarraba tus pechos de vez en cuando o tu pelo mientras suspiraba en tu nuca. Los fuertes choques de la piel no cesaban y el rubio no mostraba intenciones de dar por acabada la fiesta hasta que su chica quisiese, todo un caballero.
-Bakugo...ya casi.
No dudó en acelerar el ritmo mientras notaba como tus paredes se agarraban a su miembro. Finalmente el orgasmo se presentó, desde lo más profundo de tu garganta hasta los oídos del rubio ceniza que lo había provocado. Un par de estocadas más tarde salió de ti con una sonrisa de orgullo en la cara y cubierto de tus fluidos. Bajaste para chuparlo un par de veces y limpiar lo que habías hecho, aun que a él no le importaba en absoluto.Cuando terminaste alzaste la mirada hasta encontrarte con sus ojos, su dedo pulgar limpió tus labios para luego besarlos mientras acababa en tu abdomen. Vuestras frentes se juntaron mientras las respiraciones de ambos trataban de tranquilizarse, dejaste varias marcas repartidas por su cuello, hombro y pecho.
Al salir de la ducha se ató la toalla a la cintura mientras que tú aún te secabas. Se puso frente al espejo para observar las marcas que habías dejado, se le escapó una sonrisa mientras las tocaba. Por si esto no había sido suficiente, el siguiente día no tardó en ponerse su mítica camiseta negra de tirantes para que todos pudiesen ver quién era su chica.
