El alta llegó una mañana tranquila, demasiado tranquila para todo lo que había pasado en esa habitación. El médico habló con la naturalidad de quien está acostumbrado a dar buenas noticias camufladas en advertencias: reposo relativo, rehabilitación constante, paciencia. Mucha paciencia. Dijo que aunque sonara como un milagro, en unos meses podría volver a hacer vida normal si seguía las indicaciones al pie de la letra.
Asentí a todo, porque lo único que de verdad escuché fue volver a casa.
Cuando el médico se fue, me quedé mirando la ventana durante unos segundos. La luz entraba limpia, sin filtros, sin pitidos de máquinas acompañándola.
Katsuki estaba sentado en la silla de siempre, la misma en la que había dormido casi todas las noches desde aquel día. En cuanto acababa el trabajo en la agencia venía. Tenía el cuello apoyado contra el respaldo y los brazos cruzados, absurdamente guapo. Como siempre. Cuando me miró, su expresión fue inmediata.
—¿Qué te ha dicho?
—Que puedo irme —respondí—Hoy.
No levantó la voz ni hizo ningún comentario. Solo exhaló el aire que parecía haber estado reteniendo desde hacía días, deseando que lo que iba a salir por mi boca no fuera una mala noticia.
—Bien—Sus ojos se abrieron de golpe con una pequeña sonrisa ladeada.
Preparar las cosas fue más sencillo de lo que esperaba. En realidad no tenía tantas, pero parecía que las bolsas se multiplicaban solas. Katsuki insistió en encargarse de todo. Yo me limité a observarlo mientras recogía ropa, papeles, cosas que amigos y compañeros habían ido trayendo sin que yo me diera cuenta.
Cuando intenté levantarme sola, se giró de inmediato.
—Eh —dijo acercándose—Despacio.
Me ayudó a ponerme de pie, con una mano firme en la cintura y otra pendiente de que las muletas no se movieran. No dijo nada, pero estuvo atento a cada gesto, como si temiera que en cualquier momento pudiera romperme.
—Puedo hacerlo —murmuré.
—Ya lo sé —respondió—Pero no tienes que hacerlo sola.
No discutí.
El trayecto hasta casa fue silencioso. Katsuki conducía con una concentración exagerada, parecía que el tráfico era su enemigo personal. Yo miraba por la ventana, reconociendo calles que me parecían nuevas después de tantas semanas encerrada.
Cuando llegamos insistió en cargar con todas las bolsas, incluso con las que claramente podía llevar yo.
—Bakugo, de verdad...
—Ni lo intentes.
Subimos despacio. Cada escalón era un pequeño recordatorio de que aún no estaba al cien por cien, pero también de que estaba avanzando. Al entrar en mi piso, algo dentro de mí se relajó por completo. Tanto tiempo sin estar aquí.
Katsuki dejó las bolsas en el suelo y se quedó mirando alrededor unos segundos, como evaluando el espacio. Luego empezó a moverse sin pedir permiso, dejando las cosas en su sitio, preguntando solo cuando era estrictamente necesario.
—¿Esto va aquí?
—Sí.
—¿Y esto?
—En el armario de mi habitación.
Me miró confuso.
—Ah, es la que está al fondo a la izquierda.
Trabajaba en silencio, eficiente. Me ayudó a sentarme en el sofá cuando terminé agotada, acomodándome con extremo cuidado.
Cuando todo estuvo en su sitio, se sentó a mi lado. Ni demasiado cerca ni demasiado lejos. El piso estaba en silencio. Por primera vez en mucho tiempo no había máquinas, ni pasos de enfermeras, ni horarios que cumplir.
Solo nosotros.
—Se siente bien —dije rompiendo el silencio—Estar aquí.
—Sí. Me gusta tu casa.
Le devolví una sonrisa.
Nos quedamos callados un rato más pero no incómodos, al menos yo. Cerré los ojos, dejando que la tranquilidad me envolviera. Katsuki estaba tenso, podía sentirlo incluso sin mirarlo.
—Tengo una cosa que preguntarte —dijo de repente.
Abrí los ojos y lo miré.
—El médico me ha dicho que con el tiempo podré volver a las misiones sin problema —me adelanté—Que solo necesito rehabilitación y no hacer estupideces.
Su expresión se suavizó al instante.
—¿Sí? —preguntó emocionado—Joder... me alegro. Me alegro MUCHÍSIMO. —Enfatizó el "muchísimo" con ilusión, pero su cara se volvió tensa de nuevo en pocos segundos.
—Pero no me refería a eso.
Volvió a ponerse serio, nervioso. Bakugo nervioso era algo tan poco habitual que era sorprendente.
—Aún no me has dado una respuesta.
El aire cambió.
—Sobre... —añadió innecesariamente. Los dos sabíamos de qué hablaba.
—Lo sé —respondí
Se pasó una mano por la nuca evitando mirarme.
—No quiero presionarte. De verdad. Sé que acabas de salir del hospital y que todo esto ha sido demasiado. Solo... necesitaba saberlo.—Habló para rellenar silencios.
Lo observé sin hablar unos segundos, que estoy segura que para él se sintieron eternos. Pensé en esas semanas en el hospital. En cómo había estado ahí cada día. En cómo no habíamos vuelto a hablar de sentimientos, pero tampoco lo habíamos evitado del todo. En ese beso una noche cualquiera, fue un beso sincero, del que ninguno dijo nada al día siguiente.
Sonreí—Si ahora mismo pudiera moverme como antes del accidente, probablemente me habría subido encima de ti en cuanto cerramos la puerta.
Katsuki levantó la vista de golpe.
—¿Qué?
—Te habría quitado la ropa como respuesta —continué encogiéndome de hombros—Pero como no puedo moverme demasiado... —lo miré— espero que puedas conformarte con un sí.
Se quedó completamente quieto.
—¿Sí? —repitió, como si necesitara asegurarse de haber escuchado bien.
—Sí, Bakugo.
No le di tiempo a procesarlo. Se inclinó hacia mí de golpe y me rodeó con los brazos, con cuidado pero con una fuerza contenida que me dejó sin aire. Me aferré a su camiseta, apoyando la cara en su pecho y sonriendo emocionada.
Sonreía tanto que me empezaba a preocupar.
Su abrazo fue firme, protector, real. Noté cómo su respiración se estabilizaba poco a poco y como tampoco me soltaba.
Se separó lo justo para mirarme y me besó. No fue precipitado ni desesperado. Fue lento y suave. Correspondí sin pensar, dejando que el momento se asentara en mí.
Cuando nos separamos, apoyó su frente contra la mía.
—Prometo hacerlo bien —dijo en voz baja.
Le di un pequeño beso y volvimos al silencio, pero uno muy distinto al anterior.
—¿Quieres quedarte aquí a dormir? Creo que después de tanto tiempo en esa silla del hospital te mereces un buen descanso.
—Mi casa está a cinco minutos, pero no pienso rechazar dormir contigo.
—Gracias por todo, Katsuki.
Respondió con un beso en la frente.
