Dabi - Fluff (4)

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Te sentías como si estuvieseis en una burbuja donde el resto del mundo no existía... o al menos, hasta que salías al trabajo y te recordaban quién eras tú y quién era él.

Estabas en tu escritorio revisando informes cuando llegó el mensaje.

*Toya ❤️*:

"Esta noche paso por casa, preciosa."

Sonreíste de inmediato, como una niña de quince años con su primer novio. Pero, claro, lo que no esperabas era que Present Mic, quien pasaba casualmente por tu mesa, se fijara en tu expresión.

—¡Eh, eh, eh! ¿Qué es esa sonrisilla sospechosa? —dijo señalándote con entusiasmo—. Vamos, no puedes ocultarlo, ¿quién es el afortunado?

Intentaste salir del paso como siempre.

—¡No es nada! Solo... un amigo. Ya sabes, alguien que... —te trabaste un poco, y eso no hizo más que aumentar las sospechas.

—Ohhh, así que hay alguien. —Se cruzó de brazos con una sonrisa satisfecha—. Vamos, no puedes dejarme así. Dame algo, aunque sea un pequeño detalle.

Respiraste hondo, intentando mantener la calma.

—Es complicado, Yamada. No estamos... oficialmente saliendo ni nada por el estilo. Además, no es el momento de hablar de eso —dijiste desviando la mirada, aunque tus mejillas ardían.

—Ya veo. "Complicado". Lo pillo, lo pillo. —Su tono era bromista, pero al final terminó dándote espacio—. Cuando estés lista para hablar, aquí estaré. Pero, oye, sonríes mucho últimamente. Me alegra verte así.

Le dedicaste una sonrisa de agradecimiento, aunque no dijiste nada más. Cuando finalmente terminó el día, te pasaste por ese restaurante que tú y Dabi adorabais. Llegaste a casa con las bolsas en la mano y, una lucecita se iluminó, así que  lo primero que hiciste fue abrir el grifo para llenar la bañera con agua caliente. Sabías la falta que le hace después de... bueno, de todo lo que él hacía ahí fuera.

Estabas ajustando la temperatura del agua cuando escuchaste la cerradura girar. Te levantaste rápido y te fuiste hacia la puerta, encontrándolo ahí, de pie, con un ramo de flores en la mano.

No podías evitar emocionarte. Lo miraste con una sonrisa enorme mientras caminabas hacia él.

—Vaya, ¿usando las llaves? ¡Qué responsable! Pensé que entrarías por la ventana otra vez.

Sonrió de lado, aunque parecía... nervioso. Algo MUY raro en él. Extendió el ramo hacia ti, sin mirarte directamente a los ojos al principio.

—No me acostumbro a esto de hacer las cosas "normal". —Dejó escapar una pequeña risa—Pero... son para ti.

Tomaste las flores, ilusionada, y le preguntaste con dulzura:

—¿Celebramos algo?

Suspiró y se rascó la nuca, claramente incómodo. 

—Mira... llevo un tiempo queriendo decirte algo, pero soy un puto desastre para estas cosas. —Hizo una pausa— Tú me has cambiado la vida. Me has ayudado más de lo que puedo explicar, y eso me jode porque no sé si lo merezco. Pero... no quiero seguir siendo un cobarde contigo.

Sus palabras te dejaron sin aliento.

—¿Cobarde? —preguntaste en voz baja, animándole a seguir.

—Sí. Porque llevo años enamorado de ti y no me atrevía a hacer nada porque sabía que era imposible. Y ahora, que puedo besarte, abrazarte, ver tus ojos brillantes todos los días... no me atrevía a hacer las cosas bien. Joder, quiero estar contigo, oficialmente, como se supone que debería ser. —Su voz temblaba un poco, aunque lo disimulaba con esa seguridad suya—. No soy el mejor para esto, pero... ¿quieres salir conmigo?

Una lágrima se deslizó por tu mejilla, y Dabi la notó de inmediato, su expresión cambió a una mezcla de confusión y preocupación.

—¿Qué pasa? ¿He dicho algo mal? —preguntó rápidamente, pero tú negaste con la cabeza y lo abrazaste con fuerza, apoyándote en su pecho.

—No, Toya. Es perfecto. —Lo miraste con una sonrisa llena de emoción— Las personas que están destinadas a estar juntas, lo acabarán estando. Sin importar las diferencias. 

Te devolvió el abrazo, sus manos temblando un poco mientras te sujetaba. Después de unos segundos, inclinó la cabeza para besarte.

—Por cierto, yo también tengo una sorpresa —dijiste cuando os separasteis, limpiándote las lágrimas rápidamente.

—¿Ah, sí? —preguntó con curiosidad.

—Es menos emocionante que la tuya, pero... —Sonreíste—. Hay un baño caliente esperándote y una cena bastante guay.

Te miró con ilusión.

Se acercó a ti con una sonrisa, observando el agua humeante de la bañera.

Te giraste hacia él y le extendiste la mano—. Anda, ven. Quiero que te relajes.

Dabi se quitó las botas y la camiseta, dejando al descubierto esas cicatrices que alguna vez trató de ocultarte. Cuando finalmente se desnudó por completo, te siguió al agua. Tú ya estabas dentro, esperándolo. Se metió lentamente, dejando escapar un leve suspiro.

— ¿Qué hice para merecer esto?

—Ser tú

 De vez en cuando, él abría los ojos para mirarte, con esa expresión tranquila que pocas veces veías fuera de estos momentos. Se inclinó hacia ti y agarró tu cara entre sus manos, besándote suavemente.

—Gracias. No solo por el baño... por todo. —Su voz era baja, casi un susurro.

Salisteis del baño juntos, secándoos entre risas porque, como siempre, dejó caer agua por todo el suelo.

—Eres un desastre, Toya.

—Lo sé. Pero ya sabes lo compenso con otras cosas, ¿no? —Dijo con una sonrisa pícara dirigiendo sus ojos a su entre pierna guiñándote un ojo

Cuando terminasteis, llevaste la comida al salón y colocaste todo en la mesa. 

—Eres demasiado buena para alguien como yo. —Se dejó caer en la silla

—Y tú eres demasiado duro contigo mismo. Anda, come antes de que se enfríe.

Mirabas la felicidad que se reflejaba su cara por fin.

—No es que me guste hablar de trabajo, pero... ¿sabes? Siempre estoy pensando en volver a casa. Es lo único que realmente importa al final del día. —Te miró con una sonrisa tranquila antes de llevarse otro bocado a la boca.

Al acabar, os fuisteis al sofá, pero no durasteis mucho antes de decidir ir a la cama. Era viernes, y como siempre, sabías que esa noche dormiríais juntos. No había fin de semana en el que no fuera así.

Ya en la habitación, mientras te ponías el pijama, él se sentó en el borde de la cama, mirándote con una sonrisa que no se molestó en ocultar.

—¿Qué? —preguntaste, notando cómo te observaba.

—¿Es estrictamente necesario que te pongas ropa para dormir?

—Siempre puedes quitármela— Le guiñaste un ojo

Te acercaste a él y te inclinaste para besarlo suavemente en la frente antes de meterte en la cama. Dabi te siguió, rodeándote con sus brazos desde atrás. Te giraste para mirarlo, pasando una mano por su pelo desordenado.

—¿Sabes? Me encanta cuando estamos así. Sin que nadie nos moleste.

Él sonrió y asintió, apoyando su frente contra la tuya.

—Yo también. Contigo me siento... no sé, como un crío otra vez. 

Te acurrucaste más cerca de él, sintiendo cómo te abrazaba con más fuerza.

Te miró durante un largo momento, y luego susurró:

—Gracias por hacerme sentir querido. De verdad.

—Siempre lo mereciste, Toya. Solo necesitabas recordarlo.


BNHA ONE SHOTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora