Bakugo Katsuki - Fluff (1)

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No me di cuenta de que alguien había entrado hasta que escuché los pasos que se acercaban hacia mí. Abrí los ojos despacio, seguía algo aturdida, y lo primero que vi fue el techo blanco de la habitación. Durante los primeros segundos no sabía dónde estaba. Luego el pitido constante de la máquina a mi lado me lo recordó.

Giré la cabeza con cuidado, sintiendo punzadas de dolor.

Katsuki estaba allí.

De pie, rígido, con un ramo de flores demasiado grande en las manos. Llevaba el ceño fruncido, los hombros tensos y la mandíbula apretada con fuerza. Prácticamente como siempre.

Cuando nuestras miradas se cruzaron, se quedó aún más quieto.

—Estás despierta —murmuró.

Su voz parecía más baja de lo habitual. No era autoritaria ni cortante, más bien frágil.

—Sí —respondí, carraspeando un poco—Hola, Bakugo.

No me devolvió el saludo. Dio un par de pasos acercándose a la  cama y dejó las flores en la mesilla con un cuidado exagerado. Luego se quedó allí, mirándome, y fue entonces cuando lo noté.

Sus ojos estaban rojos.

Bakugo no lloraba. O al menos, no delante de nadie. Nunca. Verlo así me descolocó tanto que tardé unos segundos en reaccionar. En la oficina habían pasado mil cosas que lo habían llevado más allá de sus límite y no asomó ni una sola lágrima, aún así, sé que al llegar a casa se desmoronaba como una pieza mal seleccionada en el Jenga. 

—¿Qué...? —empecé, pero no terminé la frase.

Su respiración se volvió irregular. Apretó su pantalón, y durante un instante pensé que iba a gritar, como siempre hacía cuando no sabía manejar una emoción. Pero no lo hizo.

En lugar de eso, su voz se rompió.

—Casi no sobrevives.

La frase cayó con un peso brutal. No tenía ni idea de qué decir. Él tragó saliva y sin esperarlo las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas. No hizo ningún esfuerzo por limpiárselas. Simplemente dejó que sucediera.

—Me lo dijeron ayer —habló con la voz rota—Dijeron que habías perdido el conocimiento en la misión. Que llegaste inconsciente y en muy malas condiciones. Que... —paró un segundo para coger aire— que fue muy grave.

Nunca lo había visto así.

—Bakugo... —susurré.

Negó con la cabeza—No. No me llames así ahora —dio un paso más, hasta quedar justo al lado de la cama—Ni si quiera me avisaste, al resto de la oficina sí.

Eso me dolió.

—No fue así...

—¡Claro que fue así! —alzó la voz sin rabia pero con desesperación—Soy tu jefe. Trabajo contigo todos los días. Y aun así me entero por el resto de que estás en un hospital, conectada a máquinas, porque casi no sales viva de una misión que yo mismo te asigné. Joder, si hubiera ido yo tú estarías bien.

Se pasó una mano por el pelo, temblando.

—Cuando me dijeron que estabas fuera de peligro...  Sentí que se me aflojaban las piernas y me tuve que sentar.

Lo miré con el pecho apretado.

—Katsuki... no te llamé porque... —dudé— porque pensé que no querías saber nada de mí.

Se quedó quieto.

—¿Qué?

—Llevas semanas evitándome. Apenas me hablabas. Y cuando lo hacías, eras más seco de lo normal. Me lo tomé como que preferías mantener distancia.

Su expresión cambió. El enfado se desvaneció, dejando solo culpa.

—Así que... —murmuró— por eso no me llamaste.

Asentí.

—No quería molestarte, siempre estás ocupado. 

El silencio se hizo denso. Katsuki cerró los ojos con fuerza, y cuando los volvió a abrir, las lágrimas volvieron más fuertes.

—Joder...

Se sentó en la silla junto a la cama, inclinándose hacia adelante.

—Pensé que si me alejaba un poco... se me pasaría.

Mi corazón dio un vuelco—¿El qué?

Apretó la mandíbula. Durante unos segundos no dijo nada, como si estuviera decidiendo si realmente quería decirlo. Luego suspiró cansado.

—Lo que siento cuando estoy contigo.

Levantó la vista despacio y me miró, serio y vulnerable.

—No sabía ponerle nombre —continuó—Solo sabía que no era normal. Que no me pasaba con nadie más.

Tragó saliva.

—Me di cuenta el día que volviste de esa misión en invierno. ¿Te acuerdas? Llegaste empapada, congelada, y aun así te quedaste ayudando a los demás antes de irte a casa. Yo estaba hecho una mierda ese día, enfadado con todo, y tú... —esbozó una sonrisa triste— Me hablaste como si nada, trajiste café para los dos y te sentaste a mi lado. Me dijiste que todo iba a estar bien aunque no lo pareciera.

Recordé perfectamente ese día.

—Sentí calma contigo, siempre la siento y eso me asusta. Porque no es algo que yo tenga. 

Tomó aire todavía con la respiración entrecortada.

—Empecé a fijarme en cosas estúpidas. En si habías comido, si dormías poco, si estabas demasiado callada. Y cuando me di cuenta de que pensaba en ti incluso cuando no estabas... supe que algo serio estaba pasando.

Negó despacio—Pensé que lo mejor era poner distancia. Que si me alejaba, dejarías de importarme tanto. Pero fue justo al revés.

—Que lo hicieras me dolió, Katsuki —susurré.

—Lo sé —respondió de inmediato—Pensé que estaba protegiéndome. Que si no te veía tanto, se me pasaría. Pero cada día era peor. Y cuando me dijeron que estabas aquí... —su voz volvió a romperse—Lo primero que pensé es que te perdía sin haber sido nunca honesto.

Se llevó una mano al pecho, apretando la tela de su camiseta.

—No me lo habría perdonado.

Me acerqué un poco, ignorando el dolor que invadía mi cuerpo y apoyé mi mano sobre la suya. Katsuki se quedó rígido al principio, pero luego la giró para entrelazar sus dedos con los míos.

—No sabía nada de eso —dije—Solo veía a mi jefe distante y pensé que te había decepcionado en alguna misión.

Negó con fuerza.

—Nunca —me miró—Eres una de las mejores personas de la agencia. Y no solo por tu trabajo.

Sus ojos recorrieron mi cara con cuidado.

—No quiero perderte —admitió—Ni como empleada. Ni como persona. Ni como... nada.

El pecho me dolía de tantas emociones.

—No tienes que decidir nada ahora —añadió rápido—Estás herida. Solo... necesitaba que supieras la verdad. No quiero que esto te genere una preocupación.

Apreté su mano con suavidad.

—Gracias por venir —le dije—Y por decirme todo esto.

Katsuki inclinó la frente hasta apoyarse contra el borde de la cama, todavía sujetándome.

—Prometo no volver a alejarme así —murmuró—Aunque me asuste.

Sonreí, cansada pero tranquila.

—Eso es suficiente para mí.

Siguió sujetando mi mano como si fuera lo más importante que tenía.


BNHA ONE SHOTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora