Dabi - Fluff & Smutt (3)

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Aquella noche se me hizo eterna.
Dabi no estaba. No dijo dónde iba ni a qué hora volvería, algo en mí se removía con cada minuto que pasaba. La casa estaba demasiado en silencio, y el reloj del pasillo marcaba las horas como si quisiera recordarme que estaba sola.

Ya me había duchado, lavado los platos, puesto una lavadora y solo había pasado media hora que se sintió como dos.

Mientras tanto, Dabi estaba en un bar pequeño, sentado frente a la misma persona que lo había ido a buscar aquel día en coche. 

—¿Vas a seguir con esa cara mucho tiempo? —preguntó dándole un trago a su cerveza.

Dabi se pasó una mano por el pelo y soltó un suspiro—Joder. No sé qué hacer.

—¿Con ella?

Dabi no respondió, pero la mirada lo delató.

—No eres tan misterioso como crees, sabía que iba por ahí. Cuéntame —apoyó los codos sobre la mesa, divertido.

—Nos besamos.

El otro se atragantó un poco con la cerveza.
—¿Perdón? ¿Qué? ¿Cuándo?

—Hace unos días —murmuró él, mirando la botella entre sus manos—Fue... no sé. Pasó y ahora los dos hacemos que no pasa nada.—Hizo una pausa larga.—O sea... dormimos juntos y eso...

—¿QUÉ?—Lo interrumpió.

Sí.—Dabi apretó la mandíbula.— Pero sin decir nada. A veces me despierto abrazándola y no sé ni cómo.

Su amigo lo miró de reojo, con una sonrisa cómplice.—A ver, ¿Me estás diciendo de forma muy seria que duermes con esa tía todos los días y que no os habéis vuelto a besar ni habéis hecho nada?

—Dicho así suena raro de cojones...—confesó sincero—Nunca me importó si alguien se quedaba o se iba. Pero con ella ya fui un gilipollas los primeros meses y no quiero que me vea como a los demás.

—Bro, ella ya te vio. Y sigue ahí. Si después de convivir contigo, aguantarte y verte fumar dentro, todavía se queda, es porque algo siente también.

Dabi se rió y negó con la cabeza.—Eres un imbécil.

—Sí, pero uno con razón. Haz algo.

Intenté leer. Luego poner algo en la tele. Pero nada servía. Al final, apagué las luces y me quedé en mi habitación, mirando el techo. No podía dormir.

No sé en qué momento me levanté. Caminé descalza hasta su puerta. Estaba entreabierta. Dentro, todo en penumbra, un sutil olor a tabaco y a su colonia. 

Me senté en el borde con el corazón latiéndome en las sienes. Levanté la manta y me colé entre las sábanas, pude sentir su olor en la tela de nuevo. Respiré tranquila.

Habría pasado una hora más o menos, en la cual dormí veinte minutos aproximadamente. Hasta que escuché la puerta principal. El clic de la cerradura, sus pasos lentos.

Se quedó quieto al verme en su cama.
No dijo nada. Solo me miró, desconcertado y con una tímida sonrisa sin dientes. 

—No podía dormir —susurré antes de que preguntara nada.

—Lo siento, tuve que salir. —Su voz era baja y más suave que de costumbre. Dio un paso más dentro, cerrando la puerta con suavidad—¿Y pensaste que aquí sí podrías? 

Asentí, con una media sonrisa.

Me miró un poco más y empezó a desvestirse, cuando solo quedaba su pantalón puesto yo lo observaba desde la cama.

BNHA ONE SHOTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora