Dabi - Fluff

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Las siete de la tarde.

Lo supe antes de mirar el reloj porque mi cuerpo ya iba en automático. El día había terminado, por lo menos para mí, y la única expectativa real era abrir la puerta de casa y verla allí dentro. Tenía ganas de hablar, raro en mí, pero el día había dado para eso. Había tenido una cantidad de momentos absurdos impresionantes hasta para mí, que nada me sorprende. 

Abrí la puerta y entré sin hacer ruido.

—Ya estoy —dije dejando las llaves.

Nadie contestó.

Fruncí el ceño ante la ausencia de respuesta. No por alarma, sino porque normalmente siempre había algún sonido; ya sean pasos, música baja o una queja desde el otro lado del piso. Avancé por el pasillo y la vi.

Dormida en el sofá.

Estaba tapada con la manta que uso siempre porque un día me dijo que olía a mí y eso le encantaba. Encogida en el sofá, una mano entre los cojines y la cabeza ladeada. Me quedé quieto unos segundos observándola y se me escapó una sonrisa tonta de la que no fui consciente.

Me acerqué despacio y me incliné un poco para verla mejor. Dormía profundamente. 

Había llegado con ganas de contarle el día entero, pero al verla así, cualquier impulso de despertarla se fue a la mierda. Si estaba así era porque el cuerpo ya no le daba para más.

Me senté en el sofá a su lado, con cuidado. No la toqué al principio, solo apoyé los codos en las rodillas y me quedé ahí. La presencia de ella, incluso dormida, me calmaba algo por dentro.    

Pasaron unos minutos. Quizá más. Hasta que decidí mirar la hora.

—No vas a cocinar ni de broma... — dije mirándola.—Y tampoco te voy a despertar para ver que te puedo hacer de cena.

La idea de la pizza apareció sola en mi cabeza.

Antes de levantarme, me incliné un poco más y acomodé mejor la manta sobre ella. Luego salí del apartamento.

Cuando volví, con la pizza aún caliente, la casa seguía en silencio. Dejé la caja en la cocina y volví al salón. Ella seguía en la misma posición.

Me agaché frente a ella.

—Eh —dije en voz baja—Bella durmiente.

Nada.

—Vamos, que si sigues así te despiertas mañana.

Esta vez se movió. Frunció el ceño, murmuró algo que no entendí y abrió los ojos despacio. Tardó unos segundos en enfocar.

—¿Touya...? —dijo bastante desubicada.

Antes de que pudiera decir nada, rodeó mi cuello con los brazos y me atrajo hacia ella. Solté una risa baja, sorprendido, y apoyé una mano en su espalda para que no se cayera del sofá. Me encantaría decirle que me encanta que haga esto, pero sencillamente no me sale hacerlo. Mi forma de decirle que la quiero es hacer cosas, no decirlas. Y espero que nunca se canse de eso.

—Ey... tranquila —dije—No te estoy secuestrando.

Apoyó la cara en mi cuello aún medio dormida, aferrándose como si no quisiera soltarme. Cerré los ojos un segundo.

—¿Qué hora es...? —preguntó.

—La hora de la cena—respondí—Casi las ocho.

Se separó un poco para mirarme, parpadeando.

—Me quedé dormida aquí...

—Se nota —dije mirándola de arriba abajo—Tienes cara de no haber elegido esa postura voluntariamente.

Ella bufó, medio riéndose, medio avergonzada, pero no me soltó.

—Hueles a... ¿pizza?

—Ajá.

—Touya...

—Levántate antes de que te vuelvas a quedar KO. Hay cena.

—¿Cena?

—Y sorpresa.

Eso fue suficiente. Se levantó con algo de torpeza y se apoyó en mí. Pasé un brazo por su cintura para ayudarla a caminar hasta la cocina.

Cuando vio la pizza sobre la encimera, se le iluminó la cara.

—¿Has salido a comprar esto?

—Alguien tenía que alimentarte —respondí.

Me miró unos segundos en silencio y luego se acercó a abrazarme. Bajé la vista para verla.

—No me mires así —dije—Que luego te acostumbras—Me reí

—Ya lo estoy —murmuró ella.

Chasqueé la lengua pero no la solté, le di un beso en la cabeza.

Comí de pie, frente a ella que se había sentado en la encimera. La veía medio adormilada todavía y me hacía mucha gracia, le conté mi día exagerando las partes más absurdas para verla reír.

—Eres idiota —dijo ella en un momento.

—Y aun así aquí estás.

—Por desgracia.

—Mentira. Estás encantada.

Ella sonrió rindiéndose.

Cuando terminamos, recogí lo justo y volvimos al salón. Ella se sentó primero y apoyó la cabeza en mi muslo. Le pasé una mano por el pelo, despacio, jugando con los mechones.

—Deberíamos ir a dormir —dijo ella al poco rato.

Poco después nos levantamos. Apague las luces mientras ella se metía en la cama. Cuando se acostó a mi lado se giró inmediatamente buscando mi pecho. Joder, eso me encogía el corazón como nada en este mundo.

Rodeé su espalda con un brazo y apoyé la barbilla sobre su cabeza. Como hacía siempre, y ojalá que nunca cambie.

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Hace un tiempo me pedisteis uno de Dabi como pareja y aquí está. Espero que os encante. 

Muuuuack 💗

BNHA ONE SHOTSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora