El apartamento huele a chocolate.
No es una suposición. Es un hecho. Abro la puerta y lo primero que me golpea es ese olor denso y cálido, demasiado acogedor para mí. Me gusta por mucho que me guste hacerme el duro.
Me quedo quieto un segundo pienso—Chocolate posiblemente implica horno... Horno implica esfuerzo y... esfuerzo es que algo raro está pasando.
Cierro la puerta con el pie sin hacer mucho ruido y voy hacia la cocina.
—Como haya explotado algo... —murmuro antes de entrar.
Enciendo la luz y ahí está ella. Harina en la mejilla, el pelo recogido de cualquier manera y una mirada sospechosamente brillante busca alguna expresión en mí.
En las manos sujeta un plato con un pastel de chocolate y una sola vela encendida.
Me apoyo en el marco de la puerta de brazos cruzados y la observo como si estuviera contemplando una escena del crimen.
—No —digo.
—Sí —responde demasiado satisfecha.
—Ni lo intentes.
—Ya es tarde.
La llama tiembla suavemente.
—¿Qué es esto? —pregunto aunque es evidente.
—Pues un detalle.
—Es una trampa emocional.
—También.
Entrecierro los ojos—No es mi cumpleaños.
Ella levanta una ceja—Lo es.
—No recuerdo haberlo confirmado.
—No hacía falta, sé usar Google.
Gruño por lo bajo.—No deberías buscar cosas mías.
—Espero que puedas perdonarme por eso.—Contestó con sarcasmo.
—Mmm supongo que tendrás que hacer algo para que pueda perdonarte.
Me sonríe con picardía en respuesta a lo que he dicho pero en menos de un segundo vuelvo a estar mirando el pastel con el corazón encogido.
No canta ni hace espectáculo. Solo se queda ahí, sosteniendo el plato como si fuera algo delicado.
Y creo que eso me descoloca más que cualquier canción desafinada.
—No tenías que hacer nada —digoen un susurro acercándome a ella.
—Lo sé, no tenía que hacerlo pero quería.
Eso es peor.
Miro el pastel con más atención: el glaseado está un poco torcido, hay una esquina hundida y el chocolate ha resbalado por un lado sin pedir permiso. Me recordó un poco a la tarta que le lleva Hagrid a Harry Potter en su cumpleaños.
—Lo hiciste tú.
—¿Tan evidente es?
—Muchísimo.
—Pues cállate.
La vela sigue ardiendo.
—No me gustan estas cosas —murmuro.
—No tienen que gustarte, solo tienes que soplar la vela antes de que la cera caiga en la tarta.
—No significan nada.
—Perfecto. Sopla y seguimos con nuestra vida.
La observo unos segundos, ella no aparta la mirada y tampoco parece nerviosa.
