—No me hagas esto, joder...— gruñó Katsuki desde la cama casi vulnerable.
Sonreíste mientras terminabas de ponerte el pijama, notando cómo su mirada ardía sobre ti. Desde donde estabas, podías ver perfectamente su polla empalmada marcándose bajo la tela y, aún más evidente, su expresión de sufrimiento.
—Te estás muriendo de ganas...— dijiste con una sonrisa lasciva desde los pies de la cama.
—Las paredes son de papel en este hotel de mierda—dijo pasando una mano frustrada por su pelo —Y tenemos al brócoli en la habitación de al lado...
Soltaste una risa baja y divertida.
—Sí, la verdad es que no quiero traumatizar al pobre Izuku... —admitiste mientras te deslizabas bajo las sábanas para meterte a su lado.
Katsuki dejó escapar un suspiro pesado.
—A menos que quieras jugar a las cartas, creo que es mejor dormir, Katsuki.
—Lo sé... —murmuró, como si le costase admitirlo.
Le diste un beso en la frente antes de darte la vuelta, acomodándote de espaldas a él, y apenas lo hiciste sentiste cómo su brazo rodeaba tu cintura. Sonreíste para ti misma. Lo conocías demasiado bien.
Ya que estabas, querías jugar un poco, echaste la cadera hacia atrás, chocando sutilmente con su empalme. Un sonido bajo escapó de su garganta y a la vez sentiste como su respiración ser aceleraba.
3, 2, 1... contaste mentalmente.
Tal como lo imaginaste, su mano comenzó a deslizarse por tu cuerpo con movimientos lentos. Desde tu torso hasta tus caderas, de vuelta a tu cintura, y más abajo... Repetía el recorrido con desesperación contenida, intentando controlarse pero fracasando con cada caricia.
Tiraste de su pelo, obligándolo a enterrar la cabeza en la curva de tu cuello. Notaste su aliento cálido sobre tu piel antes de que dejara un mordisco pequeño, casi pidiendo permiso. Un escalofrío recorrió tu espalda, es justo lo que querías.
—No sabes lo jodidamente difícil que lo estás haciendo... —murmuró contra tu piel, con la voz ronca.
Un leve susurro salió de tus labios cuando comenzó a besar tu cuello, desde la mandíbula hasta la clavícula mientras soltabas suaves suspiros.
No aguantaste más. Te giraste sobre la cama y te encontraste con su mirada encendida y llena de lujuria.
No hubo necesidad de decir nada. En cuanto sus ojos se encontraron con los tuyos, vuestros labios chocaron en un beso intenso, hambriento.
Tus dedos se aferraron al cuello de su camiseta con fuerza, tirando de él para acercarlo más. Él soltó un gruñido ahogado y en un solo movimiento, deslizó tu camiseta hacia arriba, impaciente por sentir más de ti.
—Joder... —murmuró entre jadeos.
Su mirada se oscureció aún más cuando sus manos encontraron tu piel. Y ahí supiste que ya no había vuelta atrás.
Se movió sobre ti de modo que su cuerpo pesaba sobre el tuyo, su calor envolviéndote por completo. Con sus manos recorría tu torso con urgencia y casi ahogándose entre besos.
Con la mano en su nuca volviste a hacer presión hacia ti, desesperada por sentir más aún. No podía hacer nada ante ti, eres su mayor debilidad.
Sacó tu camiseta sin mucha dificultad y entre jadeos y suspiros miró tus tetas para meter la cabeza en medio y chuparlas.
-¿Pero tú estás viendo esto?- Dijo sujetándolas con las manos y mirándolas casi babeando.
Te reíste por lo bajo ante su fascinación y metió dos dedos en tu boca, llenos de saliva bajaron por tu cuerpo hasta llegar al medio de tus piernas. Se deslizaron entre tus labios llegando a tu clítoris y trazando círculos sobre él. Se acercó a ti de nuevo y mordió tu labio.
Bajaste su pantalón agarrando su polla empalmada y moviendo la mano de arriba a abajo solo para ver como echaba su cabeza hacia atrás.
-Necesito metértela ya joder...
Su mano bajó por tu cuerpo con movimientos lentos pero intensos, como si memorizara cada curva, cada temblor que te provocaba. Y cuando finalmente se acomodó entre tus piernas y su punta rozó tu entrada, un suspiro tembloroso escapó de tus labios.
—Shh... — Su palma caliente cubrió tu boca al instante. Su mirada estaba oscura, llena de deseo, pero también de advertencia.
Las paredes eran de papel.
Pero sentirlo entrando en ti tan lento, tan profundo, hizo que se te arqueara la espalda sin poder evitarlo. Tus dedos se clavaron en sus hombros con fuerza, mientras él contenía un gruñido al hundirse por completo en ti.
Comenzó a moverse con control al principio, marcando un ritmo lento. Sus labios rozaban tu cuello, su respiración era errática y su agarre en tu cintura era tan fuerte que sabías que al día siguiente ibas a llevar sus marcas.
Cada vez que estabas a punto de soltar un gemido, su mano presionaba más contra tu boca, silenciándote. Pero podía sentir tus temblores, el modo en que tu cuerpo se aferraba al suyo, cómo se estremecía cada músculo con cada embestida profunda y certera.
No podías contenerte más y envolviste tus piernas en tu cintura queriendo sentirlo más dentro todavía.
—Mierda... —murmuró con la voz ronca.
La tensión se acumulaba en su cuerpo. Su cadera se movía en ti de forma más brusca, más desesperada.
Y de repente, se detuvo.
Sacó su mano de tu boca con un movimiento decidido y su mirada ardía con algo salvaje.
—¿Qué cojones estoy haciendo? —murmuró, casi para sí mismo y sacó la mano de tu boca.
Antes de que pudieras responder, él volvió a embestir dentro de ti con fuerza, arrancándote el gemido que había estado conteniendo toda la noche.
—Déjame oírte.
Su deseo por ti era más grande que su preocupación por Izuku, más fuerte que cualquier muro de hotel.
Y cuando lo hiciste, cuando te escuchó gemir sin impedimentos, algo dentro de él pareció romperse por completo. Sus movimientos se volvieron más desesperados y hambrientos. Cada jadeo, cada sonido que escapaba de tu boca lo volvía loco.
Se inclinó sobre ti y os perdisteis en un beso desesperado, devorador. Sus manos, su piel, su calor, todo te envolvía mientras tus gemidos llenaban la habitación provocando que se corriese, perdiéndose en el placer sin importar nada más.
Katsuki se dejó caer a tu lado, tirando de ti hasta dejarte acurrucada contra su pecho. Sus dedos trazaban círculos perezosos en tu espalda mientras su respiración se estabilizaba.
—Nunca me canso de esto — susurró.
Levantaste la vista, encontrándote con sus ojos encendidos, pero esta vez no solo de deseo, sino de algo más profundo. Algo que iba más allá del momento.
—¿De esto? —susurraste, acariciando su mandíbula con cariño.
Katsuki suspiró y cerró los ojos un instante.
—De ti.
Tu corazón dio un vuelco. Sonreíste suavemente y besaste su pecho antes de cerrar los ojos.
—Entonces será mejor que te acostumbres... porque no planeo ir a ningún lado.
Él no respondió, pero el apretón firme de su brazo alrededor de tu cuerpo fue todo lo que necesitaste como respuesta.
