Había pasado bastante tiempo desde la última vez que me reunía con tanta gente. Jirou llevaba días insistiendo en que me animase a quedar con su grupo, esa mezcla un tanto peculiar de amigos de la que me hablaba a todas horas.
—Te lo vas a pasar bien, ya lo verás —me dijo mientras caminábamos hacia el piso de Kaminari—Además, son muy majos, aunque un poco raritos.
—¿Y lo dices tú? —bromeé, dándole un empujón suave a lo que Jirou sonrió ligeramente.
—Precisamente por eso. Yo ya estoy acostumbrada, pero quiero que los conozcas.
La verdad es que me venía bien cambiar de aires. No esperaba nada más allá de pasar el rato y reírme un poco.
Cuando llegamos se escuchaba el salón lleno de risas, conversaciones que se cruzaban y un desorden que encajaba con lo que había escuchado de Kaminari. En medio de todo aquel barullo, una presencia destacaba: Bakugo Katsuki.
No era la primera vez que escuchaba hablar de él, Jirou y Kaminari solían mencionarlo, a veces riéndose de lo gruñón que podía ser, otras admirando lo mucho que había madurado en los últimos años. Pero ahí estaba, con el ceño ligeramente fruncido, sentado en el sofá con un bebé en brazos; Su hija Hana.
Jirou me había contado algo de que fue un accidente y que lo último que esperaba era ser padre a los 22 años, por lo visto no volvió a saber nada más de la madre de Hana después de que ella naciese. Ahora solo estaban ellos dos.
La niña parecía tener apenas unos meses, y aunque Bakugo la acunaba con cierta maña, el llanto de la pequeña inundaba la casa.
—Tío, ¿No hay ninguna manera de que pare?— Preguntó Sero
—Lo he intentado todo —murmuró con voz baja acariciándole la espalda— Nada funciona.
—Quizá tiene sueño —sugirió Kirishima.
—O hambre —añadió Denki.
Bakugo negó despacio sin dejar de mirarla, como si ya hubiera repasado todas las opciones posibles. Suspiró y miró alrededor, algo cansado pero sin perder la calma.
—¿Puedo probar? —pregunté sin pensar demasiado.
Bakugo levantó la mirada hacia mí. Fue apenas un segundo, pero sentí que me examinaba de arriba abajo. No había desconfianza, diría que era más bien sorpresa. Me pasó a la niña con cuidado. Nuestros dedos se rozaron un instante más de lo necesario y una chispa recorrió mi piel.
Para asombro de todos, el llanto cesó poco a poco. Hana me miró con esos ojos nublados y se aferró a mi camiseta con su diminuta mano.
El silencio fue inmediato.
—Increíble —murmuró Kaminari.
—Supongo que hemos conectado —respondí encogiéndome de hombros.
Bakugo no dijo nada al principio, pero sentí su mirada clavada en mí, intensa.
—Lo importante es que esté tranquila —añadió al fin, con voz firme.
La acuné un poco en mis brazos caminando por el salón hasta que finalmente se durmió y me senté en el sofá.
Con el paso de las semanas las reuniones ya eran algo cotidiano. Y casi siempre, de alguna forma, yo terminaba con Hana en brazos. Ella se relajaba conmigo, como si me conociera de siempre. Y Bakugo, aunque intentaba disimularlo, empezó a agradecerlo con gestos cada vez más claros: un asentimiento, una media sonrisa, o esa mirada dulce que fijaba en mí.
Una tarde en el parque Hana se encontraba en el regazo de su padre, me senté a su lado y extendió sus pequeños brazos hacia mí. Katsuki me la cedió con una sonrisa, la acomodé en mi pecho y tardó poco en dormirse.
—Es asombroso —dijo Kirishima, sonriendo—. Nunca había visto algo así.
—Yo tampoco —añadió Sero—. Bakugo ya hay una segunda favorita.
Bakugo, sentado a mi lado, se inclinó un poco, lo suficiente para que su hombro rozara el mío.
—Solo contigo se siente así de segura—Su voz era baja y grave, casi un secreto entre los dos. El roce de su hombro me provocó un cosquilleo en el pecho que no me abandonó el resto de la tarde.
Los momentos así empezaron a repetirse a lo largo de estos dos meses. Cuando me pasaba a Hana, sus manos siempre se posaban un segundo más sobre las mías. Cuando nos sentábamos cerca, sus rodillas rozaban las mías y ninguno se apartaba. Había silencios cómodos, miradas que se conectaban y momentos cargados de algo que ninguno de los dos se atrevía a poner en palabras.
Jirou, observadora como siempre, no tardó en notarlo. Aquel día me llamó para tomar algo las dos solas.
—Oye ¿Qué opinas de Bakugo? —me preguntó sin rodeos.
Miré mi taza de café intentando saber que decir.
—No me vas a negar que no sientes nada, te conozco.
—Es... complicado. Katsuki es atractivo, claro. Muy atractivo. Pero hay mucho más que no sé explicar con palabras. Me siento cómoda con él. Y con Hana... es como si todo encajara.
—Pues que lo sepas — contestó ella— él tampoco puede disimular contigo. Y créeme, se le nota más de lo que crees.
Me reí nerviosa, pero las palabras se quedaron dando vueltas en mi cabeza.
Mientras tanto, entre los chicos, el tema también salió en otro bar.
—Vale, Bakugo —dijo Kirishima, sonriendo— tengo una pregunta para ti.
—Adelante— Contestó el rubio muy alerta al ver que Kirishima escondía algo en esa sonrisa.
—¿Sientes algo por ella?
Bakugo guardó silencio unos segundos, con la vista fija en la mesa.
—Te conocemos y sabemos que se te enciende algo dentro cuando la tienes cerca.—Complementó Sero
—Me gusta.
Las risas se apagaron. Nadie se atrevió a interrumpir.
—Es muy guapa. Y me siento...no sé, raro. Nervioso. Como si no supiera qué hacer. Y cuando está con Hana... esa precioso verlas. Como le sonríe a mi hija como si fuese suya... me mueve algo por dentro.
Kirishima le dio una palmada en el hombro—Entonces ya sabes lo que toca.
Bakugo asintió. En sus ojos brillaba esa determinación que solía reservar para las cosas más importantes.
—Hana y tú os merecéis algo bueno, me alegro.— Dijo Kaminari serio como pocas veces lo habían visto.
Desde entonces, algo cambió. Los chicos me contaron lo que él había dicho y doy por hecho que Jirou había hecho lo mismo con él. Bakugo ya no apartaba la mirada tan rápido, siempre se sentaba a mi lado. Sin decir nada empezamos a sentir que lo inevitable se acercaba, lento pero seguro, como una chispa que prende en silencio hasta volverse fuego.
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Espero que os encanteeee, me parece una historia preciosa. En nada ya tenéis la parte 2!!
P.D: tengo un montón de borradores que tengo que terminar de editar y publicarlos.
