Se dice que el tiempo y el destino tienen una manera curiosa de presentarse, pues sea tarde, temprano o a tiempo, estos siempre llegan, lo esperemos o no.
Hay momentos, cruciales e irrepetibles, que nos llegan tarde, como el susurro de un secreto que ya no puede cambiar lo que fue.
Quizá pensemos que esos retrasos nos arrebatan el futuro, que el curso de nuestras vidas se ve alterado por un simple desliz de los relojes. ¿Pero y si les dijera que todo está trazado tal como debe ser? Tal vez, solo tal vez, la espera era necesaria para que el corazón tomara el camino correcto, aunque lamentemos sucesos y pérdidas, no podemos cambiar el rumbo de la vida, por más que intentemos ir contra nuestro destino, este se encargará de ponernos justo donde debemos estar y con quien debemos estar...
Después de todo, hay quienes luchan por encontrar el amor en medio de su propio odio, creyendo que uno puede reemplazar al otro. Pero al final, el odio se desvanece, como las sombras bajo la luz del día, y lo que permanece es el amor: una fuerza que, aunque difícil de reconocer en su principio, siempre emerge con el paso del tiempo. Así es la vida, un continuo aprendizaje, donde las decisiones y los sentimientos, aunque contradictorios, nos enseñan a crecer, a entender que todo ocurre no solo por el destino, sino por nuestra propia mano. Al fin y al cabo, cada paso, incluso los tardíos, nos conduce exactamente al lugar donde necesitamos estar.
Yo, finalmente, querido lector, estoy donde siempre debí estar, escribiendo para ustedes con amor, pasión, dedicación y respeto, sin más mentiras ni secretos. Aprendiendo cada día junto a ustedes de lo que se trata la vida: decisiones incorrectas de las cuales debemos aprender, sin lamentaciones por volver a equivocarnos, siempre y cuando nos levantemos de todo tropiezo intentando mejorar...
Como un último recordatorio en este nostálgico panfleto, me gustaría aconsejarlos y recordarles que nunca será verdaderamente tarde si somos honestos con nuestros sentimientos y actuamos con valor, no permitan que su vida se vaya en lamentaciones...
Desde lo más profundo de mi corazón les agradezco esta segunda oportunidad que me han dado.
Siempre suya
- Penelope Bridgerton
Se sentía fuera de la realidad, parecía un sueño, un muy bueno, uno que ni siquiera a Penelope habría podido imaginar. Ella finalmente firmando su panfleto con su propio nombre, sonrió al ver su nombre acompañado del apellido Bridgerton.
Lo más irreal no era solo tener el apellido del hombre y la familia que había amado desde siempre, sino que había sido gracias a la misma reina que había podido contraer matrimonio con ese hombre, ese maravilloso hombre que la esperaba impaciente a que terminara su panfleto en el sofá de su estudio, el estudio de la casa que ahora compartían.
Lo miró atenta mientras él leía un libro, intentando calmar sus ansias de ir a dormir con ella. La felicidad que irradiaba en la vida de Penelope parecía más que irreal, sin embargo comenzó a obligarse a dejar de pensar en que su vida era un sueño, tenía que empezar a creer de verdad que esa era su vida, pues no obtuvo nada con facilidad, había luchado por su libertad, por su amor y por supuesto, por su felicidad. Merecía ser Feliz, incluso si algunos opinaban lo contrario, ella lo merecía.
- ¿Amor? ¿Has terminado ya? -Colin bajó el libro y la miró, ella solo asintió y se levantaron al mismo tiempo- ¿Piensas en algo?
- Solo pensaba en lo afortunada que soy de tenerte -se acercaron mientras ambos sonreían, ambos se abrazaron con ternura-
- Sin duda eres afortunada... -rieron- eres hermosa -tocó su cabello- yo soy el más afortunado, tengo una esposa sumamente bella, inteligente y divertida -Colin iba a besarla cuando tocaron la puerta
- ¡Papi! -los gemelos entraron del brazo de sus nanas
- Han venido a darles las buenas noches
- Queridos míos -Colin se apresuró a levantar a ambos en sus brazos- ¿Están listos para ir a la cama?
- No -La pequeña intentó alejarse de sus brazos para saltar hasta Penelope, por lo que ella se apresuró a acercarse
- ¿No quieren ir a dormir?
- ¡No! ¡Jugar! -la pequeña sonreía sosteniendo el cabello de Penelope, quien miró a Colin esperando que los dejara quedarse un rato con ellos
- Pero tienen que ir a dormir -intentó hablar con firmeza- mañana jugaremos todos en el jardín ¿les parece? -miró a los niños y a Pen.
- Haremos un picnic afuera -continuó Pen
- ¡Siii! ¡Pastel! -Oliver grito y levantó sus pequeños brazos.
- Por supuesto que habrá pastel, ahora vayan a descansar. -Colin le dio un beso a cada uno en su frente
- Buenas noches -pronunciaron ambos con ternura, Amanda le dio un gran abrazo a Penelope para después ser llevada por su nana
Aquel abrazo la hizo sentirse llena de amor e incluso la hizo sentirse en paz con Marina, cada día Amanda se asemejaba más a ella, era hermosa, la hacía querer llorar por verla una vez más cada que la miraba. La culpa había desaparecido casi por completo, peor incluso si se iba por siempre, Penelope se encargaría de cuidar a los pequeños por su amada prima.
Aunque no podían estar siempre con ellos, habían llegado a un acuerdo con Sir Philip. Aunque les habría encantado vivir como una familia los cuatro, sabían que la situación no era convencional, ni justa, Sir Philip también merecía poder convivir con la viva imagen de su hermano y su próximo heredero, por lo que la educación de los gemelos quedaba a completo cargo de él, mientras que en vacaciones y algunas fechas importantes los pequeños podían pasar a vivir con Colin y Penelope.
Afortunadamente habían conseguido una bella propiedad no muy lejos de la residencia de los Crane y lo suficientemente lejos de Londres, no querían desaparecer del mundo, pero querían tener su propio sitio de felicidad. Cerca y lejos de todo.
- ¿Estás bien? -Colin se acercó al verla con los ojos cristalizados
- Estoy bien... solo creo que con todo lo que ha pasado últimamente estoy un poco sensible -una pequeña lágrima cayó a su mejilla y la limpió- pero soy feliz, muy feliz -Colin sonrió y volvió a tomarla entre sus brazos
- ¿Sabes? Cuando los gemelos vuelvan con Sir Philip la casa se sentirá un poco vacía... Sé que ahora ambos tenemos muchas metas y ocupaciones, pero... desearía pronto tener una pequeña Pen en mis brazos...
Pen sonrió y lo beso, aunque deseaba tener suficiente tiempo para seguir su panfleto y empezar con su libro, sin duda también deseaba ser madre y más que nada, deseaba serlo con Colin, recordaba la emoción oculta que tuvo cuando creyó estar embarazada de él, esta vez no tendría que ocultarlo, no habría miedo, podía embarazarse y traer a su hijo a un hogar feliz, sin preocuparse, ni temores.
A pesar de haber tardado, la vida finalmente estaba siendo generosa con Penelope y Colin, había felicidad y paz en sus vidas y sus corazones, tanto como para hacerlos bailar sin música en una habitación silenciosa, con solo ellos dos mirándose directo a los ojos.
~FIN~
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Tarde
FanfictionLa vida de Colin Bridgerton se había visto afectada cruelmente desde que dejó Londres junto a la señorita Marina Thompson para hacerla su esposa, solo para que al volver se enterara de una verdad había salido a la luz muy poco después de que se hubi...
