Capítulo 52 - Una nueva tranquilidad

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— Nee–san, prueba esto. Lo hizo Timberland — Con una sonrisa, tomó una cucharada de sopa caliente — Está bueno, lo prometo — Agregó, acercando la cuchara a los labios de su hermana, no de sangre.

Ritsu ladeó suavemente la cabeza. Abrió sus labios, recibiendo el alimento.

Ella había despertado hace una semana, pero seguía desorientada, todavía no captaba su nueva realidad fuera de aquella prisión.

Le dolían los brazos, todavía sentía esas agujas incrustadas en su piel. Le dolían los labios, estos estaban pálidos, y por mucho tiempo habían estado inmovilizados por ese aparato que la alimentaba a la fuerza.

Sus heridas habían sido tratadas por Timberland, y esa mujer rubia le había traído ropa nueva, mientras que Style le había cortado un poco el cabello, sólo lo maltratado, y ese extraño pelirrojo le había hecho una trenza, la cual había decorado con brillo y flores.

— ¿Estás bien? ¿Te gusta? ¿Prefieres algo más? — Itona preguntó, mirándola con preocupación… no le gustaban esos ojos sin vida.

Ritsu asintió.

— I… Itona… ¿dónde estamos? — Preguntó, su voz tan baja como un susurro, mientras veía sus alrededores.

— Estamos en un lugar seguro, nee–san — Respondió, tomando sus manos con firmeza — Ellos, todos, Gakushū, Timberland, Style, Yumiko… también Karma, son nuestra nueva familia… ahora si, una de verdad —.

Por primera vez, los ojos de Ritsu, de aquella joven que vivió en la apatía por mucho tiempo…. brillaron.

— ¿De verdad? ¿Tenemos una familia de verdad? ¿Ellos nos quieren? ¿Nos cuidarán? — Preguntó, su voz un poco más alta que antes, con una mirada esperanzada.

— Así es, nee–san…. Es una familia un poco rara… pero nos protegerán —.

~ • ~

— Aguri… —.

Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, e inútilmente trataba de limpiarlas. Se la habían llevado… la habían secuestrado… ¿qué infierno estaría viviendo su hermana en ese momento?, ¿qué le estarían haciendo?

Su mente estaba plagada de cualquier cosa inhumana, las lágrimas sólo incrementaron ante los escenarios catastróficos.

Su hermana no merecía eso, no merecía nada de lo que estaba pasando.

Ella no merecía pasar por eso.

La puerta de su habitación se abrió. Entró el doctor que la había atendido desde que llegó, también estaba Karasuma, que la había estado visitando desde su ingreso al hospital.

Y atrás de Karasuma, estaba Nagisa.

— Kaede, ¿cómo te encuentras? — Nagisa preguntó con timidez, acercándose con cuidado.

— Nagisa… —.

Fue sólo un segundo, un pequeño choque entre realidades. Hilos que comenzaron a unirse, entrelazarse y romperse con otros. Emociones que tardaron en descubrir, pensamientos que intentaron esconderse.

Y palabras que nadie quería decir.

La máscara que siempre sostuvo con firmeza para que no cayera… se fue cayendo a pedazos.

Nagisa miró a Kayano a los ojos. Notó el rencor, el odio, la tristeza y desesperación juntas, con las lágrimas resbalando por sus mejillas. Aquella chica que siempre veía feliz y optimista, alegre de la vida… ya no estaba.

Sólo quedaba esa mirada.

— ¡Todo es tu culpa! ¡Todo es tu culpa! — Kaede gritó.

Kaede se había abalanzado contra Nagisa, los cables conectados a sus brazos se despegaron, causando un sangrado en ellos, pero no importaba. Con un peso casi igual entre ellos, y con el mal equilibrio de lado, ambos jóvenes terminaron en el suelo.

— ¡Desearía jamás haberte hablado! ¡Desearía jamás haberte conocido! —.

Las palabras salían con brusquedad, sin filtros. Kaede intentaba golpear a Nagisa, sin embargo, fue de manera inmediata qué Karasuma y otros trataron de separarlos. La mano de Kaede se mantenía aferrada a la camisa de Nagisa, negándose a soltarlo.

— K–Kaede, por favor — Trató de hablar.

— ¡Cállate! — Kaede exclamó, logrando darle una bofetada antes de que Karasuma finalmente lograra apartarla, sujetándola de los brazos para impedir un nuevo enfrentamiento — ¡Todo esto es tu culpa! ¡Gracias a ti mi hermana fue secuestrada, quizás esté muerta! —.

El doctor que anteriormente atendía a Kaede, ayudó a Nagisa a levantarse.

Por un momento, su mente se quedó conmocionada, recordando ese día. El campamento, Karma, Hisashi… quizás no eran las mismas situaciones, pero ciertas palabras… él mismo se las había dicho a Karma ese día, cuando estaba cegado por la ira y la confusión.

— ¡Eres el peor! ¡Te pones como la víctima cuando alguien más sufre peor que tú! —.

Los ojos de Nagisa se llenaron de lágrimas. Se liberó de las manos del doctor, corriendo hacia Kaede, y atrapándola en un abrazo.

— Kaede… perdón —.

— Te odio —.

~ • ~

Ritsu balanceaba suavemente sus pies, la silla en donde estaba era alta y no alcanzaba el suelo. Se veía en el espejo, mientras que Style cepillaba con delicadeza su cabello. En la cama, estaba Karma, que entonaba una suave melodía de cuna, jugando con una muñeca, de cabello rubio y piel blanca.

Hace un tiempo, una hora realmente, Itona había salido con Gakushū, para hacer algo que Ritsu desconocía completamente.

Timberland había salido con Yumiko e Irina, y Lovro había ido sólo para mediar entre ambas mujeres, que parecían gatos y perros cuando las juntaban.

Ella se había quedado sola, al menos por sólo unos minutos. Luego llegaron Karma y Style, ambos cubiertos de sangre mientras jalaban el cuerpo de un pobre indigente que había tenido la mala suerte de adentrarse a ese callejón de mala muerte.

Ellos se bañaron y se cambiaron de ropa. Y luego la invitaron a ir a la habitación de Style, la cual estaba decorada con muñecas hechas de diferentes materiales y tamaños.

Y mientras Karma jugaba con las muñecas, Style le había regalado un hermoso atuendo, que estaba conformado por una falda larga de color rojo apagado, con una camisa blanca con olanes, y por arriba, un chaleco de color negro con cuatro botones dorados.

Style veía a Ritsu en el espejo... y veía una hermosa muñeca.

Pasaba con suavidad el cepillo por las hebras de cabello lavanda. Su mirada se concentraba en su cabello, mientras tarareaba una canción.

Curre, noli retro respicere.
Venit venefica, et induet te vestem.
Filiam suam quaerit, quam numquam habuit.
Curre antequam errem te pro ea...
vel illum.

Por un momento, se detuvo. Miró con atención el cabello, por un momento, dejó de ser lavanda, y se convirtió en un rosa oscuro. Su mano apretó el cepillo, su mirada se desenfocó por unos instantes.

Levantó la mirada, se miró su cabello en el cristal, antes corto, ahora le llegaba a los tobillos. Una vestimenta diferente, un vestido rosa de olanes blancos, infantil y lleno de pureza... que estaba manchado de sangre.

< Dolly... >

— ¿Papá? —.

Style salió de su trance, mirando a Karma, que ahora estaba a su lado.

— ¿Qué pasa, niño gato? — Style le preguntó, mientras ejercía menos fuerza en el cepillo, dejando caer las hebras de cabello que sujetaba con su otra mano.

Ritsu lo miraba por el espejo, con sus ojos grandes y expresivos, también esperando una respuesta.

— Nada... sólo quería decirte que me gusta como eres ahora —.

Hasta regresar a mi hogarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora