39. Sospechas

202 18 70
                                        


.

(POV Serena)

39. Sospechas

.

"¿Dónde te has metido?" Es la pregunta que va y viene en mi cabeza como un boomerang.

Mientras me debato entre hacer o no la llamada a Minako, busco posibles explicaciones para su ausencia a esta hora de la mañana. Posiblemente estuvo bomba la despedida de Andrew. Posiblemente se le pasaron las copas. Posiblemente... estaba tan borracho que tuvo que quedarse en su casa, o en la de Zafiro. Aunque eso no explicaría que no me coja el teléfono, cosa que, por cierto, nunca hace. Siempre he recibido una respuesta, quizá tardía o parca pero nunca me deja colgada. Para eso, hay otras posibles explicaciones. Unas inofensivas, unas muy normales, unas absurdas y otras completamente espeluznantes. Posible. Qué palabra tan desesperante.

Coloco el filtro en la cafetera, lo relleno, y empiezo a descartar teorías. Mi humor va y viene igual que mis ideas, sintiéndome ridícula, preocupada y enojada al mismo tiempo. ¿Quién se cree que es, para simplemente largarse a desaparecer por tantas horas?

El primer trago me quema la lengua, cosa que me enfada todavía más y me pongo a toser. No quiero que Minako y Yaten me juzguen por obsesionarme con el paradero de mi novio, que crean que soy una histérica, pero me conozco; y sé que una vez que surge en mí la duda, es imposible que cualquier cosa la mate, excepto la verdad. Si se hubiera metido en un lío su hermano lo sabría, y me lo va a decir, le guste o no.

Se me olvida lo temprano que es cuando oigo la voz adormilada y enfadada de Minako. Primero se percibe indiferente ante mis cuestionamientos, incluso se burla un poco, y me dice que, si Seiya anda en malos pasos, aquello no sería nada nuevo. Algo irritada, le insisto con seriedad en que Seiya ya no tiene este tipo de patrones irresponsables y egoístas, y no le queda de otra que despertar a Yaten. Él no dice más (entre algunos improperios) que no ha sabido nada de él desde Año Nuevo. Entonces Minako se disculpa por ambos, y me ruega que me apacigüe, porque ellos volverán a dormir y yo debería hacer lo mismo. Me dice que las paranoias son malas consejeras y me asegura que ya aparecerá, tarde que temprano, con mayor mal que una resaca de los mil demonios. Sus palabras no me satisfacen en absoluto como otras veces. Debería empezar a hacer el desayuno, pues seguro estará famélico para cuando vuelva. Porque volverá para entonces, ¿verdad? ¿O es que piensa dejarme como idiota aquí esperándolo, toda la tarde del domingo?

Con el tostador trabajando, mis conjeturas también.

Ningún bar o club está ya abierto, de modo que no anda en la calle, ni tampoco se ha llevado el coche.

Si estuviera en la cárcel por peleonero ya lo sabría, porque no tendría dinero para la fianza.

Si estuviera muerto o medio muerto, también ya lo sabría. Los hospitales son muy eficientes en eso de informar a los familiares y Yaten estaba durmiendo a pata suelta.

De modo que eso me reduce el problema a dos opciones: O está en casa de Zafiro, aun, ebrio como una cuba... o pasó la noche en algún otro sitio.

En algún otro sitio solo, me cuesta creerlo. ¿Con qué objeto no dormiría en su cama?

Entonces, con alguien más.

Alguien del sexo opuesto.

Como en... ¿un motel?

No, eso no.

La sangre me hierve, pero me contengo. Me voy a volver loca si sigo maquinando, así que me dispongo a actuar.

ROOMIESDonde viven las historias. Descúbrelo ahora