(POV Seiya)
42. Tiempo
(Parte I)
Catorce días.
Llevo catorce días sin ver ni hablar con Serena, y no creí que duraría ni uno. Parecen cuatrocientos. Por desgracia, cada uno que pasa es peor que el anterior.
Cuando se fue, aún estaba temblando de cólera. Una parte de mí creía que volvería esa misma noche. No podía creer que me había rechazado así, y terminé por explotar. No quise armar tanto teatro, ni siquiera lo pensé. Fue un impulso. Un impulso imbécil y desafortunado, pero no tanto como el que me llevó hasta aquí, hasta el infierno en el que ardo en mi propia casa.
Esperé y esperé. Esperé como un perro patético y fiel espera a que vuelva su amo al final de una jornada de trabajo. Conforme pasaron las horas, mi recelo empezó a menguar y empecé a entrar en pánico. Un pánico que terminó por arrasarme entero. La parte ilusoria que creía que ella volvería, aunque fuera para molerme a palos y gritos, desapareció. Esta vez había llegado demasiado lejos, había agotado su paciencia y lo sabía. Si Serena tuviera la intención de obligarme a que me arrastrara otra vez a sus pies —literalmente—, ya me habría llamado. Me había quitado incluso esa posibilidad, así que no la esperaría más. Había hecho todo cuanto estuvo en mis manos para convencerla, hacerla recapacitar de irse así nada más, no tenía sentido. ¿Para qué, si siempre terminábamos volviendo? Así éramos nosotros, aunque le costara admitirlo. Da igual lo que yo haga, me ama, y no puede estar sin mí. Aunque la haya cagado, podía librarme, como siempre...
Subestimar a Bombón fue mi primer error, y allí comenzó mi calvario. Creer que ella no podía hacer ambas cosas. No lo vi venir. Por un lado, era capaz de amarme más que a nadie, a pesar de mis múltiples defectos de mierda, y a la vez, ser lo suficientemente valiente y digna como para dejarme, a pesar del sufrimiento que eso le ocasionaría. Lo vi en sus ojos, la había herido demasiado y había dejado de confiar en mí.
La había perdido a ella, lo único bueno que me había pasado, probablemente para siempre.
Así que, hecho un energúmeno y consternado como estaba por el shock que aquello representaba, me bebí toda la cerveza que había en la nevera, y el tequila de la despensa. No me supo ni a melón, ni destrozar la botella contra el piso me alivió la rabia tampoco, así que salí a hacer lo que se me da tan bien y no hacía desde hace años: buscarme más problemas para empeorarlo todo.
El primer día falté al trabajo y me largué al otro lado de la ciudad, el lado pesado que evitas para que no te roben el auto. Allí no había recuerdos agradables que traer al presente. Sólo bares de mala muerte y fábricas de baja categoría. Yo iba en taxi, y además no me importaba que me asaltaran o algo así. Al contrario, deseaba endiabladamente que se metieran conmigo, aunque fuera un poquito, y terminar desquitando la ira del despecho que se acumulaba a cada minuto que pasaba en mi sangre, que clamaba derramarse.
Me aposenté en un pub escondido a beber, una copa tras otra. Una pelinegra mayor que yo y con los ojos del mismo color que Serena, quiso entablar conversación atrevida. Le sonreí y la dejé parlotear sobre sí misma un rato, dándole a entender que me interesaba, aunque no fuera así. Su mano estaba en mi rodilla, pero la mía no se movió del vaso que sostenía. Yo no podía dejar de ver sus ojos azul claro, y cuanto más los miraba, me daba cuenta de lo distintos que eran a los de mi ex. Los de esta chica estaban opacos, carentes de alegría y pasión. Los ojos de Serena son únicos, brillantes. No son celestes, pero tampoco índigos. Son de un tono medio tan especial e inocente...
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ROOMIES
FanfictionLo peor que podría pasarle a Serena Tsukino además de tener mala suerte en el amor, perder a su única amiga y estar en la bancarrota absoluta es tener que compartir piso con Seiya Kou, a quien detesta profundamente... o eso creía ella.(Universo Alte...
