41. Dolor

253 22 50
                                        


(POV Serena)

41. 

Dolor

.

Es curioso ¿no creen? Muy curioso como todo tu mundo puede cambiar en cuestión de horas, incluso de minutos o segundos. Le ha pasado casi a todos. Un accidente. Una mala decisión. Mala suerte. Una mentira. O, mejor dicho, una verdad enmascarada.

Sí. Es curioso e irónico como todo lo que creías que funcionaba correctamente en tu universo en realidad no es más que una farsa. Una pantomima. Es curioso cómo, sobre todo, una persona puede amar tanto a alguien, y seguirle amando con cada fibra, poro y célula del cuerpo... a pesar de que acaba de confesarte una tremenda traición. Es curioso como el corazón se aferra a la esperanza, por protección o por estupidez, de que esto no es tan atroz como parece. Que sólo es una tergiversación.

Pero no lo era. Nunca lo fue.

La voz alarmada Seiya sigue llegándome a los oídos, desviviéndose en quién sabe qué clase de explicación o discurso. Le oigo, ajá, pero no le escucho. Yo sólo estoy sentada aquí, con el rostro bañado en lágrimas, la mirada perdida en la pared y siendo un peso muerto en el sofá en el que tantas veces compartimos momentos tristes, tensos y felices, deseando con todas mis fuerzas (las que me quedan) que todo esto no esté ocurriendo.

—Bombón, por favor... di algo. Sé que estás muy enojada, pero...

La mención de aquel apodo cariñoso desgarra aún más la herida en mi pecho. Lo hace con tanta ferocidad que me entierro las uñas en las palmas de las manos y se me escapa otro sollozo desesperado. Él eligió ese apelativo para fastidiarme tantas veces, sólo por la forma de mi peinado. Meses después, cuando estábamos —o más bien, cuando yo me enamoré de él—, me aseguró que se debía a que yo era la chica más empalagosa y aniñada que había conocido. Era dulce e infantil, como un malvavisco rosa y azucarado. Su Bombón.

Me encojo, tratando de aguantar la nueva brecha que abre los ingenuos recuerdos que me fascinaban.

«Enojada» dijo. Que yo estaba muy enojada con él.

¿¡Cómo se atreve?!

En un arranque insólito de teatralidad, me limpio la cara con el dorso de la mano, tomo una enorme bocanada de aire y al fin le miro a los ojos, poniéndome de pie, quitando sus manos de mis rodillas. Él se queda en la alfombra, tirado y estupefacto de mi reacción, o quizá por la manera en la que le estoy mirando. Parece horrorizado.

Se me extiende una sonrisa amarga.

—¿Enojada? No. No estoy enojada. No soy tu madre para enojarme contigo después de que mancharas de helado la alfombra. No estoy enojada. No. Estoy decepcionada. Asqueada. Y lo que es peor: no estoy sorprendida en absoluto. Sabría que harías esto. ¡Lo sabía! ¡Todo el mundo me lo advirtió! —exploto, chillando como un animal herido que se retuerce en una trampa.

—¿Todo el mundo quién? —pregunta punzante, recobrándose.

Minako. Rubeus. Kakyuu. Hasta Diamante. Todos de maneras distintas, y por razones diferentes, pero dejaban bien en claro que debía dormir con un ojo abierto.

—¡Qué importa, el punto es que tenían razón! —grito agitando los brazos, totalmente histérica.

Seiya sacude la cabeza, alborotando sus cabellos negros.

—No. Si piensas que cualquiera sabe más que yo, sobre lo que siento por ti, ese es el primer error —se defiende con severidad, subiendo sus revoluciones.

ROOMIESDonde viven las historias. Descúbrelo ahora