Capitulo 42 - Almas

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~♰~

Tania entró apresurada al departamento de Alexander. Como de costumbre, no se molestó en tocar la puerta; simplemente usó sus llaves.

—¿Me llamaste? —preguntó mientras cerraba tras de sí.

Alexander estaba sentado en el comedor, en pijama, revisando unos papeles. Levantó la mirada con gesto cansado.

—Sí. Creo que ya no me iré.

Tania frunció el ceño, avanzando un par de pasos.

—¿Por qué?

—Esta mañana, Azrael me dijo que no va a quedarse con Ketzaly.

—¿Y le creíste? —Tania apartó una silla y se sentó frente a él, decepcionada.

—No veo por qué mentiría sobre eso —Alexander tomó un sorbo de café, como si no tuviera prisa—. Además, también me dijo que Ketzaly ya le confesó que lo ama.

—¿Y eso no lo hace peor?

—Al parecer no. De todas maneras, él está decidido a dejar a Ketzaly, así que... entro yo en escena otra vez. No tengo por qué estresarme intentando arrebatársela. La dejará por su cuenta.

Tania golpeó la mesa con la palma, alterada.

—¿Te das cuenta hasta dónde estás llegando, Alexander? Ya habías aceptado que entre tú y Ketzaly no había futuro. ¿Y ahora sales con esto?

—¿Te molesta? —Alexander la miró fijamente, sin expresión alguna.

—No es que me moleste, es que no lo entiendes... Te estás aferrando a una esperanza que es casi imposible. Ketzaly ya le dijo que lo ama. ¿Sabes lo difícil que será borrar la huella de alguien más?

Alexander soltó una carcajada amarga.

—¿Difícil? ¿De qué hablas? es borrar la huella del hombre que la ha estado lastimando todo este tiempo.

—¿Lastimando? —Tania lo miró, incrédula—. ¿Desde cuándo te enamoras de alguien que te hace daño? Eso quiere decir que realmente no lo ama, ¿no lo ves? Quizás solo es una idea que tiene Ketzaly, una relación tóxica. Quizás asocia a Azrael con su padre, está acostumbrada a que la traten mal.

Alexander volvió su mirada a los papeles esparcidos por la mesa, como si no quisiera escuchar.

—Por eso, cuando Azrael me la entregue, me la llevaré lejos. Donde nadie nos encuentre. Y la sanaré.

Tania soltó una risa sarcástica.

—No sabía que eras médico, Alexander —dijo, cruzándose de brazos.

Alexander bajó las hojas que sostenía, claramente irritado.

—No lo soy —replicó seco.

—Pues eso parece, con eso de que la vas a "sanar" —remarcó la palabra con ironía—. Y te aviso algo: no puedes sanar lo que ya está hecho pedazos.

Alexander frunció el ceño, no por desacuerdo, sino por el nudo que se le empezó a formar en el pecho.

—Estoy seguro de que Azrael la va a dejar destrozada.

Tania suspiró con cansancio, como si hablara con alguien que no quería ver lo evidente.

—Alexander... Ketzaly ya está destrozada.

Eso lo hizo callar.

—¿Tú crees que lo de Azrael es lo que la va a romper? —continuó Tania—. No. Ella ya venía rota desde antes. La casaron con su agresor, con el tipo que la violó. Viene de una familia que la trata como un mueble heredable. ¿Tú crees que lo que siente por Azrael es amor? No. Lo confunde con amor porque es lo único que ha aprendido: a sobrevivir bajo control, a obedecer a quien la lastima.

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