La vida de Ketzaly da un giro aterrador cuando es obligada a casarse con Azrael, su agresor, para evitar la deshonra de su familia católica. La imposición de sus padres marca el inicio de una relación turbulenta, donde el odio inicial lentamente se...
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Cristiam y Azrael estaban sentados mientras la música aún retumbaba en aquel salón ostentoso. Las luces ya estaban encendidas y la mayoría de los invitados comenzaba a recoger sus cosas para irse. Había sido una noche divertida. Ketzaly había venido solo a disfrutar con Jeaqueline y Alma, mientras Cristiam la observaba de reojo. Varios hombres se le acercaron a Alma, invitándola a bailar o a tomar algo, pero ella los rechazó a todos con una sonrisa demasiado amable. Cristiam no entendía; entonces, ¿para qué diablos habían ido? Al menos Jeaqueline apuntó un par de números, Cristiam siempre estaba atento a cada detalle.
Incluso ahora, seguía mirando al hombre rubio que parecía ser el encargado del lugar, supervisando que todo estuviera en orden. Sin embargo, no era difícil notar cómo lanzaba miradas a Alma en cada oportunidad. Cristiam pensó que se acercaría a ella, pero no lo hizo. Solo le envió un par de tragos caros, según le había explicado Azrael. Eso lo confundió aún más. ¿Significaba que no era un tipo adinerado?
El coraje comenzó a acumularse. Quizás el hombre sentía que podría conquistar a una Flores, quien no tendría la misma posición que un Rubalcaba, por ejemplo, pero al menos pertenecía a la "burguesía". Cristiam sonrió irónicamente al pensar en esa palabra. Allí estaba de nuevo el tipo, mirando de lejos a Alma.
—¿Qué hubieras hecho si Alma hubiera salido hoy con pareja? —preguntó Azrael, al notar que Cristiam llevaba casi toda la canción mirándola.
—Supongo que hacer de chofer y llevarlos a su casa... o a un motel.
—¿No te habría dado ni un poquito de celos?
—Claro que no, ¿de qué hablas? —Cristiam se recostó en su silla—. Yo solo soy su seguridad.
—Y te la coges.
—Así es. No siento nada por ella, ni ella por mí.
—No te engañes —Azrael bebió de su copa de champaña—. Yo pasé por lo que tú estás pasando.
—¿Y qué crees que me está pasando? —Cristiam empezaba a molestarse.
—¿En serio quieres negarlo? Negarlo es peor.
Cristiam no pudo evitar admitir que Azrael tenía razón. Aunque quisiera discutir, sería estúpido.
—Solo es cariño.
—Ajá, solo es... estamos compartiendo cama —Azrael hizo una pausa—. ¿Sabes qué sigue después?
—Ya basta, Azrael. Además, tu caso es distinto, estás casado con Ketzaly, era obvio que te enamorarías de ella...