Capítulo 46

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~♰~

Desde el punto de vista de Azrael, estar ahí con Ketzaly era casi como tocar el cielo. La habitación estaba apenas iluminada por la luz de la luna llena, después de apagar las luces LED. Este momento era su recompensa, un regalo por haberse graduado de la universidad. Pensaba, divertido, que tal vez sería gracioso molestar a Ketzaly, diciéndole que ahora debía llamarlo "Licenciado". Justo estaba a punto de hacerlo cuando sintió su miembro hincharse, al borde de explotar.

Ketzaly se movía torpemente encima de él, sus ojos cerrados con fuerza mientras de su boca salían suaves gemidos. Sus manos se apoyaban firmemente sobre el pecho de Azrael. Aunque el ritmo no era rápido, los movimientos precisos de Ketzaly estimulaban cada rincón de sus cuerpos, llevándolos a un frenesí compartido.

Hace siete meses, si alguien le hubiera dicho que estarían así, Azrael jamás lo habría creído. Todavía podía notar la desconfianza en Ketzaly, su forma de temblar o mostrar dudas antes de cada encuentro íntimo. Sin embargo, una vez que estaban desnudos, Ketzaly parecía entregarse un poco más, y esta vez ella misma había decidido subir encima. Azrael quería creer que eso significaba que lo aceptaba un poco más.

Tomándola suavemente del rostro, Azrael la acercó para atraparla en un beso profundo, dejando que ambos descansaran en ese momento. Observó el rostro de Ketzaly, su respiración agitada, su piel perlada de sudor y el sonrojo que la hacía ver más hermosa aún. La sostuvo por las caderas, guiando sus movimientos mientras sus labios se encontraban una y otra vez, disfrutando también de sus lenguas.

Aun se sentía desmerecedor de su ternura, de su cuerpo, no sabía cuánto más podría soportar sin decirle sus sentimientos, y todavía le aterraba el miedo de volver a hacerle daño de alguna manera, verbal, física, incluso moral. No se perdonaría volver a lastimar a la persona que amaba, y las palabras se le atoraban en la garganta mientras su cadera comenzaba a moverse más fuerte, a un punto en el que sus bocas se comían por la lujuria que sentían, hasta que ninguno pudo más, acompasando incluso sus gemidos en el momento en el que llegaron al orgasmo.

Ketzaly cayó sobre su pecho, intentando recuperar el aliento. Una sensación extraña, casi asustadora, la recorría; sentía cómo Azrael seguía dentro de ella, llenándola con su semen, casi juraba que su pene la apretaba. Y aunque era extraño, no podía negar que le gustaba. ¿Estaba enferma por pensar eso? No sabía, pero tampoco se culpaba. Adoraba cada parte de él, sin que siquiera él mismo dueño lo supiera.

Abrió los ojos lentamente, sintiendo cómo su cuerpo subía y bajaba acompasado con el pecho de Azrael, como si sus respiraciones fueran una sola. La luna filtraba su luz suave, y en el silencio de la habitación, Ketzaly pudo escuchar el latido frenético del corazón de Azrael bajo su oído. Ese ritmo acelerado le recordaba que él estaba ahí, vivo, real... pero un pensamiento oscuro, como siempre intrusivo, se infiltró en su mente, arrebatándole la calma: ¿Cuándo sería el día en que ese corazón dejara de latir?

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