41. Juguemos a... sentirme inseguro

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Yibo bebía de su copa la cual apretaba más fuerte de lo necesario, aunque simulaba escuchar lo que su interlocutor decía, la verdad es que su mente y sus ojos estaban pegados a su prometido. Zhan había cruzado una línea que tenía a más de uno al borde de un colapso.

El doncel había llegado junto a sus padres hacía menos de 20 minutos, había entrado tan orgulloso, tan distinguido y tan... escotado. El atuendo del doncel hizo que casi se fuera de espaldas y tuvo que luchar contra el impulso de tomarlo justo ahí, en medio de aquellos socios y personajes importantes si no fuera porque en realidad estaba odiando todas las miradas que el hermoso doncel atraía hacía sí mismo y es que más sexy no podía verse.

Llevaba un atuendo muy coqueto y llamativo, un conjunto casual con una camiseta que dejaba ver demasiada piel junto con un saco holgado que le daba la libertad de movimiento. El atuendo era totalmente provocativo, perfecto para mantener los ojos de Yibo sobre él todo el tiempo, pero nada adecuado para una reunión de ese tipo, pues la camiseta amenazaba con mostrar alguno de los dos dulces pezones de chocolate si el pelinegro hacía algún movimiento en falso y eso lo tenía con la lujuria y la paciencia pendiendo de un hilo y no sólo a él.

Zhan no se había separado de sus padres y no tenía intención de hacerlo, pues a pesar de que preparó ese atuendo para provocar a su prometido, también estaba consciente que su último encuentro con Yibo había dejado las cosas complicadas entre ellos. Zhan se había negado a asistir en un principio, pero su padre no le dejo opción, pues aún estaba "castigado" y esta era parte de sus obligaciones como prometido del joven Wang, sin contar que Jackson llevaría a Cheng a la reunión y lo había notado muy triste y muy enojado, quería estar cerca por si algo se presentaba, así que decidió permanecer junto a sus padres, en un intento de evitar a Yibo y por el momento, hablaba con un par de socios que no paraban de mirar hacia su pronunciado escote, no era tan cómodo sentirse el objetivo de miradas tan lascivas, pero no debía dejar que la incomodidad fuera evidente frente al castaño, quería castigarlo por haberlo tratado tan mal, por haberse reunido con su exnovio y dejarlo a él plantado, por lo que se esforzaba en sonreír, consciente de que Yibo lo miraba con ojos oscuros.

Alguien más estaba pasando un muy mal momento. El joven doncel miraba con odio a la hermosa mujer que acompañaba a su ex en ese momento. La chica se colgaba del brazo de Haikuan y sonreía en todo momento. Una sonrisa dulce, eso no lo podía negar, y eso lo estaba matando, porque ZhuoCheng era todo lo contrario a lo que era la acompañante del mayor, ella era linda, delicada y agradable con todos. Al mirarla, todo mundo le sonreía y eso encajaba tan bien con la personalidad de Haikuan que Cheng comenzaba a sentirse tanto furioso, como envidioso.

Cheng miraba a la pareja y no podía evitar pensar que parecían perfectos, una pareja de revista, aquellas que retrataban a familias felices. Justo la mujer que tendría a los perfectos hijos de su Haikuan y sentía como las palabras del mayor cobraban más peso ahora, como si estuviera cumpliendo la promesa que le había hecho cuando lo dejó "para siempre" y eso lo estaba matando. Él no quería que Haikuan tuviera una novia perfecta, con hijos perfectos, perros perfectos y familia perfecta. Lo odiaba.

Muchas veces se había visto a sí mismo con Haikuan, con uno o dos niños con la energía de un torbellino disfrazados de algún personaje de Harry Potter, con un par de gatos y tal vez perros, pero sólo si no hacían daño a los gatos. Pero Haikuan con él, siempre tratando de aplacar su mal genio, siempre sonriéndole y amándolo con una paciencia infinita.

-A-Cheng, ¿estas bien?

Cheng miró extrañado al hombre a su lado. Era apuesto, claro que sí, pero no era Haikuan. Si bien Jackson lo trataba bien, sin contar que le debía la vida; también podía notar que la mirada de este no era tan dulce, ni tan paciente, ni pacifica... Haikuan le transmitía paz y Jackson, en el mejor de los casos, le transmitía deseo y pasión, pero nada más.

JUGUEMOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora