La visión enfadó enormemente a Kyle. No habían tenido suficiente con matar a la humana que había dentro de la chica, de destrozarla física y moralmente, de torturarla de esa manera, sino que además, la habían marcado a fuego, como si se tratara de un animal de cría, como si sólo fuera un trozo insignificante de carne con el que experimentar.
Lara lo observaba desde arriba con curiosidad y extrema atención y Kyle no pudo dejar de imaginarla como a un pequeño conejo, demasiado asustado para moverse siquiera, demasiado pequeño para poder hacerle frente a su cazador. Kyle quería comunicarse con ella, preguntarle por el origen de esa marca, prometerle que podía confiar en él, que no le haría daño, pero ni siquiera estaba seguro de que ella llegara a entenderle. Fue entonces cuando Lara alzó muy pausadamente su mano, un gesto apenas imperceptible, lento y enfermizo, débil, y con la yema de los dedos, acarició el antebrazo de Kyle. Era la primera vez que Lara respondía ante estímulos, era la primera vez que ella intentaba comunicarse con alguien. El rostro de Kyle se crispó en una mueca de asombro, ¿era una muestra de cariño?. Entonces, la rubia dirigió la mirada hacia Toni. No, no era una muestra de cariño, la chica estaba intentando decirle algo. No movía los labios, por lo que, o no podía hablar, por miedo o cansancio, o sabía del estado de sordera del chico. Eso ilusionó a Kyle, que la observaba con la sorpresa presente en su rostro: Lara se daba cuenta de las cosas, aún había esperanza.
Al ver que Kyle no la entendía, Lara volvió a insistirle, ahora con más fuerza. Lo que antes fue una ligera caricia, un gesto vago y frágil, ahora se había convertido en una señal constante, firme. En su interior, Kyle podía oír los engranajes de su cabeza girar sin descanso, había una conexión entre la marca que tenía Lara en el antebrazo y Toni. Kyle se levantó de golpe y se dirigió rápidamente hacia Toni. Con un gesto brusco, rodeó su muñeca con la mano, haciendo presión sin pretenderlo, y la hizo girar a la vez que levantaba la tela sucia de la manga de la camisa del doctor para poder dejar al descubierto otro sello, igual en tamaño y forma que el de Lara. Kyle inspiró profundamente, reprimiendo las ganas de retorcerle la muñeca hasta que, incluso él, pudiera oírlo gritar de dolor. Su mirada estaba fija en el pequeño tatuaje y su pecho subía y bajaba con brusquedad.
"Kyle. Relájate". Le susurró Kaya en su mente, pero Kyle no quería escucharla. Era culpa suya. Era Toni el culpable de todo aquello. "Seth no lo ha encerrado por algo, suéltalo". Le daba igual el cómo y el porqué, de daba igual lo que Kaya tuviera que decirle o escuchar, sólo quería que sintiera el mismo dolor que Lara había sentido, que pagara por todas las muertes que La Marca había causado. Toni estaba rígido, muy rígido. Su frente estaba perlada de sudor y olía a miedo. Eso hizo sonreír a Kyle. Él era el causante de ese miedo, le temía, era poderoso. Y entonces tuvo miedo. Una oleada de terror lo invadió por completo, petrificándolo.
La imagen de su padre fumándose un puro con pasiva tranquilidad, observando el cuerpo inerte de su madre después de su brutal paliza lo hizo reaccionar. Se estaba convirtiendo en él. No podía seguir permitiendo que la cólera siguiera instalándose en su interior con total tranquilidad.
Confundido, se apartó de Toni y soltó su muñeca.
- Kaya -. La voz seria pero tranquila del viejo tutor rompió el silencio que se había acomodado en la pequeña sala. - Acompaña a Digo a su habitación. Ha sido una semana dura y necesita descansar. Muchas gracias.
Habían pasado dos semanas desde el retorno de Lara. Dos semanas en las cuales se había implantado una nube de nerviosismo que atacaba a todo habitante de aquella pequeña base debida a la presencia de un traidor entre ellos. Por mucho que los altos cargos fingieran que estaba todo bajo control, entre la gente se había extendido un peligroso sentimiento. La desconfianza entre unos y otros estaba empezando a calar tanto en el corazón de los mestizos como el de los humanos. Las amistades más fuertes empezaban a cojear y el miedo cada vez se hacía más visible en los ojos de los dirigentes, y eso podía ser fatal.
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La Marca
Action¿Cómo te sentirías si al cumplir los 17 años te obligasen a cometer un asesinato? Cada noche, Lara, desde su ventana, oye disparos, gritos, miedo... Esta harta de esto, se siente fuera de lugar, no se quiere, planea quitarse la vida, pero, ¿qué es m...
