La impresión casi hace que se caiga del árbol. Volvió a fijarse en la chica, para asegurarse de que no la había confundido con su hermana, pero sabía que no iba errado. Kaya se volvió hacia el objetivo de Kyle, pero no lo miraba a él, sino a un soldado que se le estaba acercando peligrosamente. La chica reculó varios pasos, murmurando algo asustada. El hombre de hojalata levantó su arma para encararla, pero justo en ese instante, algo le golpeó en la cabeza haciendo que se tambaleara y dándole la oportunidad a Kaya de lanzarse hacia él con un placaje que lo tiró definitivamente al suelo. Kyle dirigió la atención hacia el origen del objeto y con gran satisfacción, vio a Kira con una cacerola en la mano, dispuesta a tirarsela a aquél que se acercara demasiado. La gemela parecía que podía caminar sin mucha dificultad, a pesar de haber permanecido en estado vegetal durante varias horas a causa de su gran caída. Ambas hermanas ataron al hombre por las muñecas y los pies y lo llevaron dentro del avión. El chico sonrió orgulloso y se recordó que, si salía de esta vivo, felicitaria a las chicas por su trabajo. En esta batalla se iba a derramar la sangre justa, ni más, ni menos. Luca no era un sicario. Sabía que el joven buscaba desesperadamente diferenciarse del enemigo, tener corazón, acercarse más a su mitad humana que a su mitad palea, pero también sabía que estaban en guerra y en toda guerra, hay trapos sucios. La imagen de Luca retorciendo la daga en la clavícula del joven príncipe apareció en su mente fugaz. Parpadeó para intentar, en vano, borrarla de sus pupilas, pues parecía habersele grabado a fuego. Había visto las dos facetas más opuestas del joven líder, y no sabía cuál de las dos le daba más miedo. La misericordia a veces podía jugar en contra de uno si se llevaba a un extremo, debía hacerse un nombre entre sus enemigos.
Un tiro poco acertado lo devolvió al campo de juego. Habían descubierto su paradero y estaban intentando acertar en el blanco. Kyle se agachó justo a tiempo para oír silbar una segunda bala justo donde antes tenía su puntiaguda nariz. Con el pulso acelerado y las manos sudorosas, se dispuso a empuñar la culata de su ignus, temiendo que se le resbalara de las manos. Rápidamente apuntó hacia el origen de la ofensiva y dio de lleno en el corazón de un soldado gris. Su primera víctima mortal. La parte humana de Kyle luchaba por someter a la otra mitad, pedía un respiro, pensar en el caído, pensar en su pasado, su presente y su futuro arrebatado cruelmente. La otra mitad, sin embargo, centraba su atención en el siguiente blanco, desesperada por sobrevivir un segundo más, un minuto más. Aunque muchas veces se avergonzaba de su naturaleza, medio humana medio palea, en ese momento se alegraba de tener diferentes instintos pertenecientes a ambas especies. Los instintos humanos lo mantenían al margen de cometer cualquier acto suicida y los valores paleas, inculcados genéticamente desde los inicios de la especie, lo distraían de la cruda realidad en la que se estaba convirtiendo aquella masacre.
Una bala le quemó la manga reforzada de la chaquetilla militar, justo encima del codo. No le había dado de milagro. El susto casi le cuesta una caída de cinco metros. Kyle se aferró rápidamente a la corteza del gran árbol y tanteó la idea de cambiar su posición. Ahora que había sido descubierto estaba demasiado expuesto. Disponía de unos cinco segundos para poder trepar hasta las ramas que coronaban la copa del árbol. Desde ese punto, la misma copa le protegería de los ojos ajenos, a los que desde el suelo, les sería imposible determinar con exactitud su posición.
Se fijó la correa de su ignus a la espalda y se dejó caer hasta una rama más baja. Se tambaleó ligeramente al caer sobre los pies, pero rápidamente se agarró al tronco del gran árbol. Desde allí se colgó de la rama en la que antes se había apostado y se balanceó hasta conseguir pasar las piernas por una rama paralela. Ahora estaba colgado por las piernas, perpendicular al suelo. La culata de su arma le golpeó ligeramente la cabeza y el rostro de Kyle se contrajo en una mueca de dolor. Con el mundo al revés desde su perspectiva, se impulsó con el torso para poder incorporarse y, una vez sentado, se abrazó a la parte trasera del tronco. La enorme corteza del viejo pino le aseguraba una buena coraza con la que protegerse de las constantes ofensas que había empezado a sufrir. Se atrevió a sacar ligeramente la cabeza, para otear su posición. Una bala le pasó zumbando por encima de su flequillo. ¿Cómo podían detectarlo con tanta exactitud desde esa posición? Los ojos, advirtió Kyle. Sus ojos no eran ni de lejos como los de los humanos, eran grises, gélidos, con un brillo de una inteligencia muy por encima de cualquier mente corriente. Era comprensible que pudieran tener algún que otro perfeccionamiento, a fin de cuentas, esa especie era mucho más antigua que la del ser humano, por lo que había evolucionado mucho más. Se escondió otra vez detrás del árbol y rezó para que no se les ocurriera la idea de talarlo. Siempre que imaginaba su muerte, la imaginaba como algo heroico. Cayendo en una batalla, salvando a un amigo quizá. A veces, incluso, se imaginaba muriendo de viejo, habiendo visto crecer a sus hijos y a sus nietos. Ahora todo eso se le antojaba lejano e imposible. Iba a morir en un árbol. Escondiéndose cuál cobarde. Sordo. Joven. Pero en un árbol.
ESTÁS LEYENDO
La Marca
Azione¿Cómo te sentirías si al cumplir los 17 años te obligasen a cometer un asesinato? Cada noche, Lara, desde su ventana, oye disparos, gritos, miedo... Esta harta de esto, se siente fuera de lugar, no se quiere, planea quitarse la vida, pero, ¿qué es m...
