Capítulo 21

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Lara cerró los ojos antes de que la luz cegadora la envolviera por completo. Sus ojos, acostumbrados durante horas a la total oscuridad, se fueron abriendo a medida que salían corriendo del túnel hacia… la nada. Delante de ella se abría una plaza totalmente destruida. Alzó la mirada hacia el cielo, entornando los ojos. Un cielo teñido de tonos grisáceos, gráciles avionetas sobrevolaban las nubes, danzando al son de las sirenas, lanzando mortíferos misiles. Observó las ventanas rotas, las farolas caídas, el pavimento quebrado por las múltiples explosiones. Entre los edificios distinguió una catedral a lo lejos, o lo que quedaba de ella. Pero poco le duró la tregua, el miedo volvió a llenarla de pura adrenalina, ahora mismo eran un blanco fácil, no tenían la protección que les ofrecía el túnel pavimentado. Miró a Kyle esperando una respuesta, pero este se había quedado petrificado, con la vista clavada en el oscuro cielo. Lara se dió cuenta de que tenía que hacer algo. Observó su entorno y localizó una callejuela estrecha y oscura a unos veinte metros. Podría conseguirlo si se movían con rapidez.

Tomó la mano de Kyle y tiró de él, sacándole de su aturdimiento, hacia la pequeña calleja. Pero aún no se paró. Soltó la mano de Kyle, entendiendo que este le seguiría, y corrió por el rudo pavimento buscando una entrada a cualquier edificio. Dió con una pequeña ventana de cristales resquebrajados a unos dos metros del suelo y se paró frente a ella, estudiando la forma de poder llegar a ella. Kyle se acercó a ella, respirando con gran dificultad por la gran carrera.

- Va, sube -. Kyle se acercó a la pared, y se agachó juntando ambas manos para que ella pudiera subir con su ayuda.

- ¿Y tu? -. Preguntó Lara mientras posaba un pie sobre las manos en cuenca de Kyle.

- Después me ayudas a subir, venga, tira -. Kyle la impulsó hacia arriba y Lara se agarró como pudo al alféizar de la ventana y se impulsó para entrar por ella. Ni siquiera se dió cuenta de los múltiples cortes que tenía en el dorso de sus manos provocados por los cristales resquebrajados. Cayó sobre el duro suelo en un quejido y observó la habitación. Un sofá verde polvoriento y una chimenea centraban la atención del visitante. La tenue iluminación provenía de las dos únicas ventanas situadas en cada lado de la habitación. Lara se reincorporó y se observó las manos. Los cortes no eran profundos, pero los pequeños riachuelos rojos que emanaban de ellos, se abrían paso en un rastro rojo carmín entre las negras palmas de la chica. Dejó la mochila en un lado de la ventana y suspiró cansada.

- ¡Lara! ¿Estás bien? -. Le gritó Kyle desde la calle.

Lara se asomó por la ventana y asintió. Después fijó la vista en los pequeños cristales que aún se negaban a abandonar su soporte.

- Ahora te ayudo. Espera un segundo.

La chica se adentró en la habitación para dar con algún trapo con el que acabar de romper los cristales. Se acercó a la gran chimenea y encontró un paño viejo y manchado de hollín. Sonrió para sí y se acercó otra vez a la ventana.

- ¡Apártate! -. Le dijo a Kyle mientras se envolvía la mano con el paño.

Precipitó su puño contra los cristales y, estos, se rompieron al choque. El sonido de mil pedazos de vidrio resonaron, incluso, por encima del estruendo del exterior. O quizá fuera la mente de Lara, que intensificaban el efecto que deseaba, jugando así con la poca cordura que le quedaba.Los rizos de la rubia volvieron a aparecer por el alféizar y sacó medio cuerpo.

- Vale, ¡salta!

Kyle, que se había separado de la pared, cogió carrerilla y, con un ágil impulso, consiguió agarrarse a las manos de la chica. Clavó la punta de los zapatos en la vieja pared y le rezó a todos los dioses en los que el ser humano creía para que Lara no le soltara.

Lara tiró del chico con gran dificultad, hasta que consiguió meterlo en la oscura habitación. Kyle emitió un quejido al aterrizar sobre el suelo, pero la chica no le hizo caso y se derrumbó sobre la polvorienta superficie.

Ninguno de los dos dijo nada durante mucho tiempo, simplemente se recuperaban de las últimas horas en un silencio sepulcral.

- Kyle -. Murmuró Lara rompiendo el silencio.

El chico emitió una especie de sonido ronco, dándole a entender a Lara que seguía despierto.

- ¿Crees que mi hermano está muerto? -. Entonces se dió cuenta, al mismo tiempo que la pronunciaba en alto, que aquella pregunta había estado rondándole en su interior desde que la gran puerta de metal los separó por última vez. Y le daba miedo, le daba miedo que la respuesta pudiera ser afirmativa.

- Tu hermano es uno de los mejores rebeldes que he visto. O era. Él realmente confiaba en la causa, era inteligente y maduro para su corta edad. Todo lo que él ha vivido… lo que ha visto… No se lo desearía a nadie.

Era. Esa es la forma que se usa para referirse a alguien que ya no existe, que ya no está. Era. El verbo resonó en su cabeza, sin hacer caso a las últimas palabras del chico.

- Quiero volver a por él.

- Lara… Tu hermano no… arriesgó su vida para que te preocuparas por él y echaras la misión a perder. Además, no sabemos cómo está el hospital ahora, quién hay allí, ni si… Si sigue vivo.

Lara se dió la vuelta, dándole la espalda al chico, no quería llorar por la muerte de su hermano. No quería hacerlo porque en su interior aún albergaba una pequeña mota de esperanza. Luca ya había estado muerto una vez, y sobrevivió. Podía hacerlo una segunda vez, estaba segura de eso. No iba a llorar por alguien que aún podía vivir. Sin embargo, las lágrimas silenciosas rodaron por sus mejillas. Quizá por la presión de los últimos días, quizá por el cansancio, quizá porque echaba de menos a su familia.

- Yo he perdido a mi madre ¿sabes? Mi… padre la mató. La traicionó. Venía hacia el hospital, hacia un lugar seguro, hacia mi y ese hijo de perra la mató. De dos tiros -. La voz de Kyle temblaba, Lara no supo si era por el odio contenido hacia su padre o por la tristeza de recordarlo. - La última vez que la vi fue en la Ceremonia de Marcación. Ella me dijo que fuera feliz. Fue lo último que me dijo y fue la última vez que la vi.

- Yo… lo siento… -. Murmuró Lara sin saber qué más decir.

- Y pienso hacerlo, pienso ser feliz. Porque se lo debo ¿entiendes? Le debo eso como mínimo. Y si para conseguirlo me he de cargar a cada puto alien de este planeta, lo haré. ¿Queda claro? Y ni tu, ni nadie puede echar la misión a perder. Porque cuando toda esta mierda acabe, seré feliz. Por mi madre.

Y Lara lo entendió. Decidió no decir nada y permanecer en silencio, calmando las lentas lágrimas que aún descendían por sus mejillas.

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