《34》

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Disclaimer: ¡ES UN CAPÍTULO LARGO! 

Entonces disfrútenlo porque el próximo viene algo bien 🔥

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La rutina de Maite en Madrid recuperó su ritmo frenético: madrugones, reuniones editoriales y una carga de trabajo que, aunque la consolidaba como periodista, dejaba sus noches marcadas por la misma costumbre: mirar el reloj, calcular la diferencia horaria y esperar la voz de Richard.

Sin embargo, su paz se veía asediada por sus dos "detectives" personales, Gera y Manuela. Cada videollamada era un interrogatorio sobre el famoso papel del Airbnb.

—¡Decía esposa, Maite! —insistía Manuela. —Podría ser el borrador de un guion de cine —se defendía Maite, aunque por dentro, el miedo a la distancia y a la incertidumbre de sus carreras la paralizaba. —¿Richard Ríos escribiendo un guión? —Gera soltó una carcajada—. Apenas si le alcanza para los mensajes de texto. Ya estás ilusionada, acéptalo.

Maite no pudo negar la evidencia. Cada vez que recordaba aquel papel, una mezcla de mariposas y pánico le recorría el estómago. Pero mientras ella gestiona sus crisis existenciales en España, Richard estaba a punto de protagonizar el escándalo (y el momento más divertido) de la concentración de la Selección.

Eran las dos de la mañana cuando el celular de Maite vibró. Videollamada de Richard. Al contestar, no encontró al futbolista concentrado, sino a un Richard con los ojos brillantes, el cabello revuelto y una sonrisa que desafiaba la gravedad.

La pantalla se iluminó con la cara de Richard demasiado cerca del lente. Sus ojos estaban inyectados en sangre, pero brillaban con esa calidez que solo aparecía cuando estaba con ella. Al fondo, se escuchaba el caos de una habitación de hotel convertida en discoteca clandestina.

—Holaaaaa —dijo él, alargando la vocal con una lentitud que le hizo perder el equilibrio—. Mi amor... mi periodista favorita... la que habla con los micrófonos...

Maite, que estaba recostada en su cama en Madrid con una copa de vino, soltó una carcajada. —Richard, mírame. Estás completamente borracho. ¿Cuántos tragos te dieron esos animales?

—¿Tragos? ¿Qué tragos? —Richard hizo un gesto vago con la mano, casi tirando una botella que alguien tenía al fondo—. Aquí solo hay... hidratación. Jugo de... de felicidad.

Daniel Muñoz irrumpió en el plano, quitándole el celular de las manos por un segundo para enfocar el desastre que era la habitación. —¡Maite, por favor, sálveme! —gritó Daniel riendo—. Llevamos treinta minutos escuchándolo decir que usted es la mujer más inteligente de la historia del fútbol colombiano. ¡Nos tiene la cabeza frita!

𝙳𝚎𝚕 𝙴𝚜𝚝𝚊𝚍𝚒𝚘 𝚊𝚕 𝙲𝚒𝚎𝚕𝚘 || 𝚁𝚒𝚌𝚑𝚊𝚛𝚍 𝚁í𝚘𝚜Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora